
«Solera fue un alarde de buen gusto, el germen de los legendarios e inimitables Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán»
Hoy quiero hablarles de Solera, una formación compuesta por cuatro músicos nacidos para la gloria: Los hermanos Martín, José Antonio y Manuel, que venían de grabar algunos discos folk como el dúo José Y Manuel, el guitarrista de Los Pequeniques Rodrigo García, que ya había sido colaborador de los hermanos Martín en sus últimos discos, un pedazo de artista que en otro país sería toda una leyenda, y José María Guzmán que ya era un reputado músico de estudio, que llegaría a ser un excelente cantante, compositor y productor.
Sabiamente dirigidos por el productor Rafael Trabuccelli, una especie de Phil Spector artífice de gran cantidad de éxitos de la época de artistas como Karina, Miguel Ríos, Módulos, Pic Nic, inventor del “sonido Torrelaguna”, sonido que tomó su nombre de la calle madrileña donde estaban las oficinas de la discográfica Hispavox y que miraba abiertamente al pop y al folk de calidad que se hacía en la Costa Oeste norteamericana.
Duraron poco, por eso quiero recordar su trabajo injustamente relegado, un único álbum que es sin duda uno de los grandes discos de la historia de la música pop española, un disco que cincuenta años después, está tan fresco como en el momento de su lanzamiento en 1973. Supieron entrelazar el folk melódico con el pop psicodélico, dejando claro que de haber nacido al otro lado del charco, su suerte habría sido otra.
Una de esas formaciones que vive un injusto olvido, algunos todavía recordamos y escuchamos algunas gemas de su repertorio, que administramos con mimo como “Noche tras noche” “Calles del viejo París”, “Juan”, “Volverás” o “Linda Prima” mi favorita, ¿Quién en la adolescencia, no ha estado coladito por una de sus primas? Solera fue un alarde de buen gusto, el germen de los legendarios Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, que publicarían también uno de los mejores discos de la música popular en España. “Señora Azul”
