
«La vuelta al mundo en un dedal (Capítulo 12): El mundo, ya ves, cada día está para menos alegrías y el sectarismo se impone a la empatía»
(a)
El mundo, ya ves, cada día está para menos alegrías.
La ‘inteligencia del corazón’ lentamente se desvanece
. En todas partes, el sectarismo se impone a la empatía.
Y el desmoronamiento ético y moral crece… y crece!
(b)
Tiempo ha que ‘Dios murió’ en lo que de alma nos va quedando:
nos convencimos de que nos bastábamos para ‘alcanzar la plenitud’.
Pero la humanidad, en su fragilidad, siempre aguarda ‘algo más alto’:
¡La Justicia Última! Inalcanzable, Ella, para mujeres y hombres, en su mundana servitud.
(c)
El Hombre no es libre simplemente porque humano sea.
Imposible realizar su libertad en tierra hostil y cargado de grilletes:
atenazado, siente que en algún lugar ha de haber ‘otra tierra’
en la que de sus mortales ataduras al fin Alguien le libere.
(d)
No, buen Dios; Tú sabes que no es su condición humana
aquello que a hombres y mujeres tanto les pesa;
sino vivir su tiempo mundano resignados
a que el inefable sol de tu Misericordia
en su divina alma tal vez nunca amanezca.
(e)
Quienes creemos en ti, en cambio,
sólo CONTIGO nos sentimos TERMINADOS.
Sin ti, nuestra poquedad nos resultaría ominosa.
Y es así que La Divina Libertad a la que nos tienes destinados
no la intuimos, oh Dios, sino al amparo de tu Eterna Gloria.
(f)
Y, al cabo, no importa, Señor, lo que tu Gloria sea:
que ELLA SEA, buen Dios, es lo que importa.
Tu Gloria, sí; lo que nuestra alma eternamente anhela;
y lo anhela apasionadamente sin siquiera abrir la boca.
No soy, Señor, hombre de oraciones, salmos ni ritos;
(g)
pero cuando veo cómo en torno del Hombre todo se desmorona,
me abate el peso de Tu Ausencia e imploro Tu Presencia a gritos!
Y más o – como yo, Señor, ¡cientos de millones de personas!
Ya ves: ¡Nunca hubo en la tierra tantos creyentes!
Aunque presumamos de tenerte en perpetuo olvido.
(h)
Huérfano de ti, buen Dios, abandonado a su suerte,
el mundo que TE DISTE, a su más trágico porvenir se abandona.
Si en verdad decidiste ‘desistir’ de él por ‘siempre’,
oh Dios, la esperanza de otro ‘Dios’ pronto devuélvele:
(i)
nuestra frágil conciencia necesita un ‘divino cayado’,
abocada como se halla a tener que caminar tan sola:
jamás podremos saborear, tu Universo, de un bocado,
aunque la ciencia soberbia casi nuestra divinidad proponga
y nos prometa una ‘eternidad’ más allá de los cien años.

