
«Supongo que de las virtudes que adornan a Óscar Puente, para el alto puesto ministerial que ahora ostenta, no se cuenta la inteligencia»
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Supongo que las virtudes que adornan a Óscar Puente,
para el alto puesto ministerial que ahora ostenta,
son un montonazo, en opinión del Sr. presidente
y justo como una Movilidad Sostenible lo requiere;
aunque entre ellas -fácil se infiere- no se cuenta la inteligencia.
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Es de esperar, con todo, que, para esa Movilidad que le compete,
tampoco se requiera darle, en demasía, a las neuronas:
si el individuo soltar pedorretas y soeces exabruptos puede,
sin duda servirá bien a su ‘señorito’, a quien tantísimo adora.
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Reconozco que a mí me gusta atender a su discurso desmadejado
mientras le contemplo entre simiescos gestos desgañitarse:
no es ejemplar humano que pueda observar uno a cada rato,
y el puro interés antropológico que despierta en mí es imposible de evitarse:
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Justo como él, y en todos los sentidos, debió de ser algún precursor del ser humano;
aunque me resisto a creer que pudiera llegar a ser tan zafio y tan primario.
Un antropólogo amigo mío poco ha me comentaba, no sin cierta ironía,
que, más de un neanderthal y más de un cromañón,
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de sus toscos modales se avergonzaría;
y, a uno, muy difícil se le hacía
no tener que darle toda la razón.
Y es que, desgraciadamente, el ‘diagnóstico’
no parece en modo alguno aventurado.
Mejor no decírselo al ministro, sin embargo;
pues me temo que el tío aún se alegraría
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y, tan campante, correría a contárselo a su ‘amo’:
-¡Pedro, hermano: se interesa por mí… hasta la antropología!
(Me malicio, empero, que tras oírle lo de ‘hermano’,
se ganaría, de su ‘señorito’, un buen sopapo;
o, en su defecto, un magnífico capón.
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Pero quién sabe, Sres.: ¡admite tanto ‘análisis antropológico’, esta cuadrilla…!
Oh, sí, sí; llevan Uds. razón: mejor me callo;
que están que echan chispas con el embrollo que han armado
a cuenta de la jodida y desafortunada amnistía,
y todavía acabaré yo pagando el pato.


