
«Veo con gran preocupación que el presidente electo en Venezuela haya llegado a un país el mío, gobernado por un autócrata Sánchez»
Las elecciones del 28 de julio de 2024 en Venezuela con el monumental triunfo de la oposición y los graves hechos acontecidos tras la delictiva y obscena reacción del dictador Nicolás Maduro, han revivido un recurrente debate sobre la responsabilidad de España en su política internacional a favor de las libertades y la prosperidad de todos los países hermanos de ultramar. Este debate ha sido avivado ante el insólito papel del expresidente Rodríguez Zapatero alineándose con Nicolás Maduro.
Su permanente apoyo al régimen venezolano, su labor de colaboración con Nicolás Maduro pese a la evidencia del carácter autoritario, corrupto y criminal de su ejecutoria y su blanqueamiento servil de semejante tiranía es una vergüenza, una inmoralidad y un grave motivo de desdoro para nuestra patria.
Por desgracia para nuestro país, es de todos conocida la tibia y ambivalente reacción del presidente Sánchez, así como la de su Ministro de Asuntos Exteriores, JM Albares, que manifestando «respeto y aprecio» al papel de Zapatero, no se considera capacitado para calificar al actual Gobierno de Venezuela como una dictadura.
Todo esto agrava el severo desprestigio internacional que padecemos y alejan a nuestra nación del liderazgo que le corresponde por sólidas razones históricas de todos conocidas, aunque tramposamente silenciadas, cuando no deformadas, incluso por miembros del actual Gobierno de Sánchez.
Admiro profundamente a líder mundial que es María Corina Machado, la cual explicaba la imponente respuesta del pueblo venezolano, a pesar de la atroz persecución de Maduro antes y, sobre todo, después de los inesperados resultados electorales del 28 de julio.
Mientras con toda la razón del mundo, Machado se sorprendía de la tibieza de la comunidad internacional en conformarse con pedir al dictador las Actas de los Resultados Electorales (que evidentemente no tiene, porque de tenerlas, no las habría ocultado durante más de 40 días), mi admirada lideresa afirmaba: «Quisiera ver a España liderando en Europa el reconocimiento a Edmundo González como presidente electo» y reclamando que Europa «establezca posiciones y acciones muchos más concretas. Necesitamos a Europa con nosotros«.
Europa, olvidando sus raíces, incurre en una omisión inaceptable: la condena rotunda, sin matiz alguno, que merecen aquellos que atacan los derechos humanos fundamentales, propician la confusión de poderes, la negación de la democracia y el encarcelamiento o la eliminación física de sus opositores.
Afortunadamente, este viernes 6 de septiembre, 31 expresidentes de España e Hispanoamérica , entre los que se encuentran González, Aznar y Rajoy, han pedido a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional «la captura y detención de Maduro.
Es lógico que desde Venezuela se espere más de España.
El peculiar legado español en Hispanoamérica constituye un patrimonio de una riqueza incuestionable.
El castellano y su escritura, a la vez que se respetaron las lenguas indígenas.
La mayoría de los estudiosos de esta materia afirman rotundamente la ausencia de escritura fonética en América antes de 1492.
Además, España no sólo aportó el mestizaje, es decir su sangre y sus apellidos, sino el «Derecho de Indias» por el que la Reina Isabel de Castilla abolió la esclavitud siglos antes que el presidente Lincoln (1863). Nuestra maltratada patria construyó más de mil Hospitales, una treintena de Universidades y centenares de escuelas, transmitió los avances médicos europeos, las técnicas de navegación transoceánicas (la ballestina, la cartografía o la brújula), el hierro y la metalurgia, la arquitectura europea y árabe, la rueda como elemento de transporte y de trabajo, el ganado bovino, ovino y porcino, las armas de fuego (arcabuces y cañones), sin dejar de mencionar los caballos, la vid, el vino y el vinagre o el variado y recíproco intercambio culinario.
Pero sin duda, el legado más valioso de España fue una cultura cimentada en el humanismo cristiano: la concepción más sólida del ser humano, de la familia, del trabajo y de la sociedad.
De ella surgen unos vínculos indelebles, tan recios y valiosos que perduran a lo largo de los siglos y que resistirán las embestidas de los más aviesos enemigos de la libertad, que los tenemos acechando sin tregua, a saber: el comunismo a la antigua o nueva usanza; el islamismo radical y, más recientemente, el relativismo a ultranza que ha venido en llamarse «ideología o cultura woke«.
Para todos ellos el enemigo a batir es la Hispanidad: motivos tendrán.
Veo con alegría personal por Edmundo González Urrutia, su llegada a España de este gran hombre, que es el presidente electo de Venezuela.
Pero también lo veo con gran preocupación, porque ha llegado a un país el mío, gobernado por un autócrata Sánchez junto a gente que defiende al régimen de maduro de Venezuela, empezando por el ex presidente Zapatero.
No me fio de ellos, ni de su estrategia seguro que malvada acogiendo a Edmundo González Urrutia.
Tengo la misma sensación que el presidente de Vox Santiago Abascal, y es que la complicidad de este gobierno con Maduro como un acto humanitario, cuando, en mi opinión que comparto con la de Abascal, es que el acto responde a un plan perpetrado por José Luis Rodríguez Zapatero en connivencia con el gobierno de Nicolás Maduro para perpetuar el régimen criminal de Maduro.
«Su objetivo era desde el mismo día 28 evitar a toda costa el reconocimiento de Edmundo González Urrutia como presidente electo y cualquier sanción inmediata contra el régimen«, ha escrito refiriéndose a Sánchez, al ministro de Exteriores, José Manuel Albares, y al alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell.
Ello supone una vergüenza mundial que recae sobre España y la UE.
Comparto la misma opinión que tiene Abascal, y es que es impresionante el cinismo que pretende el gobierno de Sánchez al presentar su complicidad con Maduro como un acto humanitario hacia el presidente electo y legítimo que no reconoció y a cuyo exilio contribuye decisivamente.
Por eso me alegra por Edmundo que haya salido de Venezuela, antes de acabar encarcelado, pero tengo mis dudas si venir a España ha sido la decisión mas correcta.
Esperemos que me equivoque y la líder María Corina Machado, tenga razón y Venezuela en enero sea libre de Maduro, y Edmundo González Urrutia sea su presidente, pero por el momento no entiendo mucho lo que esta ocurriendo, y que España sea el destino del exilio de Edmundo no me convence en exceso.
Viva Venezuela libre.
