¡MUY BUENOS DÍAS!
Sé que muchos esperáis que llegue el jueves para ver el buen hacer de un lector o colaborador de esta revista digital; hoy, tengo el deleite de contar con Palmira G, una mujer reservada en su interior, haciendo que esa cualidad me resulte extraordinaria; tiene una elegancia palpable, cuando hablo con ella y leo sus letras.
La obra de pintura que os traemos nos traslada casi un siglo, siendo fresca, natural y hermosa, pudiendo casi, respirar esa naturaleza que desprende.
Emil Kal Rau. Desde (Alemania), 1858 – Múnich (Alemania), 1937. Pintor. Realismo. Artista reconocido por sus representaciones de la vida rural alemana.

«Visita al Alm» Por Palmira G.
Emil Kal Rau, nos presenta en esta imagen un mundo idílico compuesto por una panorámica con dos planos diferenciados; al fondo destaca un grupo de montañas, las cuales, con sus tonos fríos nos dan profundidad e indica lejanía; avanzando se nos sugiere otro muy diferente, más cálido, más rico, que cobra vida y adquiere movimiento con el ganado que pasta en la ladera y que le proporciona un toque bucólico.
Todo ello sirve para embellecer la obra, aunque los verdaderos protagonistas son la joven pareja de bávaros que charla amigablemente en la entrada de la cabaña.
El autor juega con la luz que incide especialmente en la joven y en otros elementos que le proporcionan a la escena naturalidad y además nos permiten conocer como era el interior del hogar.
Volviendo a los jóvenes y gracias al efecto lumínico, más intenso sobre el rostro femenino, se nos invita a detenernos y a observar sus rasgos, en los que destacan el candor y la dulzura con la que mira a su compañero de tertulia. Indudablemente, el `pintor ha elegido un momento muy especial para trasmitir felicidad, una época de buen tiempo, y unos jóvenes fuertes y sanos que disfrutan de su compañía.
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«Visita al Alm» Por Mila Soyyo
Tuve una visita, bendición por ello
pude ver tus ojos, la sonrisa luego
cómplices del día, hermoso fue aquello.
Allí en el granero sentada me quedo
en las piernas cruzadas, mis manos yo dejo
sonrío al mirarte, sonríes eterno
hablamos sin prisas, el tiempo detengo.
El campo se halla con hierbas creciendo
las vacas pastando, nos miran sin verlo
el sol atraviesa reflejos perfectos
las montañas libres suspiran de celos.
Un lugar donde yo quiero estar
no hay maldad, se percibe bondad
respirar y poder abarcar un sin fin de aromas
donde dos amigos se han de enamorar.
***
Mi agradecimiento a Palmira G, por esta aportación en la que tan delicadamente nos describe una zona de los Alpes de Alemania, una forma de vida idílica en esa naturaleza que nos muestra la pintura. Extiendo mi agradecimiento a Manuel Artero, ya que él hace posible que esto suceda.
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un maravilloso jueves. Recordar: La humildad del corazón es más hermosa que la ostentación.
MMB

