“No conseguirás conmover otros corazones, si del corazón nada te sale”
Johann Wolfgang Von Goethe (1749-1832)

«La Virgen Velada, la bella escultura de Strazza está considerada como una de las obras maestras de la historia de nuestro arte»
Visitar la Capilla de Sansevero en Nápoles es una experiencia que no deja indiferente a nadie al contemplar las bellas esculturas que en ella se encuentran. Situada junto al Palacio de Sangro, esta capilla en la Iglesia de la Piedad, conocida también como Pietatella fue propiedad de los príncipes de Sansevero y constituye el museo más sorprendente del mundo en cuanto a la exposición de figuras veladas, en las que la forma de tratar el elegante material del mármol y conseguir un efecto tan delicado asombra por su perfección y realismo.
La capilla comenzó a construirse a finales del siglo XVI y años más tarde se convertiría en el mausoleo de la familia Sangro. En el siglo XVIII uno de los príncipes de dicha estirpe, Raimondo di Sangro (1710-1771) quiso que este espacio se convirtiera en testimonio de la grandeza de su linaje, para lo que realizó personalmente un estudiado diseño iconográfico y con simbología masónica, ya que el propio Raimondo era masón, concretamente Gran Maestre. Diez figuras de las Virtudes en hornacinas, se intercalan con los mausoleos de miembros de la familia y representan las diferentes etapas del camino espiritual en el que el individuo a partir del conocimiento se va perfeccionando. En el suelo un laberinto simboliza la complejidad que existe hasta llegar a la sabiduría.

Artistas como Antonio Corradini (1788-1852), gran maestro de la escultura velada, Giuseppe Sanmartino (1720-1793) o el genovés Francesco Queirolo (1704-1762) entre otros, trabajaron en el proyecto consiguiendo un resultado extraordinario con esculturas en las que se aprecia un alto grado de perfección. Destacan entre todas la figuras de La Modestia, esculpida por Corradini, en la que se muestra el cuerpo femenino semidesnudo con un realismo impresionante o el Cristo yacente.
El Cristo velado que fue finalizado por Sanmartino tras la muerte de Corradini, está situado en el centro de la sala. La escultura yacente está cubierta por un delicado velo que lo cubre, que realza la expresión de sufrimiento de Jesús y que ha hecho de esta escultura una de las obras maestras del arte italiano. A los pies aparecen la corona de espinas, los clavos y las tenazas, símbolos de la Pasión y el Martirio.

La talla en mármol de estas figuras veladas en las que el tejido de gasa o seda muy fina se consigue gracias a una gran maestría, tiene su origen en lo que se conoce como la técnica de los paños mojados que ya se utilizó en la Antigüedad, como se aprecia en las figuras realizadas por Fidias para los frisos del Partenón de Atenas, actualmente en el British Museum de Londres o en la impresionante Victoria de Samotracia, expuesta en el Museo del Louvre en París, en las que se dejan ver los cuerpos a través de las transparencias produciendo un efecto casi etéreo combinando lo sutil y lo bello; la figura de La Modestia en la capilla Sansevero nos recuerda a ellas. Se conservan otras obras con esta técnica realizadas en otros materiales como bronce o terracota también de la Antigüedad clásica expuestas en diversos museos del mundo.

Durante la Edad Media los artistas quisieron en sus obras utilizar esta técnica pero los resultados en absoluto se pueden comparar, en primer lugar porque el mármol no era un material que se utilizara con frecuencia y además porque el Arte estaba sujeto a unas estrictas normas morales en las que no se podía mostrar el cuerpo desnudo de las figuras, de tal forma que los tejidos eran opacos y toscos y el resultado no era comparable con la belleza de las esculturas clásicas.
En el Renacimiento, la vuelta a la la Antigüedad grecorromana, la admiración por la belleza del cuerpo humano y la ausencia de pudor a la hora de esculpir figuras desnudas consiguieron devolver a la escultura esa impronta que la ha caracterizado como símbolo de nuestra cultura occidental. Miguel Ángel en La Piedad, ya utiliza una tela suave y ligera que cubre las partes pudendas de Jesús en brazos de su Madre.

En el siglo XVIII las figuras veladas despiertan gran interés en Italia y serán varios los artistas que en su afán de demostrar su destreza en el arte de esculpir trabajarán esta técnica, la capilla napolitana antes mencionada, es un claro ejemplo de ello. Innocenzo Spinazzi (1726-1798) influenciado por la obra de Corradini también llevó a cabo esta técnica en la escultura La Fe, ubicada en Santa María Maddalena dei Pazzi en Florencia.
En el siglo XIX, varios escultores se sintieron atraídos por esta técnica ya sea por la admiración al arte clásico, la influencia de la capilla napolitana o el deseo del artista de demostrar su valía empleando una técnica tan complicada que no podía abordarla cualquier escultor. Raffaele Monti (1818-1881) fue muy aclamado por su obra La Vestal velada, en la exposición del Palacio de Cristal, (The Crystal Palace) en Londres en 1851 como homenaje a la diosa romana, representándola de rodillas sosteniendo la llama de Vesta, como símbolo del fuego sagrado del Hogar.

Giovanni Battista Lombardi (1822-1880) reconocido exponente de la corriente neoclásica en Italia, nos dejó una bellísima obra con velo en el monumento funerario de la familia Dossi Rampinelli Spalenza en el cementerio monumental de Brescia, utilizó esta técnica en otras esculturas y en todas ellas demostró una delicadeza extraordinaria que se puede admirar en detalles como el nudo del velo.

Una de las obras más bellas de esta tipología de esculturas conocidas como “veladas” y la obra más representativa de su autor, Giovanni Strazza (1818-1875) es La Virgen velada, conservada en el Convento de las Hermanas de la Presentación de San Juan en Newfondland, en la isla de Terranova (Canadá).
Strazza representa en esta obra la imagen de María. Es un busto de 48 cm de altura, realizado en mármol de Carrara y cubierto con un delicado velo transparente. La escultura es de una gran simplicidad pero a su vez con una enorme fuerza emotiva que deja ver su rostro con los ojos cerrados y en actitud de recogimiento.
Es asombroso admirar los pliegues del velo que dejan apreciar el semblante dulce de la Virgen hasta el punto de apreciar las pestañas o los labios con una precisión admirable.

Resulta fascinante pensar cómo es posible conseguir tal maestría trabajando un material tan duro como el mármol con el inconveniente de no poder rectificar lo que se trabaja en el proceso, pues se realiza con la técnica de sustracción, eliminando material desde el exterior hacia el interior, por lo que tener la capacidad de alcanzar estos resultados es impresionante y digno de admiración.
El resultado es fascinante. La bella escultura de Strazza está considerada como una de las obras maestras de la historia de nuestro arte, una imagen sobrecogedora y realizada con una habilidad artística extraordinaria. La Virgen velada, una obra que conmueve, emoción y belleza.

