
«¿Hasta qué punto de degradación ha llegado este presidente, que no solo no admite su corrupción, sino que además nos dice que va a combatirla?»
Qué mejor título para definir la enésima felación grupal practicada al presidente Sánchez la semana pasada, que referirme también a los participantes en ella, a título lucrativo. Disculpen que estas líneas estén redactadas en estos términos, opino que la corrección no se hizo para desperdiciarla con estos marranos.
No esperábamos menos de los marranos que siguen engordando en la pocilga gubernamental, ni de la sumisión, interesada, hacia el corrupto que les ceba. Si alguien pensó que tal vez los últimos acontecimientos les haría reflexionar, han vuelto a equivocarse. Está en la naturaleza del marrano atiborrarse hasta reventar a costa de lo que sea necesario, mientras el corrupto les siga cebando a nuestra costa hasta que no le quede nada por entregar.
¿Hasta qué punto de degradación ha llegado este presidente, que no solo no admite su corrupción, sino que además nos dice que va a combatirla? El que vive chapoteando entre inmundicia golfos puteros y marranos se erige en la única solución. Es de esperar que su obsceno método seguirá siendo el de perseguir jueces decentes, despotricar contra la prensa libre, y seguir insultando a los españoles que no participan en sus grandes mamadas. Yo le diría que el vicio hace al indeseable, él, y que la indecencia y la indignidad de un presidente, él, empeora el calificativo que merece hasta hacerlo irreproducible.
Otra vez y van muchas, el antiguo Congreso de Diputados se convierte en un anexo más de la gran piara que dirige con mano férrea el corrupto presidente. Pocilga alfombrada donde gruñen, que no hablan, marranos venidos de otras marraneras no muy lejanas donde la única verdad que sobrevive, es su maldad.
Seamos claros, todo aquél que con su voto o apoyo circunstancial o de socio de gobierno, o aliado preferente, ha estado apoyando a este presidente, y sigue haciéndolo por interés personal o de partido, es tan corrupto o más que el propio presidente. Ser y parecer un marrano, solo está a la altura de aquellos que se sienten orgullosos de serlo.
Esta chusma gruñona ha estado mamando de la verga gubernamental durante toda su asquerosa y hedionda vida, lo natural para ellos es lo que han estado haciendo hasta ahora, mamar hasta quedarse saciados. La metáfora es tan exacta, que define mejor que cualquier ejemplo al infecto y corrupto presidente del gobierno de España.
El marrano no es menos ni más marrano que un cerdo, o un cochino o guarro, todos ellos gruñen de la misma forma, defecan en los mismos sitios, comen en las mismas pocilgas, se rebozan en los mismos charcos de purines, y retozan con las mismas marranas. Esta es su auténtica condición, la de marranos, de la que nunca podrán renegar.
Durante la sesión los vimos grandes y lustrosos, hediondos gorrinos rebozándose en sus propios excrementos, gruñendo desde el escaño entre sonoros eructos y grandes ventosidades, berreando sus guarras invectivas. Están cómodos cuando vomitan sus diatribas entre grandes gruñidos hacia los que no son como ellos.
Dicen hacerlo para que no gobierne la ultraderecha, como si de ellos, reputos marranos auténticos y genuinos cerdos, dependiera el resultado de las urnas. Estos cerdos se comieron la democracia desde el primer día en que el más grande de ellos, el apolíneo corrupto, les prometió lechugas tiernas, sabrosos nabos y lustrosos pepinos, la gran fiesta comenzaba.
Estos groseros marranos gruñen entre grandes chillidos, aludiendo sin cesar de su condición de democráticos marranos, como si su cerdez fuese eximente de su guarra condición de grandes cochinos. En la pocilga donde todo tiene un precio y el insulto hacia la oposición siempre es gratis, los marranos vieron cumplidos sus sueños más indecentes, aunque para ello de vez en cuando tuvieran que sacar brillo a la esquelética verga del gran felón.
Afirma el gran corrupto, excelentísimo amigo de los marranos, que luchará con todas sus fuerzas contra la corrupción, olvidando que él la encarna como nadie, que todo su entorno está tan corrompido como él, que su gobierno la ha amparado consentido permitido y participado en ella, que su partido es, fue, y será siempre un nido de corrupción.
Resulta chusco que el que sobrevivió y figuró, a título lucrativo, de los burdeles de su suegro, se erija ahora como el gran hombre que va a acabar con la prostitución, de la que sus más íntimos colaboradores han estado abusando hasta antes de ayer.
A quién vas a engañar con esa pétrea imagen de granito y pedernal, donde la corrupción, ha esculpido tu nombre, si después de tu ridícula aparición en la pocilga que regentas, tu patética imagen actuará como reclamo en miles de casas de lenocinio.
¿Has engañado a la “fasionaria compulsiva”?
¿Al marrano más rufián de todos los rufianes de la piara golpista?
¿Al jefe de los marranos asesinos?
¿Al grupo de cerdas que dejó tiradas a sus iguales?
¿A los pequeños cerditos que no gruñen si no que berrean para hacerse notar?
¿Al marrano que devora berberechos a cuenta de los españoles?
O acaso a la gran piara sincronizada, que día tras día cerdea en los medios que les dejan esparcir sus purines. La grandeza que persiguen los marranos la hallarán en el basurero de la historia, tercer burdel a la izquierda, justo enfrente de la sede de Ferraz.
¡Qué gran marranada! La celebrada en el antiguo templo de la democracia, hoy pastoreado por una sectaria que atenta y cercena a diario la libertad de los que no son como ellos.

