(II) Monarquía hispánica: La herencia de Carlos I, rey y emperador. Por Susana del Pino

La coronación de Carlos V

«Carlos I se retiró al Monasterio de Yuste hasta su muerte en 1558 dejando un legado inmenso, el primer imperio global donde no se ponía el sol»

Una vez establecidas las bases para la creación del Estado Moderno durante el reinado de los Reyes Católicos, será en el siguiente periodo, con el reinado de su nieto Carlos I, cuando se establece definitivamente en la península ibérica provocando importantes transformaciones en las formas de gobierno y el ejercicio del poder.

La muerte de Fernando el Católico (1452-1516) en 1516 dio paso a un periodo de transición decisivo en la historia de España, una etapa en la que no faltaron las intrigas, la presión política y el descontento popular ante la llegada de un nuevo heredero.

En 1502, Felipe de Habsburgo (1478-1506) y Juana “La Loca” (1479-1555), hija de los Reyes Católicos, llegaron a España desde Flandes para ser proclamados príncipes de Asturias. Tras la muerte de Isabel en 1506 y la pérdida de su primogénito Juan, fallecido a los veintiún años, su hija Juana, fue proclamada reina de Castilla como Juana I. El joven matrimonio vivió en un principio un amor apasionado que con el tiempo se fue deteriorando debido a las infidelidades de Felipe, lo que provocó unos celos enfermizos en su esposa. 

La ambición de Felipe y el apoyo de la nobleza castellana, en contra de Fernando, le hicieron autoproclamarse rey de Castilla, habiendo trasladado a Juana al Castillo de la Mota, alegando su incapacidad, sin embargo, su reinado tan solo duró unos meses, murió en 1506 víctima de tifus, aunque según algunas fuentes pudiera haber sido por envenenamiento. 

Su muerte temprana supuso un problema para la sucesión al trono, además de provocar en la nueva reina un empeoramiento de sus facultades mentales, protagonizando algunos de los episodios más perturbadores y desequilibrados que se pueda imaginar, uno de ellos magistralmente plasmado sobre el lienzo por el pintor Francisco Pradilla (1848-1921).

Doña Juana » La Loca». Francisco Pradilla y Ortiz. Museo del Prado.

La reina, completamente perturbada tras la muerte de su esposo y llevada por el expreso deseo de Felipe de ser enterrado en Granada, emprendió un viaje que resultó ser una pesadilla para el séquito que la acompañaba. Comenzó así un periplo por tierras castellanas realizando paradas constantes en iglesias, ermitas y palacios, sin dejar solo al féretro y obsesionada con que nadie pudiera acercarse a él. La situación llegó a ser insoportable ante el grave trastorno de Juana, el hedor ya inevitable que desprendía el cadáver y el cansancio extremo, que tan solo pudo acabar con el engaño a la reina sobre el itinerario a seguir, consiguiendo así finalizar el espantoso itinerario.

Fernando, buen conocedor de la debilidad mental de su hija, dejó un testamento cuidadosamente detallado en el que dejaba a su nieto Carlos como sucesor, en el caso de que Juana no estuviera capacitada para gobernar.

La reina doña Juana recluida en Tordesillas con su hija Catalina. Francisco de Pradilla y Ortiz. Museo Del Prado.

Fernando acudió a Castilla como regente tras la muerte de su yerno y dadas las circunstancias recluyó a su hija en Tordesillas; en realidad, no solo se trataba de los problemas de salud mental de la reina, existían también intereses políticos ya que mientras ella viviera, el trono no podía ser reclamado. Juana permaneció allí hasta su muerte en 1555, completamente perturbada, aislada del mundo y en unas condiciones de higiene deplorables ante su negativa a ser aseada y la obsesión, a pesar de los años, por el que fue su marido.

La incapacidad de la reina era evidente por lo que Fernando encargó la regencia al cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), arzobispo de Toledo y hombre de gran autoridad que, aunque con edad avanzada, supo gobernar con decisión y diligencia, temiendo la llegada desde Flandes de una corte extranjera, que preveía, podría ocasionar problemas de adaptación, como así ocurrió.

El cardenal envió una comitiva a Flandes para planificar la llegada del nieto de Isabel y Fernando, ya proclamado rey de Castilla y Aragón, junto a su madre con el nombre de Carlos I (1500-1558). 

El joven Carlos, nacido en Gante y educado en Flandes, contaba con diecisiete años cuando desembarcó en el puerto de Tazanes en 1517, un joven que desconocía la lengua y las costumbres españolas. 

Carlos no fue bien recibido en nuestro país, sus primeras decisiones causaron descontento; la imposición de un tributo a la nobleza, de la que hasta entonces había estado exenta, la alcabala, el diezmo sobre las rentas que obligó a pagar al clero, la exigencia de fondos para su proclamación como emperador y la repartición de cargos y prebendas a ciudadanos flamencos que lo acompañaban, fueron medidas acogidas con una clara hostilidad.

Estos factores provocaron que algunas ciudades castellanas se alzaran contra un rey, para ellos extranjero, en lo que se conoce como la Revuelta de las Comunidades (1520-1521); los comuneros, partidarios de la reina Juana, querían derrocar al rey. La revuelta fue sofocada en la Batalla de Villalar en 1521 y los líderes comuneros, Juan de PadillaJuan Bravo y Francisco Maldonado ejecutados.

En Valencia y la isla de Mallorca estallaron igualmente otros levantamientos sociales conocidos como las Germanías, provocado por los altos tributos a los que eran sometidas las clases populares; aunque obtuvieron algunas victorias en plazas como Elche o Alicante, fueron derrotados finalmente en Orihuela. En Mallorca los conflictos se prolongaron hasta 1623.

Carlos I coronado Rey de los Romanos en 1519. Grabado.

Su coronación como emperador fue un proceso que se realizó en dos fechas; en primer lugar, en 1519 fue coronado Rey de los Romanos en Aquisgrán, reconocido como emperador electo. En 1530, el papa Clemente VII (1478-1534) lo coronó como Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en una ceremonia en la que juró ser defensor de la fe católica y la Iglesia Romana y lo convirtió en el monarca más poderoso de Europa.

Durante su reinado se estableció definitivamente el Estado Moderno, una monarquía que unía bajo un mismo cetro la herencia centroeuropea de su padre y los reinos de su madre. Un patrimonio de distintos reinos, pero con distintos fueros, leyes y su propia organización política y administrativa.

Coronación de Carlos V por el papa Clemente VII. Palazzo Vecchio, Florencia.

La defensa de la unidad de la cristiandad, “Universitas Christiana”, bajo la autoridad política y religiosa del emperador y el papa, fue importante en el reinado de Carlos I que trajo como consecuencia el enfrentamiento con Francia y su incansable anhelo de hegemonía en Europa, con los príncipes alemanes protestantes y el Imperio Otomano y su expansión hacia el este.

La rivalidad mantenida entre Francia y España, acrecentada al no conseguir el monarca francés Francisco I (1494-1547) la corona imperial, a la que era candidato junto a Carlos I, supone uno de los episodios más significativos de este periodo, al representar ambos estados las fuerzas dominantes indiscutibles en Europa.

Los intereses de ambas naciones en diversos territorios como Borgoña o el Rosellón constituían una constante rivalidad, aunque fueron las guerras franco-españolas que se desencadenaron a partir de la invasión y conquista francesa de Milán, Parma y Piacenza, en Italia, que serían recuperadas un año más tarde por las tropas de Carlos I, las que se convirtieron en un gran problema en el reinado del monarca, que afectaría enormemente a la economía.

Francisco I ( 1494-1547), rey de Francia.

Ante una nueva invasión sobre la plaza de Pavía en Italia, defendida por los españoles, se desencadenó un nuevo y sangriento enfrentamiento que terminó con la derrota de las tropas francesas y el arresto del rey Francisco que fue hecho prisionero y trasladado a Madrid.  

En las negociaciones el monarca se comprometió a entregar Borgoña y a renunciar a cualquier derecho sobre Milán y Nápoles, sin embargo, tras el matrimonio dispuesto por Carlos I de su hermana Leonor de Austria (1498-1558) y el rey francés, tras su vuelta a Francia, se negó a respetar el acuerdo, alegando no tener obligación al haber sido privado de libertad.

Con el objetivo común entre Francisco I y el papa Clemente VII de expulsar a los españoles del territorio italiano, se creó la Liga Clementina, también conocida como Liga del Cognac, con la participación de Florencia, Venecia y Milán, lo que originó el segundo enfrentamiento bélico entre Francia y España.

En 1527 y en el marco de este enfrentamiento tuvo lugar el Saqueo de Roma, en el que las tropas imperiales entraron en la Ciudad Eterna y la asaltaron. Este hecho causó un gran impacto en Europa y cierta debilidad en la autoridad de los papas.

La Liga fue derrotada en Milán y la ciudad pasó a ser entregada a los españoles; la Paz de Cambrai en 1529, también llamada la Paz de las Damas, por haber sido negociada por la tía del rey español, Margarita de Austria (1480-1530) y la madre de Francisco I, Luisa de Saboya (1476-1531). Francia renunciaba a sus pretensiones en los Alpes, Génova, Milán y Nápoles y Carlos es coronado emperador en Bolonia.

El tercer enfrentamiento entre las dos grandes potencias europeas, fue nuevamente provocado por Francisco I y la invasión del Ducado de Saboya en 1535 que finalmente quedaría en su poder.

En 1541, la flota española sufrió un duro revés en Argel, hecho que aprovechó el rey francés para aliarse con el sultán turco Solimán y los reyes de Dinamarca y Suecia con la intención de conquistar los Países Bajos; sin embargo, los daneses rompieron su alianza, lo que favoreció a los españoles que recuperaron territorios de la actual Luxemburgo, acordándose a su vez la mutua devolución de los territorios ocupados.

Tras la muerte de Francisco I, su hijo Enrique II (1519-1559) continuó la guerra con España que se resolvería más tarde con la Tregua de Vaucelles en 1556.

Carlos V.

Coincidiendo con los dos últimos enfrentamientos bélicos entre Francia y España, Carlos I tuvo que combatir con otros dos graves problemas en los que nuevamente estaría involucrado el país vecino, la amenaza turca y la difusión del protestantismo.

Los príncipes alemanes apoyan cada vez más las ideas de Martín Lutero (1483-1546) y el emperador ante las dificultades financieras se ve incapaz de detener el avance contra la Iglesia Católica, que encuentra un gran aliado en el rey francés.

En cuanto a la amenaza turca, en 1535 Carlos I lanza una ofensiva contra el pirata Barbarroja en Túnez, asentado en La Goleta (Túnez) cayendo en manos del poder imperial, tras varias victorias consecutivas que proporcionaron un importante botín, en 1541 una nueva expedición contra Argel fracasa de manera rotunda.

Con la intención de llevar a cabo una política de conciliación en cuanto al enfrentamiento religioso, propone una cita a Lutero, pero éste no se retractó, por lo que para evitar una guerra religiosa se convocó la primera y la segunda Dieta de Spira (1526-1529), contra las que protestaron varios príncipes y ciudades alemanes, es entonces cuando se comenzó a llamar a los luteranos protestantes.

Carlos V en la Batalla de Mülhberg, Tiziano.

Sn embargo, Carlos I no dejó de buscar una solución pacífica en la Dieta de Ausburgo a lo que respondieron los protestantes con la Liga de SmalKalda, lo que supuso el origen de la guerra que finalmente terminó en 1547 con la derrota de los protestantes  en la batalla de Mühlberg, aunque la victoria imperial no fue en realidad de manera definitiva puesto que el emperador se vio obligado a realizar concesiones en 1555 quedando medio territorio de la futura Alemania en manos del protestantismo, rompiendo así, la unidad del Imperio.

Tras treinta y cinco años de gobierno Carlos I decidió abandonar el trono y abdicó confesando sus errores y pidiendo perdón por ellos. Legó a su hermano Fernando las posesiones de los Habsburgo y a su hijo Felipe, España, Italia, Países Bajos y América, donde se llevó a cabo una extraordinaria ampliación de territorios para el Imperio y la creación de virreinatos.

Carlos I se retiró al Monasterio de Yuste en Extremadura (España) donde pasaría los últimos años de su vida hasta su muerte en 1558 dejando un legado inmenso, el primer imperio global donde «no se ponía el sol».

Su hijo Felipe II (1527-1598) heredó y rigió el imperio más grande jamás conocido, no exento de problemas que se resolverían, eso sí, de manera costosa; periodo al que me aproximaré en el próximo artículo.

                                                                       

Málaga, 2025

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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