
«A lo largo de toda mi vida he sido un ser motorizado al máximo»
Apenas cumplidos los 18 años me hice con el carnet de conducir, un zarrapastroso seiscientos… y hasta ahora, he machacado una decena de vehículos. Un día me puse a calcular los kilómetros recorridos y perdí la cuenta al pasar del millón.
Soy de una generación que se ha desenvuelto sobre ruedas. Apenas podíamos nos hacíamos de un “vespino”, una motillo o un coche y, desde entonces, a todas partes motorizados. Nos convertimos en una especie de “cowboys” mecanizados que van en vehículo hasta para comprar el pan.
Sigo teniendo coche y carnet que me habilita para utilizarlo. Pero observo como, no sin razón, los coetáneos con los que convivo habitualmente, se han desecho de sus vehículos y se han convertido en peatones o usuarios de taxis y de medios públicos.
La buena noticia de hoy se basa en mi descubrimiento de los medios de comunicación colectivos. De la red de metro y, sobre todo, la eficacia y la comodidad de los autobuses municipales malacitanos.
He observado el exquisito comportamiento de los conductores, la limpieza de los vehículos, la extensa red de trayectos que me transportan a cualquier parte de la ciudad. Una auténtica delicia. Con el transporte público evito circular por una ciudad en la que todo son trabas para los vehículos particulares: zonas en las que no tienes acceso, el gasto en aparcamientos, que por cierto son insuficientes y, que a veces, te hacen caminar hasta tu destino más de la cuenta.
Los urbanitas tenemos que acostumbrarnos a usar nuestros vehículos solo para los desplazamientos largos y fuera del perímetro urbano. Entretanto, contar con un lugar donde estacionar nuestro vehículo. Si hacemos cuentas los coches propios nos salen más caros que si utilizamos los taxis o los medios de comunicación colectivos.
Así que ni automóviles eléctricos, ni híbridos ni nada. Los colectivos del ayuntamiento. Los de Málaga son excelentes. Los autobuses urbanos me transmiten una buena noticia.

