Carnaval de espíritus rotos, carne y nada, espíritu enfermo y de blasfemia como libertad de expresión

Se nos acaba un febrero ventoso e iracundo, bajito de días pero bravo de agenda, fiero como un Pablo Romero con morrillo. Y se acaba a semejanza del Estado que le parió a este lado de los Pirineos: carnavalillo y blasfemo

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Arderéis como en el 36 o viva la libertad de expresión y la falta de redaños

Vaya por delante que no soy una persona religiosa pero si una persona respetuosa con los sentimientos de los demás. Jamás se me ocurriría mofarme de los símbolos de una religión, sea esta más o menos importante, pero si me indigna que algunos dirigentes políticos traten al resto de ciudadanos como si fuésemos imbéciles incapaces de discernir por nuestra cuenta la realidad de la manipulación.

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