España, como la vieja perra ingrata que nunca trató muy bien a sus mejores hijos

Curro Garrote no era antipatriota, ni un separatista de ésos que maldicen a menudo contra la Patria común de todos los españoles. Era un soldado que había estado a punto de perder la vida en las trincheras de Flandes luchando por esa “vieja perra ingrata”. Y también por la verdadera religión, como se decía entonces, contra los rebeldes y herejes (como también se decía entonces) holandeses, seguidores de Calvino o de Lutero.

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