De ente todo lo que he visto y oído tras la anulación por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de la doctrina Parot, ha habido una afirmación que me causó desasosiego y perplejidad porque quedó en el aire sin réplica como si fuese una verdad absoluta. “Las víctimas no siempre tienen razón”, dijo desde España en una emisora colombiana un periodista de la Cadena SER hablando para la filial en Colombia del grupo Prisa, la W Radio.
Lo dijo, obviamente, refiriéndose a las víctimas de ETA pero la afirmación podría ser válida para los cientos de miles de víctimas en un país como Colombia en donde un conflicto larvado de casi medio siglo ha dejado muertos, viudas, huérfanos y padres que han tenido que enterrar a sus hijos en todos estos años.
No sé cuánta gente puede pensar como este colega en España pero no puedo estar de acuerdo. Entre esa afirmación y el “algo habrá hecho” hay poca diferencia. Me pregunto cuándo deja de tener razón un ser humano que recibe un tiro en la nuca o pasa años secuestrado en la selva. Razón para que querer vivir, razón para querer ser libre.
En el ejercicio de la profesión de periodista muchas veces las prisas, la información incompleta o manipulada nos puede crear la perplejidad culpable de no saber quién está en lo cierto, quién dice la verdad. Una fórmula sencilla, quizá no siempre justa, puede ser inclinarse a favor del más débil, pero en los casos en donde hay una muerte o una privación de libertad injustificada no puede haber dudas.
Dijo este colega, además, (aquí cito de memoria) que “lo bueno que tienen estos tribunales internacionales es que al estar apartados de las pasiones locales sus sentencias son más ecuánimes”. Por no recordar exactamente sus palabras no cito su nombre pero en esencia es eso lo que vino a decir.
Por lo que a esta parte de sus afirmaciones se refiere mencionó en Colombia la soga en casa del ahorcado. Aquí la Corte Internacional de Justicia de La Haya dictó una sentencia en un pleito territorial con Nicaragua que equivale a decir que Menorca es española pero sus aguas son francesas.
Y esto porque en Colombia, como en España, los políticos no hicieron a tiempo las reformas necesarias para que esas cosas no sucedieran.
Son los riesgos de la justicia globalizada cuyas consecuencias no miden los políticos que allí y aquí andan solo en sus cosas. Qué ya sabemos cuáles son.


