Si Kafka hubiese nacido en Colombia habría sido un escritor costumbrista. Y si hubiese vivido los últimos 15 días en este país, habría escrito una obra interesante por cuenta del papel firmado en La Habana entre Juan Manuel Santos y el líder de la guerrilla de las FARC, Timoleón Jiménez, alias Timochenko.
Digo papel porque nadie sabe exactamente qué es lo que se firmó allí con tanto bombo y platillo, y mucha gente empieza a preguntarse lo que manifesté perplejo en mi artículo anterior: por qué ese encuentro en un momento en el que quedan importantes escollos que salvar. Nadie niega el avance que supone el apretón de manos entre el presidente de Colombia y el líder de la guerrilla más antigua de América, pero de ahí en adelante todo es confusión.

