La jornada laboral no terminará a las 6. Horarios de España

Fátima Báñez, ministra de Empleo, quien en el Congreso de los Diputados ha anunciado que buscará un pacto para que, con carácter general, la jornada laboral termine a las seis de la tarde
Fátima Báñez, ministra de Empleo, ha anunciado en el Congreso de los Diputados que buscará un pacto para que, con carácter general, la jornada laboral termine a las seis de la tarde

La Ministra de la cosa ha propuesto que los horarios, industriales y de oficinas, terminen a las seis de la tarde y, como es costumbre en nuestro país, se han puesto todos a decir que en España esto es imposible. ¿Por qué? Ah, porque ¡¡¡aquí hay otras costumbres!!!

 
Veamos, ¿Por qué se supone que somos distintos de los otros cientos de millones de europeos que llevan años cerrando sus negocios y oficinas a las cinco o seis de la tarde sin -que se sepa- esto les haya producido ningún trauma irreversible?

 
En una gran ciudad, intentar trasladarse al domicilio en las dos horas de las que se suele disponer al mediodía implica una carrera contra reloj y, si se consigue, una comida a la carrera, totalmente desaconsejable desde el punto de vista de la salud. Amén de la necesaria infraestructura de transporte, público o privado, que conlleva. Caso distinto es el caso de los directivos que dedican tres y hasta cuatro horas a las “comidas de negocios” (con alcohol incluido), y se reincorporan a sus despachos a las cinco o a las seis, esperando que sus subordinados, que han cumplido ya su horario regular, se mantengan en sus puestos hasta que el retrasado (me refiero al horario, no se ofenda nadie…) considere que ya es hora de marcharse a casa.

 

¿Cuál es pues la dificultad real para que esto se implante en España? Ah sí, lo olvidaba, es que ¡“Spain is different”!

 
He vivido y trabajado varias temporadas fuera de España y me constan las dificultades que conllevan nuestros irracionales horarios. La falta de coincidencia con los horarios del resto de Europa implica dificultades añadidas a las relaciones económicas y profesionales. Cuando nosotros estamos listos para empezar a comunicar con el exterior, los demás llevan ya horas actuando y cuando los demás regresan a sus puestos de trabajo, después de una breve pausa de una hora como máximo, nosotros solo estamos empezando a comer.

 
En España hay ya empresas que cierran su jornada laboral a las cinco o a las seis –la mayoría multinacionales que han adecuado sus horarios a los del resto de la empresa en los demás países-. Sus empleados están encantados, sus clientes se adaptan y las familias disponen de tiempo para estar juntas, o separadas, pero por propia decisión y gusto.

 
Otra de las ventajas de unos horarios más racionales es que permite que los ciudadanos dispongan de tiempo para dedicarlo a algo más que permanecer en sus puestos de trabajo (obsérvese que no digo trabajando). Por ejemplo, en otros países de Europa uno no tiene que decidir si cena o va al teatro porque los horarios están pensados para que pueda hacer las dos cosas, en beneficio de ambas actividades. Intenten ustedes cenar antes de ir al teatro en nuestras ciudades, o después que para el caso es lo mismo. Hay que escoger y, puesto que comer es una necesidad imperativa, casi siempre quién sale perdiendo es la actividad cultural, sea cine, teatro, música o cualquier otra.

 
Hace poco circulaba por una de las calles comerciales de Madrid, eran poco más de las dos. Todas las tiendas estaban cerradas, abrían a las cinco de la tarde, una hora en la que la mayoría de empleados debía estar ya de vuelta en sus puestos de trabajo. El horario de las tiendas coincidía, totalmente, con el de la industria. Esas mismas tiendas se quejan después de que los ciudadanos acudan a los establecimientos que permanecen abiertos los fines de semana, momento en que las familias disponen de tiempo libre para hacer relajadamente sus compras. ¿No sería más inteligente facilitar el acceso a las compras durante todo el día, turnándose para la comida, evitando así que los compradores no tengan más remedio que realizar sus compras en fin de semana?

 
Uno de los negocios que más tempranamente entendió que debía facilitar a su clientela el acceso en el tiempo libre del que ésta disponía fueron las peluquerías que implantaron, creo que sin ninguna excepción, el horario continuado. Las clientas pueden decidir si dedican su tiempo libre de mediodía a una comida más relajada o a su cuidado personal. Y ambos salen ganando.

 
¿Y cuál es la objeción de los sindicatos? Algo tan sustancial como que es con ellos con los que hay que negociarlo. ¿Seguro? ¿No será con los empresarios, grandes o pequeños, que son los que saben si su negocio puede adaptarse, si mejorará o empeorará con este cambio?

 
Recuerdo cuando en mi infancia el gobierno de la dictadura ordenó el cierre de todos los negocios a las ocho de la tarde. Todavía me parece ver a los comerciantes de brazos cruzados en la calle para mostrar su enfado y la, según ellos, irracionalidad de la medida. ¿Qué habrían dicho de Gran Bretaña, donde los comercios cierran a las seis para que los ciudadanos pueden empezar a cenar a las siete? Eso sí, como es un país racional y lógicamente no todos los trabajos pueden tener el mismo horario, los comercios abren hasta más tarde por barrios, de manera rotatoria. ¡Y el país funciona! Funcionan los teatros, los cines, los restaurantes, los conciertos y la gente dispone de tiempo para su familia, sus hobbys, pasear y hasta para aburrirse si así les apetece.

 
Y no hablemos de las constantes advertencias del sector médico sobre lo perjudicial de nuestros horarios que nos obligan a cenar tardísimo y acostarnos con la cena sin digerir.

 
¿Cuál es pues la dificultad real para que esto se implante en España? Ah sí, lo olvidaba, es que ¡“Spain is different”!

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Ana Castells

Ana Castells

Soy Licenciada en Derecho y periodista de profesión. He sido Jefe de Prensa del Ministerio de Cultura y del Tribunal Constitucional. Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la compañía RENFE. Editora y Presentadora de diversos informativos de TVE y corresponsal de RNE en Francia. Profesora en diversos Masters de Liderazgo y Comunicación.

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