De la insoportable levedad de nuestros políticos y el Tribunal Constitucional: Por Anna Castells

El diputado de Unidas Podemos Antón Gómez-Reino dice en el Congreso que han pactado con PSOE y PP para controlar el Tribunal Constitucional y que los recursos de Vox no prosperen.
 

“En aras de la consabida hipocresía progresista se están demonizando algunos nombramientos de la actual renovación del Tribunal Constitucional”

 
Vaya por delante una información: yo pasé casi cuatro años trabajando en el Tribunal Constitucional o sea que mi opinión no está basada ni en lo que leo en prensa ni en lo que dicen los políticos.
 
El Tribunal siempre ha estado configurado a partir de las mayorías políticas en el Congreso. Estando dentro era perfectamente conocido, y aceptado, el sesgo ideológico de cada Magistrado. Con las renovaciones parciales que se iban sucediendo, tal como está establecido en la propia Constitución, la mayoría se iba decantando hacia una opción ideológica u otra. Hablo de ideología no de partidos ya que, como es lógico, ninguno de los magistrados podía estar integrado orgánicamente en un partido, lo que no impidió que algunos hubiesen tenido vínculos bastante estrechos con alguna formación política, y la hemeroteca es testigo de ello y de algunas de las agrias polémicas que se suscitaron e su momento.
 
¿Por qué me refiero a esto? Porque en aras de la consabida hipocresía “progresista” se están demonizando algunos nombramientos de la actual renovación, que no difiere en nada de las anteriores excepto en dos aspectos; era norma no escrita que alguno de los miembros procediese del Consejo General del Poder Judicial ya que por una parte se supone que son los de mayor entidad y prestigio dentro de la carrera judicial y porque su pertenencia al Tribunal Constitucional venía a ser el colofón a una carrera exitosa. Y en segundo lugar el prestigio académico y judicial de los elegidos era público y notorio.
 
Este último acuerdo ha constituido una muestra más de la escasa altura política (e intelectual) de este gobierno que solo tiene parangón con la de su oposición.
 
Un Tribunal Constitucional independiente, prestigioso y de sólida formación es la mejor garantía para precisamente los partidos políticos y demás instituciones que deberán, tarde o temprano, dirimir algunas de sus más importantes discrepancias en el seno de este Tribunal y su comprometida composición augura, y asegura, la imposible resolución de la mayoría de conflictos.
 
Esto sin contar con que la presencia de los “amigos y conocidos” del partido de la oposición le arrebata la bandera de la defensa de la independencia del poder judicial. Otro tiro en el pie del partido con el que se debería poder contar para una alternancia sin sobresaltos ni vueltas a modelos ampliamente fracasados y antidemocráticos. Como dicen en las timbas; ¡”Seguimos para Bingo”!

Anna Castells

Soy Licenciada en Derecho y periodista de profesión. He sido Jefe de Prensa del Ministerio de Cultura y del Tribunal Constitucional. Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la compañía RENFE. Editora y Presentadora de diversos informativos de TVE y corresponsal de RNE en Francia. Profesora en diversos Masters de Liderazgo y Comunicación.

Artículos recomendados

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: