
«Barcelona es ya un monumental estercolero, comenzando, claro está, por el propio Ayuntamiento cuyos detritus no los disuelve ni el salfumán»
Barcelona es ya un monumental estercolero.
La pestilencia se ‘atrinchera’ ya en cualquier lugar.
Comenzando, claro está, por el propio Ayuntamiento,
cuyos detritus humanos no los disuelve ni el salfumán.
Dos años van que las pulgas cantan ‘El Porompompero’
por las esquinas, gordas como auténticas gorrinas,
ebrias y ahítas de la sangre que nos logran chupar.
Y la alcaldesa Ada -de Inmaculada,
obviamente, ya no le queda nada-
insiste, en su soberbia desmesurada,
que ni loca ni borrachuza dimitirá.
¡A saber cuál será la siguiente plaga!

