Katzenbach: Suspense psicológico, terror y más. Por Antonio Ramírez

Katzenbach: Suspense psicológico, terror y más

«Compaginar su trayectoria de periodista con la de escritor aumenta en John Katzenbach su capacidad de profundizar en las relaciones sociales»

Pocos maestros de la novela negra son capaces de ofrecer la psicología como el ámbito de un relato terrorífico y, además, enganchar a quienes se adentren en sus obras. John Katzenbach, autor del afamado por méritos propios «El psicoanalista«, exponente primordial y prolífico de este género y cuyas obras, algunas, han sido adaptadas a la gran pantalla, al cine, nos ofrece con «El hombre equivocado» uno de sus relatos más interesantes y que incrementa, a medida que avanza su recorrido la pasión por leer.

Compaginar su trayectoria de periodista con la de escritor aumenta en John Katzenbach su capacidad de profundizar en las relaciones sociales y las consecuencias derivadas de ellas. En esta obra se adentra en la doble personalidad que acaba, incluso llevando al protagonista a la condición de psicópata. Lo que comienza como admiración acaba en instinto homicida, pasando por el acoso sin tregua. Una trama que se convierte en pesadilla y que goza de todos los ingredientes para la novela que la legión de lectores de este autor esperan de él.

Katzenbach, uno de los grandes del «noir» es siempre apuesta segura, hace que se comparta aquello de «el género negro es literatura», y el suyo es primordial.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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