Secuela para dos aniversarios: el cuadragésimo y el cuarto y mitad. Por Antonio De la Torre

Secuela para dos aniversarios

«De lo que más presumió el doctor de tesis plagiada en Economía, fue de la expansión del sistema universitario»

Después de la pequeña trilogía de la semana pasada, sobre ese triste pasado y presente, con largos periodos de paréntesis absoluto del, en sus comienzos, bautizado como Partido Socialista Obrero Español, hoy convertido en Partido Sanchista Oprobioso y Esquilmador, no me resisto a esta secuela que, a mi juicio, merecen dos de los aniversarios del PSOE –úsense las siglas a gusto del lector–.

 

He escuchado, con detenimiento y paciencia, los discursos del que, según su sucesor de hoy –el segundo socialista–, fue el “inventor”, entre otras cosas, de la democracia, del Sistema Nacional de Salud, de la educación obligatoria y de las becas. Lástima que, el primero, José Luis Rodríguez, tuviera que ejercer su embajada bolivariana en la nueva victoria del socialcomunismo en Brasil, porque también nos habría dejado frases para la posteridad, “Champions, nubes, acontecimiento planetario, nos conviene que haya tensión…”, y otras perlas, dignas de la antología del disparate.

 

Felipe González, del que decía en el tercero de mis episodios citados, que no era ajeno a la mentira, que también y, tan bien, ha heredado su sucesor actual, criticaba sin nombrarlo a Pedro “Antonio”, tirando de ironía, el pasado verano, en Santander. Participaba, con dos de sus sucesores, José Mª Aznar y el innombrable que citaba anteriormente, en el nonagenario aniversario (90º para víctimas de la LOGSE) de los cursos de verano de la Universidad Menéndez Pelayo. Le preguntaban: “¿Qué le parece el sobresaliente que ha dado Zapatero a la gestión económica de Sánchez?» y respondía que «En el caso de Zapatero es cum laude…«, que no le sonaba bien la Ley de Memoria Democrática ni compartía el mensaje de Moncloa que achacaba “el aumento del precio de la cesta de la compra a la guerra de Putin en Ucrania”. También decía en su día, después de salir de Moncloa en 1996, que «Gobernar es hacerse cargo del estado de ánimo de los ciudadanos«, porque de lo contrario «está condenado al fracaso inmediato» y que «la primera condición del líder, es que sea capaz de tener un proyecto para su país, lo menos mercenario posible”, porque «La gente que depende del voto para permanecer en el poder, cree que se equivoca el mundo, no ellos«.

 

Pero parece que, en los fastos del cuadragésimo, se lo olvidaron esas críticas, que se volvieron casi loas, después de empezar con esa frase tan biensonante: “Conmemorar es traer a la memoria… y recordar, es hacerlo con el corazón”, desde el que buscaba a Alfonso Guerra, con otra evidente falsedad, biensonante y sentimentaloide, que emocionó a Susana: “Y lo quiero tener en esta mano”. Sonó a indirecta lo que dijo sobre que “Quien no sabe de dónde viene, tampoco sabe para donde va”, para seguir atribuyéndose “creaciones”. Por ejemplo el Instituto de Mayores y Servicios Sociales, más conocido como IMSERSO, del que dijo que “el invento lo hicimos… y yo” (sic). Pero si mi información no es errónea, y así aparece en la propia web de la Entidad, ANTECEDENTES, nació en 1978 –Real Decreto-Ley 36/1978, de 16 de noviembre–, cuando el pocos años antes, “Isidoro”, era un diputado más de la oposición. Recordó algunos atentados de ETA, “cuando se ganaron aquellas elecciones” –no sé si refería al de Rentería, del mes anterior, en el que murieron cuatro policías y resultó herido grave otro. También recordó sin citarlo “el que perpetraron cuando se firmaba la adhesión a la Comunidad Europea” –puede que fuera el de la Plaza de la República Dominicana, en Madrid, con 12 guardias civiles muertos y sesenta heridos–. Y achacó este último a que, tal vez, “esa firma significaba la consolidación de la democracia española como una democracia europea”, también otro éxito “suyo”, como la entrada en la OTAN que, “de entrada, no”, pero quién se va a acordar, dentro de unos años de lo que se decía entonces ni de lo contrario después. La memoria del ciudadano de antes es frágil y ya nos encargaremos de que lo ignoren las nuevas generaciones.

 

De lo que no se acordó –ni desde la memoria ni desde el corazón–fue de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación, creados en 1983), del mal uso que se dio a los fondos reservados ni de cuando despedía, con su hoy conciudadano dominicano, José Bono, en la entrada de la cárcel de Guadalajara, a dos de sus más estrechos colaboradores, José Barrionuevo, ministro del Interior, y Rafael Vera, Secretario de Estado de Seguridad, condenados en 1998 por el secuestro de Segundo Marey y otras “minucias”. Por cierto que, Vera, parece que fue otro de los que siguió la llamada de Carlos Solchaga, que citaba en mi 3ª entrega: “España es el país… hacerse rico”… con la ferretería de barrio del suegro. Y seguimos sin saber quién era el Sr. X que estaba detrás de los antes citados y condenados, al que un tal Enrique Bacigalupo, por entonces magistrado del Tribunal Supremo, no quiso “estigmatizar”.

 

Corrigió un mérito atribuido al bolivariano: “Escuché en una de esas tertulias, esas que están llenas de tertulianos, que gracias a Zapatero se tenía un Sistema Nacional de Salud. Pero lo hizo Ernest Lluch –su ministro de Sanidad, o sea, yo–, no olviden”. No debió recordar que ya en 1900–Franco era un niño–, se crea el primer Seguro Social y la Ley de Accidentes de Trabajo, y en 1908 el Instituto Nacional de Previsión, reformado en 1950. Tampoco el Seguro Obligatorio de enfermedad de 1942 ni la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963, que posiblemente utilizarían él y su ministro del ramo en su niñez, juventud y ya maduritos. Ni, al parecer, el Art. 41 de la Constitución. Ya decía en su discurso, respecto a la memoria que “…cada uno tiene la suya”. Por supuesto, se atribuyó la “educación universal hasta los 16” –antes era hasta los 14–, más en un intento de retrasar la llegada al mundo laboral ante un desempleo creciente que por motivos de calidad educativa, ya en deterioro desde la reforma de 1970 y, mucho más, tras la LODE de 1985 y, especialmente tras la LOGSE de 1990, que fue la que trajo esa cosa de la ESO en 1996, su despedida, que Aznar no derogó ni cambió por una más parecida a la que conocieron, el Plan de 1957, no superado hasta ahora.

 

No me quiero extender mucho más con esta intervención pero sí recoger lo que me parecieron mensajes a su sucesor socialista actual. Respecto al sistema autonómico dijo que “Descentralizar políticamente a España le ha venido muy bien a su desarrollo. Centrifugar el poder, para enfrentar a unos y a otros no le viene tan bien”. Y tuvo su puntito de apoyo y pullazo al Partido Popular, cuando se refirió a la Justicia, con cuya independencia acabó él, precisamente: “Si a alguien no le gusta una ley, tiene derecho a cambiarla, lo que no tiene derecho es a incumplirla. O sea, primero la cumple y después propone que se cambie”. Terminó con un canto a la convivencia, “La prioridad número uno”, dijo, “condición necesaria para todas las demás aspiraciones, es que la convivencia no nos lleve a las andadas del siglo XIX y XX”. De antología fue su despedida: “Todos hemos perdido un 10% de renta y esto no lo arregla nadie, pero no pesa igual en cada uno –si lo sabrá él–. Y no olvidemos nunca que la inflación es el peor impuesto para los humildes y para los pobres”. Pues eso.

 

Y llegó el turno de Pedro “Antonio Plagio cum Fraude PinócHEZ Falconeti Humbolt, el Africano y otras malas yerbas”, con el que no me voy a explayar porque su “desmemoria” está más reciente. ¡Cómo no!, empezó metiendo la pata, en su natural ignorancia, al referirse a una “anécdota del presidente de los EE. UU. de ‘entonces’ (sic), Richard Nixon –fue Presidente entre 1969 y 1974– en su visita a China –21 de Febrero de 1972, o sea, diez años antes de que llegara “Felipe”– con Zhou Enlai (Chuenlai, dijo un par de veces)”. Se refería nuestro “presimiente” a la respuesta a una pregunta del americano sobre las “consecuencias de la Revolución Francesa”, que el chino saldó con un “Es demasiado pronto para saber» –“no había pasado el tiempo suficiente para tener un juicio claro”, dijo míster circunloquio–. “Anécdota” que parece que se refería a las revueltas del Mayo francés de 1968.

 

Entre continuas alusiones a “como ha dicho Felipe”, repitió, con su manera ampulosa, lo que había dicho su predecesor y sacó pecho con casi todo, como es habitual en él, repitiendo también innumerables veces “lo que hizo de España un país más decente”, tras cada cita. Tan “decente” que la corrupción echó a su maestro, llevó a la cárcel a algunos ministros y presidentes del partido y subió a los primeros niveles políticos a auténticos impresentables, sin currículum, ni académico ni laboral.

 

De lo que más presumió el doctor de tesis plagiada en Economía, fue de la “expansión del sistema universitario”, llegando a alardear de que “entre 1982 y 1996 se dobló el número de estudiantes universitarios”, para repetir por enésima vez su “Gracias Felipe”. Cierto que hoy hay muchos más universitarios que en 1982, y que en 1996 también. Otra cosa es la calidad de esos titulados que salen de la Universidad después de lo que califiqué hace más de veinticinco años como una triste “Incontinencia universitaria”, en la que primó la cantidad sobre la calidad, convirtiéndose en una verdadera fábrica de parados con título que, en su mayoría, sólo sirven para colgar en la pared del interesado. Eso me llevó, allá por el verano de 2015, aprovechando el titular de una noticia propia de este socialismo destructor, a publicar el artículo “Cuatro de cada diez jóvenes, tienen titulación universitaria”, que invito a leer, porque sigue siendo de total actualidad, pero agravado.

 

También presumió de la “implantación de un extenso sistema de becas para garantizar la igualdad de oportunidades. No de becas para los ricos, sino de aquellas familias que necesitan garantizar la igualdad de oportunidades”. Tampoco se acordaba de aquel sistema de becas que no sólo cubría necesidades económicas, que también, y no eran “para ricos”, sino que premiaba la excelencia al otorgarse a aquellos alumnos que, además de carencias de medios, acreditaban solvencia académica. Merece la pena leer este artículo que publicaba 20 Minutos, no dudoso, sobre una cosa que se llamaba Patronato de Igualdad de Oportunidades (PIO), que concedía becas ya en 1953. Claro que se exigía un nota media, mínima, de 7, Notable, para optar a la ayuda. Ahora, se dan, sin más, con un 5 “raspao”. Así ocupamos uno de los peores niveles de educación, en Europa y en el mundo desarrollado.

 

Prueba de esa “calidad” educativa de la que presume, volvió a meter la pata al atribuir a Blas Otero la frase “de todas las historias de la historia, la más triste sin duda, es la de España, porque termina mal”, cuando en realidad pertenece a Jaime Gil de Biedma, pero qué más da. Sus enfervorecidos jóvenes de la retaguardia y la mayoría de fieles palmeros que llenaban el salón de actos, no saben quién era uno ni otro, ni les importa demasiado. Compran “pulpo como animal de compañía”, si se lo dice el amado líder, con ese discurso frailesco y hasta la próxima.

 

Tras decir que “Hoy miramos atrás, pero lo hacemos sin nostalgia…”, por eso se hizo la ley de memoria histórica de ZP y se retuerce con la de memoria democrática, agradeció a Felipe: “somos depositarios del legado vuestro y vosotros del de Prieto (Indalecio) –el del golpe de Estado de 1934 y jefe de la policía que asesinó a Calvo Sotelo en Julio de 1936 –; Negrín –el que propició el robo del oro del Banco de España–; Besteiro…” –al que desoyeron por ser el único socialista decente de la época republicana–. Destacó “el avance de un país atrasado –que era la 8ª potencia industrial en 1975 y la 13ª hoy– que había perdido el tren de la modernidad europea durante 40 años de dictadura franquista”. A todo lo anterior y frases como “La igualdad efectiva y real entre hombres y mujeres, que decía Cristina Narbona”, que “A cada desafío (hay) una respuesta de nuestro corazón socialdemócrata” o que “Mucha gente de fuera mira el socialismo de España como una fuente de inspiración”, Felipe asentía con la cabeza… Continuó, feliz, con “Después de ver las cuentas de resultados esta semana, de bancos y energéticas, está justificado, ministra, crear esos impuestos, para que arrimen el hombro en estos momentos de dificultad”.

 

Y Felipe seguía asintiendo y sonreía con aplausos… seguramente pensando en la República Dominicana. Hubo más, “Aprendimos a cambiar la vida…”, sobre todo las suyas. “A modernizar nuestras infraestructuras”, como el AVE a Badajoz. El de Sevilla dejó la historia del “convoluto”, que decía el embajador alemán de entonces, Guido Brunner. Estuvo “cumbre”, que diría Javier Arenas, cuando dijo que “El partido socialista siempre va a defender a la mayoría social de España, nunca a las minorías privilegiadas, como ocurrió en el pasado”. Por eso se apoya en esas minorías, que son ahora las privilegiadas, para seguir en la poltrona. “En nuestra España caben todos”, por eso quiere echar a la derecha, o, “Es evidente que existen rivales políticos, pero nunca enemigos políticos”, como demuestra con su campaña de insultos sistemáticos al líder del PP. ”Porque, como decía Felipe, que desde partidos políticos se “inclumpla” (sic) sin pudor alguno el cumplimiento de la Constitución (sic), es la derrota de la moderación, el triunfo del extremismo y destruye la convivencia”. Una frase bien construida, sí señor.

 

Presumió de que “queremos vencer con razones, y reconocemos el resultado en la victoria y en la derrota electoral” y, “Siempre observamos la Constitución a rajatabla”. Por eso se apoyan en los golpistas catalanes del 1-O, que fueron indultados y repiten cada vez que viene a cuento, o sin venir, que “lo volveremos a hacer”. Recordó los “143 años de ‘historia’ del PSOE”, pero sigue confundiendo historia con antigüedad. Y mejoró la frase de ZParo: “Somos el partido que más se parece a España”, diciendo que “el PSOE es, en España, el partido que más se parece a Europa” y que, “Somos el partido del valor a la democracia y al Estado de derecho. Que cumplimos en el gobierno y también en la oposición, con el mismo rigor”. No se puede mentir más con menos palabras, 50. Bueno sí: “No formaré gobierno con Podemos. No dejaré la gobernabilidad en manos de los que quieren acabar con el Estado. No pactaré con BILDU”, sólo 23. Remató la faena con este alarde: “Con la victoria socialista del 82, la sociedad española estableció una poderosa frontera con el pasado. Pero sobre todo inauguró el futuro que ahora habitamos todos nosotros y todas nosotras” (que no falte el inclusivo, aunque suene aberrante), reescribiendo la historia, que ahora quiere que empiece en 1982, y terminó con una frase del maestro Felipe: “Socialismo es libertad”.

Termino ya haciéndome esta pregunta: ¿Cómo se puede pasar de 202 escaños en 1982 a 120 en 2019 y decir que son el partido del progreso? Y sólo se me ocurre la respuesta que el banderillero Joaquín Martínez, le dio a su maestro, el matador de toros Juan Belmonte, cuando éste le preguntó que “¿cómo había llegado al mundo de la política, para ser gobernador de Huelva?”. Y aquel le respondió: “¡Ea!, maestro, degenerando, degenerando”.

Muy feliz semana, dentro de lo que cabe.

 

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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