Conversaciones el andamio: La sombra del heteropatriarcado. Por Francisco Gómez Valencia

La sombra del heteropatriarcado. Foto del autor.

Durante mi paseata diaria una vez acabadas las tareas de rigor, hace tiempo que decidí trotar absorto en mis pensamientos y prescindir de podcast sobre política o gaitas varias. De hecho prefiero ir hablando solo si es que tengo cosas que decirme a mí mismo y si alguien se me queda mirando, hago que me ajusto el pinganillo de la oreja y le miro hasta mal. En fin; que solo me distraigo gracias a situaciones curiosas que consiguen sacarme de quicio.

Ayer sin ir más lejos mientras me disponía a adelantar a una mamá con su hija pequeña, sucedió lo siguiente:

– ¿Dos por dos?

– Cuatro, contestó la niña.

– ¿Dos por tres?

– Seis.

– ¿Dos por cuatro?

– Ocho.

Y así hasta que al llegar al 7, la niña interrumpió a su madre al ver a lo lejos a su padre y la preguntó:

– ¡Mira mamá, es papá! ¿puedo correr hacia el?

– Claro cariño y le das un beso y un abrazo muy fuerte, que vendrá cansado del trabajo.

La niña salió disparada como un rayo, el padre que la vio venir, se agacho y la esperó de cuclillas y al llegar a su altura, la niña pegó un brinco y se colgó de su cuello. El padre la subió todo lo alto que pudo y después se abrazaron muy fuerte. El padre se la comía a besos y la niña reía sin parar.

Pero vamos a ver: ¿Esto qué es lo que es? ¿Alguien me lo puede explicar?

Pero esa madre, ¿por qué la enseña matemáticas a esa niña en vez de las reglas del consentimiento legal, ya que según las locas del coño será violada en breve? ¡Pero, pero; como se atreve a lanzarla ‘asin’ a los brazos del progenitor B no gestante, en vez de educarla para que lo rechace por ser un hombre malo, maltratador, violador resultante de la violencia del régimen heteropatriarcal en el que vive! Una de dos, o esa mujer está loca o la loca del coño es ‘la Pam’ y demás pedorr@s feminazis de Podemos, Sumar, Mas País (Mas Madrid) y el PSOETA.

¿De verdad urgía otra Ley para tratar de obligar a las mujeres de la categoría ‘locas’ a odiar mas intensamente? ¿Es prioritario adoctrinar a sus hijas para tratar de que odien a sus padres? ¿En serio es necesario inventarse ‘n’ tipos de familias innecesariamente para seguir dividiendo la sociedad en compartimentos mas pequeños, y así dotarlos de derechos y leyes a cascoporro vigilados desde sus chiringuitos ad hoc?

Donde va a parar hombre ya ¿Una familia normal? ¿Una amante esposa que educa a su hija en ciencias exactas y además se atreve a promover el amor y respeto hacia el padre de la criaturita y cabeza de familia? ¡Que la metan en la cárcel por Dios, y ‘desa’ pobre niña; que se ocupen los servicios sociales! Si llego a ver a un municipal la denuncio que para eso ya han dado luz verde a la nueva mierda de ley de familias ‘desas’ raras y tal. !Hostia ya!

Conversaciones el andamio. La sombra del heteropatriarcado

Feliz día de San Bartolo.

Españistan 29|03|23

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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