(2) Victoria frustrada: Obituario fallido, Democracia truncada. Por Antonio E.

Obituario fallido, Democracia truncada. Ilustración de Tano y Pig

«Para este miserable las formas sobran, la educación no importa y lo único que le gusta es aposentar sus pezuñas en las mentes de los demás»

He de confesar que no me arrepiento ni un ápice de haber escrito el obituario de un político miserable, pero sí de haberme adelantado a su “defunción”, al equivocarme como millones de españoles, que ansiaban ver el cadáver político de un ser embustero, infame y trafullero, como desde hace siglos no había tenido que soportar el otrora valeroso y digno pueblo español.

Los que me leen saben mi opinión acerca de las elecciones generales que podría convocar este rey de los embustes, que tal y como predije, estarían viciadas desde el mismo momento en que fueron ideadas. Nada bueno ni decente podría salir del que ha hecho del engaño y la patraña, su forma de gobernar. Convocar a las urnas a la población en plena ola de calor, es más propia de un tramposo, que de un presidente decente digno y democrático.

Este tipo lo ha hecho con nocturnidad y alevosía, sabedor de que los plazos de tiempo entre la confección de las listas por los partidos, y la infraestructura que tenía que tener Correos para diligenciarlas, eran demasiado cortas e ineficaces. Jamás en un país supuestamente democrático, el hecho de votar había sido tan peligroso como imposible, cortesía de Sánchez y sus seiscientos mil novecientos treinta y dos asesores. O tal vez fue el evanescente ZP, buque insignia del socialismo en cucurucho, el que ideó cómo votar sudando la gota gorda, tal vez a imagen y semejanza de la carroña chavista, y sus verdugos encarnados.

Se eligió la fecha para mermar la afluencia de votantes, no se pensó en los millones de españoles que tendrían que cambiar fechas, planes y viajes, pero sobre todo ejercer su derecho al voto en condiciones dignas humanas y democráticas. Jamás en España costó tanto esfuerzo el hecho de votar, incluso contando con las elecciones de febrero del 36, vía crucis de la libertad, tal y como se vio pocos días después.

En estas elecciones lo único importante (otra vez) volvía a ser Sánchez, y su troupe de funambulistas del alambre (su gobierno). Como bien venía diciendo desde que escribo en esta dignísima y valiente trinchera de la libertad, Sánchez no hizo lo que hemos visto hasta ahora, para dejar su zarrapastrosa obra inconclusa. O dicho de otra forma más clara, su infamia a medio hacer.

Según la “regla Sánchez” la fiscalía general, ¿de quién depende? Ergo ¿Correos de quién depende? La engañifa era de libro, perfecta en su ejecución, impoluta e imposible de demostrar. El truño perfecto, miles de sacas custodiadas, no por la autoridad competente. Convendrán conmigo que era para desconfiar, y tratándose de este fulano, y sus antecedentes, no había mucho que pensar.

El “montaje” produjo que miles de españoles fueran privados del derecho a voto, pese a que lo intentaron se quedaron sin votar, y esto, tampoco es opinable. Estamos a medio camino entre Venezuela, y cualquier otro país donde mora la corrupción y el despotismo, como forma de producirse en el uso y manejo de todas las instituciones.

Muchas anomalías, y ningún medio de prensa dispuesto a airearlas, muchos halagos a entes bajo sospecha, y ninguna certeza que nos garantizara que el proceso iba a ser limpio, y honorable. La derecha fetén, en boca de su máximo “estandarte viviente”, excelentísimo e ilustrísimo señor Feijóo, se dedicó a decir que la custodia de los votos estaba garantizada, lo que no dijo conociendo con quién se la jugaba, era en qué se basaba para decir tamaña estupidez. Yo, me limito a exponer mi opinión, libre y en igualdad de oportunidad que por ejemplo Otegui, o el criminal “Kubati”.

La certeza que manifestó Sánchez y su omnipresente Rasputín, el malévolo y estomagante ZP, en su victoria, a muchos nos dio en que pensar, y no precisamente bien. Convendrán conmigo en que la ceremonia de la confusión, fue perfecta desde su inicio.

Las elecciones pasaron, con muchas sombras y pocas luces, con demasiadas preguntas, y muy pocas respuestas. Asistimos estupefactos a la noche electoral, en la que el culmen fueron las palabras del supuesto “vencedor”, declarando con su habitual verborrea, entre gutural y relamida, su incontestable victoria. Resultó obsceno ver y oír, como este nuevo “caudillín” del viejo y decrépito social comunismo, se erigía en vencedor, con el voto del partido de los criminales etarras, el de los golpistas catalanes, el de los supremacistas nazionalistas vascongados, y el del comunismo más sectario y retrógrado desde Stalin a hoy día.

Para este miserable las formas sobran, la educación no importa y lo único que le gusta es aposentar sus pezuñas en las mentes de los demás. Ni felicitó al “ganador”, ni siquiera se dignó en dirigirse a la ciudadanía en general. Como buen sectario, y estupendo marrullero que es, dijo haber ganado con el apoyo del progresismo, entendiendo por progresismo, la suelta de violadores, y el voto cautivo de Txapote.

Concluyendo, una oportunidad perdida, vuelta al oscurantismo y las arbitrariedades, al exceso legislativo, a la maldición de los inútiles, a oír a las ilustres negadas declamar sin rubor lo estúpidas que son, y lo extremistas que son los demás. Malditos majaderos, pellejos deslustrados, chequistas de la pluma, pistoleros de ocasión, maltratadores sinvergüenzas, leguleyos flexibles, culos coños y barrigas agradecidas, a las cuales se la suda los problemas de las gentes, mientras acumulan los salarios del hambre.

Pero a este sujeto le faltan los votos que tiene el delincuente huido Puigdemont, curiosa penitencia que tendremos que sufrir todos los españoles, a no ser que el bufo personaje en que se ha convertido el “doctor”, considere que su culo no está para muchos trotes, y vuelva a convocar elecciones, esta vez el 29 de febrero, fecha de nacimiento de Pedro Sánchez Pérez Castejón. No es broma, pueden comprobarlo.

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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