La derecha pierde, el dictador se retrata. Por Antonio E.

El dictador se retrata

«Hora es pues de remar juntos para lograr el único objetivo digno de echar al dictador, y a la delincuencia organizada que le acompaña»

Concluida la investidura fallida del candidato Alberto Núñez Feijóo, solo cabe extraer dos conclusiones. La primera es muy simple: la derecha en su conjunto ha perdido la investidura, pero ha ganado en credibilidad ante muchos más españoles de los que la votaron, que no es poco. No todo está perdido si la derecha se mantiene unida, dejando para peor ocasión la estupidez y los egoísmos personales en su fratricida enfrentamiento. Tal y como está el voto, ni el PP va a poder gobernar como quiere hacerlo, solo, ni VOX va a sacar mucho más, como para poder exigir la paridad que busca. Podrá influir de modo y forma con arreglo a su fuerza, que no es poco, lo importante es ser y estar sin dejar de ser estando. El ejemplo de los gobiernos en las autonomías donde gobiernan juntos es el camino, de su éxito depende que millones de españoles se unan con sus votos a la común empresa que es España. 

Hora es pues de remar juntos para lograr el único objetivo digno que les aúne, en el que más de la mitad de la población española confía, en el que estarán al lado de ellos lo mejor de la Nación para echar al dictador, y a la delincuencia organizada que le acompaña. No cabrán personalismos ni estupideces de los y las guardiolas de turno, por ambas partes. Si en estos momentos tan trágicos e inciertos para la supervivencia de la Nación, alguien vuelve a las andadas, todo estará perdido.  Cundirá el desánimo entre los españoles, y por tanto la fe puesta en nuestros referentes, sean éstos del el PP o de VOX. No hay más. 

La segunda conclusión, no por zarrapastrosa y nauseabunda, era menos esperada. La escenificación por parte de los apoyos del dictador ha sido más propia del lumpen carcelario al que pertenecen y representan algunos de ellos, que de una democracia seria y asentada. Modos formas modales de otros tiempos, donde checas y granujas estaban aposentados. 

La sorpresa fue la salida del sobrero que salió en lugar del dictador. Salió pasado de todo, sin duda alguna el alter ego del sátrapa, en todo su repulsivo esplendor. Vestido para la ocasión con traje oscuro, color lamentable, miserable y desaliñado, como recién levantado. Ojos como carbuncos, aspecto cascarrioso, piafante y chillón, cuellicorto y desgreñado. Berreador y vocinglero, de modales barriobajeros más propios de quien ignora en qué consiste la urbanidad, quizá por habérsela fumado. Se notó a la legua que el panfleto que leyó lo había escrito rumiando bajo el influjo del odio, la rabia y el rencor, los mismos que manejó a diario siendo alcalde de Valladolid, le conozco. 

Empezó defecando a conciencia, miccionó con ganas, ventoseó como un poseso, eructó a raudales. O sea, lo habitual en quién cree que, portándose como un “oscarpuente” de la vida, todo le vale. Quién gritaba como un cerdo cuando se pegó un guarrazo en una de sus obras pucelanas, ha vuelto a hacerlo, esta vez en el congreso, reconvertido en establo para la ocasión, la suya. El becerro cumplió a rajatabla con el encargo de su dueño, salió, subió y mugió, sólo le faltó hacerse un “rubiales”, para alegría y deleite del resto de la piara.  

Feijóo le ninguneó, eso sí, con exquisito desprecio, bastó con un arqueo de cejas para que el morlaco cayera escaleras abajo de la tribuna del establo. Al que más le dolió el castigo fue al dictador, al que todos vimos boquear rumiar y espumear. De cobardes y felones, de mastuerzos y machacas, de chulos y déspotas, de gentuza chusma lacayos y macarras, habló el siervo del dictador, mientras su bancada aplaudía con rabia. 

Le tocaba a Yolanda, era la esperada. La Yoli se hizo un dictador, esta vez de rojo Mafalda. Nadie sabe qué dijo, empleó quince minutos en enseñarnos dos fotos, diez en guardarlas, cinco minutos más en balbucear frases inconexas y concluyó minutos después admitiendo con sus gestos que no sabía nada. Esto es Más Sumar, o cómo pisársela mientras se está meando. Perdonen la licencia, pero es lo más adecuado a esta escenificación de la intrépida Yolanda, sus yolis y sus adornos de chatarra. 

Irrumpió Enrique Santiago, el último tiranosaurio del comunismo español. Su currículo le antecede, su farfolla es siempre la esperada, quien no le conozca que le compre, yo particularmente nunca le compraré nada. Descanse mal y para siempre el comunismo, a ser posible en un gulag de Siberia, rodeado de tumbas y cadáveres, los que esa putrefacta ideología propició allí donde gobernaba.  

Y en estas llegó Rufián. Fiel a su costumbre subió por el lado derecho a la tribuna, recostándose en el estrado, como si fuera una barra. Dada su postura, todos pensamos que iba a pedir otra copa, pero el ujier solo le sirvió agua. Se dirigió a la cámara en rufianés, nadie le entendió nada. Dijo lo de siempre, ignorante de que tal cosa sigue siendo menos que nada. Y es que Rufián está tan visto que a no ser que se vista de puto, seguiremos sin ver en él nada.  

La siguiente fue la de Juntos por Cataluña. Henchida de placer y gozo al ver cómo el dictador resudaba, que ignominia que chulada, que bochorno tener al dictador rendido a sus pies, ¿por qué no le dio cien patadas? Grotesca estampa la de un fantoche ensoberbecido, ahíto de ignominia, reconvertido en el esclavo de su repugnante fachada. Imagino al Puchimont trasegando gaseosa con mejillones en salsa. ¡Qué espectáculo tan grande! Ver a un presidente de España mirándose los zapatos, incapaz de sostener la mirada de una renegada catalana.  

Y salió el gordo de la mañana, el mismísimo Ternera disfrazado de chivata. Fiel a su criminal costumbre empezó su tanda de embustes, otra sarta de patrañas, ¿haría explotar una bomba? ¿volvería a asesinar por la espalda? El dictador temblaba, temblaba tanto que se le quebró la corbata.  

Ternera iba a lo suyo, otros sentían que era imposible soportar a la rata vasca más hija de la gran puta de España. Ternera habló de derechos humanos y libertades, mientras el cobardón dictador callaba, tal era su mimetismo con el etarra, que al final nadie supo donde empezaba Ternera y donde el dictador acababa. Ni puño ni rosa ni nada, Ternera sacó el hacha y la serpiente, mientras el dictador por enésima vez, retemblaba. 

Y apareció Aitor, pasado de kilos, escaso de palabra. Esperábamos lo mismo de siempre, pero esta vez no dijo nada. Sabe lo que se les avecina, pagar tributo por tanta nuez ensangrentada. Sudoroso y al borde de la apoplejía, su rostro pasaba del rojo bermellón al verde alfalfa, mientras Feijóo inmisericorde sin querer queriendo, le atizaba. Pobre Aitor, pobre Urcullo, pobre Ortuzar, se quedarán sin nada. Si hubiera justicia, estarían dando cuentas de cómo sin hacer nada se llevaron mucho, pero esta vez haciendo mucho se quedarán sin nada.  

Feijóo les despachó con firmeza, no dijo nada que no supiésemos, Abascal cuando pudo tampoco se guardó nada. Y es que no hay nada peor que callar lo que se piensa, y mejor decir lo que antes se callaba. Pero Aitor no esperaba que Feijóo le dijera con tanta claridad, que esta vez con Ternera en el gobierno, el dictador les dará la patada. 

Canarios y navarros bienvenidos a esta su casa, que en ella estarán bien acogidos, bien acompañados y alejados de toda esa calaña. Del gallego nada que decir, con lo que ya tiene, le basta. 

Para esto y otras cosas ha valido la sesión de investidura. Para ver quién es quién, por si alguien lo dudaba. Ver al dictador en perfecta comandita con golpistas criminales y canallas. Átense los machos, se avecinan tiempos difíciles en los que la presencia de ánimo tiene que estar bien templada. Ni un paso atrás, la lucha contra la dictadura sanchista debe darse a todos los niveles en los que cada uno esté seguro, sin dar descanso a esta recua de indeseables delincuentes y morralla. 

¡Ánimo! Y adelante, que nadie ceje en la lucha por la libertad y el futuro de los que nos precedan. Este es el artículo que nunca me hubiese gustado escribir, pero es lo que hay, menos es nada. 

 

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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