
«Después de haber imaginado, escrito, corregido, ampliado o reducido el texto, aún te queda poner el dinero para ver publicada tu obra»
No sé si es que cada día estoy más viejo y hasta completamente «out«, o fuera, como dicen los angloparlantes o es que ya no comprendo el mundo que me rodea. Lo que está claro, es que en España, los empresarios de actividades artísticas no existen o brillan por su ausencia. Cada día es peor. En dos mil siete publiqué por primera vez El Bosque de Euxido. Lo había enviado sin ninguna confianza en su publicación a una editorial, a la que estoy muy agradecido, que se llama Atlantis Ediciones y que en la actualidad, a pesar del esfuerzo que hay que hacer para vender libros, sigue en activo. Puedo constatar veinte años después de aquel primer bautismo literario que las cosas han cambiado muy poco en España, los que publican a autores desconocidos, siguen siendo muy pocos.
Salvo que tengas la suerte de ganar algún concurso de renombre que es difícil, dado que muchas veces tienes que estar incluido ya en algún círculo de escritores que se conocen entre ellos, o esa posibilidad es remota. Lo mismo pasa en España con la industria discográfica. Y porque no, puedo opinar, también en las actividades teatrales de diversa factura. No sé que hay que hacer para que estas cosas vayan cambiando pero esta claro que solo se bautiza quién tiene padrino.
Hoy en día está más en boga que después de enviar una novela a una editorial, sea esta la que te llame si les gusta, para ofrecerte la posibilidad de publicarla previo pago de la tirada. Eso sí, te dicen que tendrás publicidad en la red, alguna reseña en diarios, esos que ya nadie lee y algún que otro argumento en internet, pero tú debes soltar la “pasta”, de media unos ochocientos euros por cien ejemplares. ¡Impactao!, ¡Me he quedado impactao! No fui consciente de la suerte que tuve de que mis tres primeras novelas las publicara la editorial Atlantis, porque de otra manera hubiera sido imposible.
Es penoso que en un país en el que se lee poco, tampoco las editoriales hagan un esfuerzo demasiado intenso para publicar. Hoy en día por lo que yo puedo intuir, si no has dado un pelotazo con alguna obra anterior, es prácticamente imposible publicar sin ser tu, el autor, el que pague o toda o parte de la edición. Después de haber imaginado, trabajado, escrito, corregido, ampliado o reducido el texto aún te queda poner, sino todo el dinero, si una parte importante de él, una media de ochocientos euros para ver publicada tu obra. Y eso sin grandes alharacas, unos modestos cincuenta o cien ejemplares, que al final vendes si puedes, o distribuyes entre tus amiguetes. Puedo entenderlo pero siendo así podrías también imprimirlo por tu cuenta y venderlos mano a mano, hay empresas que hasta te ofrecen sello editorial.
Los amigos, los de verdad, esos que cuando tienes un grupillo musical desconocido pero que suena bien, van a tus conciertos para hacerle al local del que se trate unas consumiciones de las cuales te darán una parte, serán tus compradores. “Aquí no hay cultura” dicen algunos… ¿Cómo va a haberla, con estos alardes empresariales de industria literaria y musical? Hasta publicar una modesta opinión es bastante difícil, las personas no tenemos canales para expresar nuestro parecer sobre múltiples asuntos. Ese derecho va quedando cada vez más reducido al grupo de los integrantes de partidos políticos. También a temas deportivos, de preferencia fútbol, los demás asuntos ni siquiera son tenidos en cuenta, no parece haber profundidad de pensamiento o sentimiento para embarcarse en temas un poco más difíciles, no de leer, pero si de entresacar de la globalidad de un texto o una historia. No sé, será que ya no se analizan, salvo técnicamente y en exámenes de acceso a la universidad, las obras literarias. Ante todo prima la forma al fondo, la historia parece ser lo de menos, mientras se pueda analizar un texto desde un punto de vista técnico u ortopédico, que diría yo.
Que pena de sociedad de principios de siglo, esta la española, desatendida en cuestiones de pensamiento y sentimiento. Eso sí algunos políticos no van a permitir la pobreza de sus representados, pero sin percatarse, contribuyen a esa pobreza intelectual y de sensibilidad. Ya sabemos que tener un sustento mínimo es importante para vivir, no desde luego poseer una flota de cohetes, como los que cree Yolanda Díaz tienen los ricos para poder escapar a Marte y más allá. Está es la forma de estos afortunados de evitar pasarlas canutas aquí por el calentamiento global. Yo tengo la gran suerte de tener un amigo, y lo digo porque en la actualidad es difícil tenerlos, que publica mi modesta opinión en una gran revista electrónica que publica día a día con esfuerzo La Paseata, ojalá pueda seguir haciéndolo muchos años más, o algunos individuos quedaremos huérfanos de lugar en el que publicar nuestras ideas. Gracias Manuel Artero Rueda. Y gracias a tu revista La Paseata

