
«Es el amo de la caja, ese es todo el misterio de un tipo cuyo nivel intelectual y moral conocemos de sobra. Todo sobre Sánchez está ya dicho»
Pedro Sánchez asaltó en junio de 2018 una diligencia que transportaba un valioso cofre repleto de cargos, prebendas, canonjías, pagas y paguitas capaces de convertir en simples felones, en lacayos con rodilleras, a tipos que un día dieron muestra de alguna altura moral.
Es el amo de la caja, ese es todo el misterio de un tipo cuyo nivel intelectual y moral conocemos de sobra. Ilustres columnistas tratan estos días de retorcer la sintaxis, de hacer malabarismos con el lenguaje en su deseo de hallar alguna frase brillante capaz de describir la intrínseca maldad del personaje, sin reparar en que todo sobre Sánchez está ya dicho, toda su capacidad para hacer el mal plenamente descrita.
No hay nada nuevo que contar: todo se reduce a aceptar como presidente del Gobierno a un personaje que ya retrataron las palabras que Albert Rivera pronunció en la tribuna el 22 de julio de 2019 en la primera jornada del debate de investidura del socialista que terminó con la convocatoria de nuevas elecciones en el mes de noviembre: «se quiere perpetuar en el poder controlando la tele pública, las encuestas, criminalizando a los constitucionalistas y lavando la imagen de sus socios, se quiere apoderar del país con la ayuda de una banda«. Toda esa ingenuidad del socialismo bueno, todos esos votantes que cierran mucho los ojos para creer en el progresismo y no ver la imagen de la foto.

