
«Seguimos en la incertidumbre respecto a los pactos del aspirante con los partidos que quieren romper España, excepción hecha de BILDU»
Nada nuevo bajo el Sol (tal vez sería más apropiado decir ‘nada bueno…’), podría ser el titular que nos deja lo acontecido estos días, en una semana más de incertidumbre, nacional e internacional. Por un lado, continúan los bombardeos en la franja de Gaza, después del terrible atentado de la organización terrorista Hamas sobre Israel, en lo que no me voy a extender después de lo que decía en mi último artículo que sigue vigente y creciendo a peor. Las circunstancias han querido que escriba esto precisamente el día que se celebra San Hilarión de Gaza, compañero de San Antonio Abad, y al que se considera primer monje palestino y fundador de uno de los monasterios más antiguos de Tierra Santa, que lleva su nombre. Y, tal vez, lo más destacable en este frente sea la visita del presidente estadounidense, Joe Biden, a Tel Aviv, que fue plantado en la segunda reunión de su agenda, por la que iba a reunirse en Jordania con el rey Abdalá II bin Al Hussein, anfitrión de la cita, y los presidentes de Egipto, Abdel-Fatah El-Sissi, y de Palestina, Mahmoud Abbas, que desistieron del encuentro.
Indicativo quizás del bajón del “caché” del norteamericano, que ya no representa, parece, el liderazgo internacional que en otra época significaba un presidente de los Estados Unidos. Éste, por cierto, ha reconocido su error de salir escopetado de Afganistán nada más llegar a la presidencia, en una autocrítica poco frecuente en nuestros líderes europeos –especialmente el español– que le llevó a decir que “cuando se abandona de esa forma un lugar, otro tiende a ocuparlo”, en este caso el peor de los posibles, el radicalismo islámico. No sé si habrá relación causa-efecto o no, pero se dio la circunstancia de que, poco después de esa precipitada salida fue cuando Vladimir Putin decidió invadir la Ucrania del cómico Volodimir Zelensky, guerra que, por cierto, parece haber pasado a un devaluado segundo plano, despertando celos en el viajero con camiseta de guerrillero. Y dejo este asunto con una pequeña buena noticia en la situación de Gaza. Se ha abierto el paso sur con Egipto, que ha permitido que lleguen veinte camiones de ayuda humanitaria –Israel no permite más por su desconfianza con los terroristas de Hamas–, que parecen muy poco para una población estimada en dos millones, es decir, un camión por cada cien mil habitantes.
Mientras tanto, en España seguimos con ese silencio impuesto desde Moncloa para ocultar el secreto a voces de los múltiples diálogos que se están produciendo entre lo peor de cada familia de los socios de gobierno. Unas conversaciones que tienen como principales protagonistas a un felón y a un fugitivo, de “F” a “F” y tiro porque me toca, con casillas intermedias en las que se asientan la vicesegunda Yolanda Díaz “la Chulísima”; el exministro del inexistente “comité de expertos”, Salvador Illa; el “perejil de todas las salsas” indecentes, José Luis Rodríguez Zapatero; el terrorista huido tras avisarle de que iban a buscarlo, Josu Ternera –una evidencia de que la “inteligencia artificial” no es un invento tan reciente– y su delegado político Arnaldo Otegui, además de otros espontáneos que no quieren perder su oportunidad de desvariar.
Probablemente lo más significativo de ese silencio impuesto por su sanchidad, el Fraudillo Felónez, sea la parálisis del supuesto órgano de representación ciudadana –perdón por la eufemística hipérbole– que debería ser el Congreso de los hoy “disputados”. A punto de cumplirse tres semanas de la, a mi juicio, desacertada nominación del socio de BILDU –“con BILDU no vamos a pactar, si quiere se lo repito cinco veces durante la entrevista… o veinte. Con BILDU no vamos a pactar”, decía hace años– como candidato a la investidura para presimiente del desgobierno, su fiel y hortera acólita, Paquita Armengol sigue sin fijar una fecha para la celebración del correspondiente debate. Llama la atención, cuando menos, la laxitud en fijar esta fecha frente a la prisa que se dio para hacerlo con la del debate del anterior candidato, Alberto Núñez Feijoo, menos de veinticuatro horas, más de un mes después de la nominación por el Rey pese a que el presidente del Partido Popular la quería en ocho o diez días. Pero eso no encajaba con los planes de su jefe, que necesitaba más tiempo para completar su felonía, aunque lo vendieron como un estudio de fechas para que, en el no deseable, para ellos, hipotético caso de una forzada convocatoria de repetición electoral, su celebración no se fuera a fechas navideñas, después de la extemporánea e interesada convocatoria anterior, en plenas vacaciones estivales.
Como decía, en el entretanto, ha habido varios interlocutores para llegar a la dulce playa de la amnistía delincuencial, tres principalmente. Primero fue la intrépida Lady Cohete que se fue a Bruselas “a título personal” según su compi de bancada, el “imparcial, generoso, transparente” y nunca bien comprendido –esto lo añado yo– Félix “Gracita” Bolaños, la voz de su amo, primer lanzador siempre del mensaje unitario que replican cual cotorras del Fuente Ovejuna “moncloíta” los corifeos sanchistas.
Recordemos cómo, después de cumplir el encargo decía muy contenta que “en el cole de mi hija me felicitan”, en referencia a su ”iniciativa” por la reunión con el fugitivo del maletero. Tomó el relevo el antes citado “brillante” gestor sanitario durante la “plandemia”, Salvador Illa, que se descolgó con su mensaje de que “la derecha y la ultraderecha siembran el miedo y la crispación”, inicialmente designado por don Pedro Antonio Narciso Falconeti como interlocutor único para la negociación con JUNTS. Lástima que al de Waterloo no le gustó tal “embajador” y se habla de que lo sea el asesor bolivariano de Nicolás Maduro, de mucho más nivel y ya acreditado felón y, por tanto, mucho más fiable para el verdadero guionista de estas negociaciones, Carlos Puigdemont. El ya también ciudadano dominicano, siguiendo la estela del “transparente” José Bono –“tengo los bolsillos de cristal”, decía el manchego cuando se criticaba su inexplicable patrimonio inmobiliario e hípico–, salió al quite en la entrevista/repaso que le hizo/dio el lunes Carlos Alcina en Onda Cero. Dejo el enlace para el que tenga la curiosidad/paciencia/dosis de masoquismo, como para escuchar lo que dijo durante los cuarenta y un minutos que duró el castigo. Sólo voy a dar un par de apuntes en los que dejaba clara su complicidad con el clon. Decía primero con rotundidad que “Estoy a favor de la amnistía”, a la que se refirió, dos veces –lo que demuestra que no fue un error–, diciendo que “la amnistía es una institución”, no un instrumento, un recurso o, lo que hubiera sido más exacto, una ilegalidad tramposa. por si no era suficiente, justificaba las mentiras de su sucesor diciendo que «Cuando se está en el Gobierno, y se tiene la alta responsabilidad de gobernar, si hay que cambiar de opinión se cambia«. La réplica a semejante estupidez se la dio al día siguiente Felipe González en la entrevista que le hizo Susana Griso en su programa Espejo Público de Antena 3: «Rectificar es de sabios y de necios tener que hacerlo a diario«. En este caso sí invito a escuchar completa la entrevista, porque dijo varias cosas muy sustanciosas el expresidente que resumió así la entrevista de su sucesor socialista: «No me enteré de nada ni siquiera de la posición de Azaña porque no llegó hasta el final«.
Me puedo imaginar la conversación definitiva de Felónez con Fugipuchi: “La derecha y la ultraderecha te llaman cobarde por salir escondido en un maletero, pero sabes que yo entiendo tu enorme sacrificio de pasar por ese trance por el bien mayor de la defensa de tu objetivo, por el bien de tus compatriotas catalanes… y catalanas”. El mismo que decía antes que “Puigdemont, si representa algo, es una de las peores hojas de la historia de Cataluña y ya va siendo hora de que los catalanes y los diputados “y diputadas” catalanes “y catalanas” –le faltó “diputades” y “catalanos” para completar el inclusivo total–, pasen página de Puigdemont y eso es lo que esperamos y pedimos al parlamento de Cataluña, los socialistas”. No tengo más remedio que coincidir con Juan Carlos Girauta, al que no profeso especial simpatía, que decía esto del independentismo: “Hay juego sucio, juego asqueroso y luego está el nacionalismo catalán. El nacionalismo es un veneno que ha azotado a España durante parte de su historia. Ha condicionado la vida de los españoles de manera insoportable”.
Conviene destacar lo que recoge Confilegal sobre lo que ha dicho el presidente del Tribunal Constitucional, el nada “cándido” Conde Pumpido, en la inauguración del V Congreso Internacional de la Unión Iberoamericana de Universidades y Cortes Supremas. Durante su discurso resaltó que “los representantes de los demás poderes del Estado están siempre obligados a respetar públicamente, de forma rigurosa, las resoluciones judiciales”, añadiendo que “solo a través de este respeto interno y del principio de no injerencia, puede garantizarse en cualquier ordenamiento, la independencia judicial” lo que no parece tener mucha coherencia con lo que se dice sobre su forma de actuar, en línea directa con su jefe político. Por su parte, el magistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo José Luis Requero, en mi opinión, mucho más fiable, decía que “El poder político pretende que la disciplina jurídico penal se sustituya por la interpretación ideológica de las normas” y que “España se está jugando su credibilidad como país democrático”. Y dejaba una recomendación: “Hay que salir del pozo en el que nos metió el gobierno socialista en 1985 y del que no han hecho ascos los gobiernos del PP”. Precisamente el gobierno socialista del que ahora parece razonable en su crítica de Sánchez, pero que no deja de votarlo, como también ha repetido. Porque está claro que con ese gobierno empezaron los males reales de la actualidad española y, aunque Guerra decía hace no mucho que él no había dicho aquello de “Montesquieu ha muerto”, lo cierto es que la separación de poderes acabó con ellos, aunque tampoco hayan hecho mucho los dos gobiernos populares en recuperarla de verdad.
Así pues, seguimos en la incertidumbre respecto a los pactos del aspirante con los partidos que quieren romper España, excepción hecha de BILDU, después de la ignominiosa foto, la semana pasada, en la que nuestro felón aparecía sonriente, estrechando la mano de su portavoz, Merche Aizpurúa, que confirmó su apoyo incondicional. Y eso a pesar de que, en campaña electoral decía que “A mí con BILDU me separa una distancia abismal. Creo que BILDU todavía tiene que recorrer un camino que aún no ha recorrido y, eso hace, que por ejemplo en Euzkadi, nos entendamos de una manera estratégica –o sea, con dinero y cesiones– con el PNV y ahí donde podamos sumar, sumamos con el PNV y no con esta formación política”. Y se ha extendido un posible chantaje del antes citado Josu Ternera que ha dejado temblando a más de uno en Moncloa. Dice así: “No me detienen, porque mi abogado llamaría a declarar a Zapatero y no hay co…es para hacerlo. Sería el final del PSOE”.
Y termino con lo mejor que dijo el Rey Felipe VI en su discurso de clausura de los Premios Princesa de Asturias, el pasado viernes: «Las soluciones llegarán, como demuestra la historia de España, de la unidad, no de la división«. Esperemos que sepa imponer esa unidad.

