Enrique Jardiel Poncela y las claves del humor. Por Rafael Gómez de Marcos

Enrique Jardiel Poncela

«Reír, reír, lo que se dice reír, no. Enrique Jardiel Poncela produce algo mucho mejor. Jardiel te dibuja la sonrisa en la cara»

El humor es una posición ante la vida; consiste en tratar a la ligera las cosas graves y gravemente las ligeras. Tiene matices: su forma refinada, la ironía, que presupone en el interlocutor capacidad para ver el sentido implícito del mensaje. Y el sarcasmo, la forma más baja de humor, ridiculiza, humilla o insulta, aunque también dotado de gran ingenio. La ironía sin embargo es una figura retórica que consiste en decir lo contrario de lo que se quiere dar a entender.

El humor debe ser algo así como el relato inteligente de un hecho cómico. Umberto Eco sostiene que el trágico y el dramático son universales, mientras que el cómico, no. En el extranjero, hay chistes que dejan de tener gracia y otros que no se entienden. Pero hay elementos comunes a todas las culturas. El inolvidable Tono ingresado en la Clínica de la Cruz Roja, en Madrid, gravemente enfermo a sus ochenta y pico años y recibió la visita de un conocido, con el que le unía corta amistad. Tras una breve conversación, puramente de circunstancias, cuando el visitante se despidió, Tono le dijo, naturalmente desde la cama: Perdone que no le acompañe hasta la puerta, pero es que me estoy muriendo. Se murió al día siguiente.

La anécdota de don Pedro Muñoz Seca es más conocida, le llevaban a fusilar los milicianos republicanos a Paracuellos del Jarama y, cerca ya de las fosas previamente cavadas para sepultar a las víctimas del genocidio, les dijo a sus asesinos:

– Me habéis quitado todo, me habéis quitado el reloj y la cartera y el abrigo; me vais a quitar la vida. Pero hay algo que no podéis quitarme.

Aquellas fieras preguntaron, con voces cargadas de odio:

-¿Qué es eso que no podemos quitarte?

-El miedo que tengo.

Los años 1920 y 1930 fueron en España una época dorada para el humor, Pedro Laín Entralgo definió con las siguientes palabras: «Hay una Generación del 27, la de los poetas, y otra Generación del 27, la de los “renovadores». José López Rubio, retomará esta frase para titular su discurso de ingreso a la Real Academia y citará los cinco nombres que, desde su punto de vista, compusieron la denominada «otra generación del 27»: Edgar Neville (Madrid, 1899-1967), Antonio de Lara «Tono» (Sierra de Cazorla, 1900-Madrid, 1977), Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-1952), Miguel Mihura (Madrid, 1903-1977) y el propio López Rubio (Motril, 1903-Madrid 1996).

Difícil cuestión la de DEFINIR EL HUMOR, Enrique Jardiel Poncela, uno de los más eximios humoristas de nuestro siglo, dijo que pretender semejante definición era tanto como querer pinchar una mariposa con un poste de telégrafos. Y sin embargo, muchos intentaron describir el humor con una frase. Para mi gusto, quien más acertó en la búsqueda fue Wenceslao Fernández Flórez, otro de los talentos del género. Para el escritor gallego, EL HUMOR ES LA SONRISA DE UNA DESILUSIÓN.

La obra de Jardiel es gigantesca para una vida tan breve (cuatro novelas, casi cincuenta comedias y un número inabarcable de textos periodísticos, piezas breves, guiones y dibujos). Pero lo es más por su imaginación, su arrollador dominio del lenguaje y el carácter audaz que abrió en cine y, sobre todo, en el teatro. El resultado es muy similar a lo que hacían los Hermanos Marx con las farsas del teatro clásico y la obra de Oscar Wilde, uno de sus máximos referentes. En las comedias de Jardiel, como en una película de Leo McCarey, los protagonistas masculinos son tipos excéntricos que se meten en constantes problemas con personajes femeninos mucho más fuertes y desenvueltos que ellos.

Más que misoginia, lo de Jardiel era misantropía, se puede echar un vistazo a textos como «El sexo débil ha hecho gimnasia«. «La tournée de Dios» (1932), su cuarta novela, sigue causando asombro. Solo a Jardiel se le podía ocurrir que Dios (un Dios pero que muy particular, por otra parte) quisiera venir a la tierra, eligiendo como lugar de «aterrizaje» el cerro de los Ángeles, en Getafe, y tras unas semanas de visita consiguiera hacer enfadar a todo el mundo, volviéndose a casa completamente solo. Obviamente, fue prohibida por la República (por meapilas). Después, por el franquismo (por anticlerical). Ni don Pío Baroja, que detestaba a unos y a otros, consiguió una cosa semejante.

Reír, reír, lo que se dice reír, no. Algo mucho mejor. Jardiel tiene la ingenuidad de un niño. Jardiel te dibuja la sonrisa en la cara porque estás observando las travesuras de unos niños grandes. No pueden hacerte daño porque no se toman la vida en serio, es lo que ocurre en “Cuatro corazones con freno y marcha atrás”, sus personajes han renunciado a madurar. Donde esté el juego, que se quite la vida del adulto. La obra perdió su título original, pues antes del estreno la primera actriz sugirió que en el título no podía mencionarse la palabra muerto. Y Jardiel, complaciente, lo cambió.

El público de los años veinte y treinta no estaba preparado para aquella dramaturgia y menos aún la crítica, que atacó sistemáticamente y con dureza cada obra de Jardiel. “Cuatro corazones con freno y marcha atrás” –titulada, en principio, “Morirse es un error”- fue estrenada en 1936. Jardiel basa su concepto del humor en el encadenamiento de situaciones inverosímiles, a partir de una situación inicial de iguales características, realizado, no obstante, con lógica rigurosa y en la dosificación de chistes lingüísticos y comicidad de las situaciones. El resultado es un humor de raíz intelectual abstracto, cuyo principal elemento es el absurdo lógico. Quizás en tiempos más cercanos, en los que el teatro se ha llevado a una experimentación extrema, Jardiel hubiera tenido mejor aceptación de la crítica, pero, en su época, la genial renovación del humor que emprendió no fue suficientemente comprendida. Pero creo que en los tiempos que nos ha tocado vivir en este país, su obra sigue siendo incomprendida o lo que es peor, conscientemente ignorada por las “autoridades culturales”.

No se me ocurre el nombre de alguna actriz o de algún actor capaz de interpretar a sus personajes, como lo hicieron los actores de un pasado reciente. Finalizadas las fiestas quiero ofrecerles “Cuatro corazones con freno y marcha atrás” una de las comedias más logradas de su repertorio. No solo por su alto contenido cómico, sino también por su elaborado argumento, donde además de comicidad hay poesía (como ese tercer acto en el que Leticia descubre que era muy feliz regañando con Pepe). Contiene también algunas de las muestras más elaboradas del ingenio de Jardiel: ¡Que no entre el médico, que quiero morir de muerte natural! Pues eso.

Rafael Gómez de Marcos

Enamorado de la vida, reivindico mi infancia, mi verdadera patria, tres pilares, El Capitán Trueno, The Beatles y Joan Manuel Serrat, me fascina la ópera, me encanta bailar bachata y considero que decir cine americano es una redundancia. TVE no vio en mí ningún talento tras más de treinta años de servicios, Talento que me concedió la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión en reconocimiento a mi trayectoria profesional. Nunca he estado afiliado a ningún sindicato y jamás he militado en ningún partido. Mi cita de bandera es una frase de José Ortega y Gasset: "Ser de la izquierda es, como ser la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral".

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