¡MUY BUENOS DÍAS!
Comenzamos la mañana del jueves con un regalo, ¡Sí! Tal cual os lo cuento ya que es un honor para mí, poder contar hoy con la colaboración de Francisco Gómez Valencia.
Es un obsequio que nos hace tras un tiempo sin verle por estos lugares y espero que pronto podamos seguir leyendo sus artículos en esta revista.
He recogido de su Staff las siguientes palabras: «Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder«. Continúa, pero os dejo a vuestra disposición el poder leerlo completo si entráis en La Paseata.
La obra de pintura que os presentamos nos muestra una realidad superpuesta, misteriosa, enigmática y bien podría hacernos retroceder al pasado o hacer que el pasado se materialice en un presente. A continuación veréis lo que a Francisco y a mí nos sugiere esta obra.
Diego Dayer. Rafaela (Santa Fe) 1978. Formado en la Escuela de Artes de la Universidad de Córdoba (Argentina). Pintor. Óleo. Sus obras adquieren una visión casi fotográfica. Exposiciones individuales y colectivas por diferentes lugares del mundo. En el año 2006 fue invitado a participar de la muestra «La Memoria – Testimonio Colectivo, Creación permanente», organizada por la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina. Esta muestra se exhibió en Argentina, Cuba y España.

«Banda anacrónica» Por Francisco Gómez Valencia
¿Anacrónicos? Anacrónico es el mar y montaña en un plato de menú, el horizonte con cielo nublado, o ver a mi padre calzándose unas skechers.
Anacrónico es mi vestidor en verano o un coche nuevo de veinte años sin poderlo conducir.
Anacrónico es mi vecino “el aberroncho”, que en vez de decirte hola te dice “oh la la”, o la Señora Marina -la del bajo ‘A’-, que se queda atónita intentando tocar a sus nietos al verlos por Zoom.
Anacrónico es el mobiliario de la casa de la sierra, con sus dos cabezas de ciervo aún custodiando la chimenea, y anacrónico resulta protegerlas con una alarma conectada por WiFi.
Anacrónica son mis raquetas de tenis de madera de la marca Yamaha, que cruzadas adornan el templo donde guardo mis reliquias.
Anacrónico es la tele de mi suegra que por cuestiones técnicas que ella no entiende, la semana pasada dejó de funcionar.
Anacrónico soy yo, que estudiando a fondo esta obra de arte, no veo más que a tres moñas disfrazados de no se qué.
En fin, como va de arte y poesía, acabaré con las “anacronias” -si me permiten el palabro-,
replicando algo que leí por ahí…
Me casé con un enano
por hartarme de reír
le puse la cama en alto
y no se podía subir.
¡Pasen un buen jueves y mil gracias Mila!
![]()
«Banda anacrónica» Por Mila Soyyo
Es el personaje humano ese ser incomplaciente
que demuestra lo que siente de manera artificial
o es lo que otros han creado, una forma de escudarse
tras el espejo de un mimo que lo hace funcionar.
Es la materia hecha traje, es lo contrario a la estima
es la carcasa de un huevo que se rompe y te salpica.
La decadencia a un fracaso, la verdad tras la mentira
un auténtico desastre o el furor que se prodiga.
Y me recuerda vagamente a Juana de Arco
esas ropas tan divinas, donde papeles asoman
en ese suelo, un tintero sin su tinta.
Una caza de brujas con amos parlantes
la discordia fingida de eternos amantes
atemporal el estilo, una obra discordante
la partitura sin hilos e imaginación fragante.
***
El saludo finaliza y me marcho a toda prisa, pero antes, agradezco a Francisco Gómez el gesto tan amable que ha tenido al querer colaborar conmigo, también tengo que agradecer a Manuel Artero la confianza depositada en mí, guardándome cada día este rinconcito para enseñaros arte y un trocito de mi.
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un fabuloso jueves y recordar que el tiempo es eterno, el reloj de la vida es como dar un paseo, no veremos si lo primero que he dicho es cierto porque no llegaremos a ello y lo segundo piensas que no es así hasta que te das cuenta de que vas envejeciendo. Aprovechad cada momento.
MMB

