
«Los enemigos no tienen fans, tienen militantes, podrían haber vendido el doble, si hubieran hecho un mínimo de concesiones»
Formados en Madrid a finales de los ochenta comenzaron su carrera ganando el concurso de rock Villa de Madrid en la sección pop-rock, hoy en día, siguen siendo relevantes con sus guitarras crudas y elegantes. Como grupo de rock, han tenido diferentes facetas, a su lado más salvaje y guitarrero, sumaban también el blues, el soul y como no el pop. Su primer trabajo de 1986, se vendía o podríamos decir se despachaba en el bar Velarde con una caña de cerveza y una tapa de chorizo incluidas, por 1.000 pesetas.
Siempre han sido difíciles de clasificar; por más que hayan sido contemporáneos de movimientos fundamentales de la historia reciente de la música madrileña y española, la banda de Malasaña siempre ha discurrido ajena a las corrientes culturales y comerciales. No tienen fans, tienen militantes, podrían haber vendido el doble, si hubieran hecho un mínimo de concesiones y su directo es tan bueno, que parece como si en las grabaciones de estudio faltara algo.
Las letras de Josele Santiago tienen un componente literario ausente en otras bandas, han sabido interpretar tanto en la juventud como con la perspectiva que da la madurez, los problemas de la gente. Mi tema favorito, es “Septiembre” incluido en su tercer álbum ‘La vida mata’, publicado en 1990, cuya letra está inspirada en un caso real ocurrido en Galicia, donde un adolescente incapaz de aguantar la presión de los exámenes de septiembre decidió acabar con su vida. Este disco supuso su consolidación, creo que sin duda es su mejor trabajo.
Un disco de Los Enemigos es raro que decepcione, acumulan tanto oficio que parece que las canciones les salgan solas, como de un grifo abierto. Pero hoy he decidido traeros “Siete mil canciones”, fue el primer avance de su último “Bestieza” publicado en 2020. Se la dedico a Fernando Galindo letrado mayor del Congreso de los Diputados.

