La “religión” marxista. Sucedáneo perverso. Por Fernando M. Gracia 

La religión marxista

«Los marxistas utilizan arquetipos similares a los de la religión para su propagación hasta el punto de que lo que pretenden ideas se convierte en dogmas y creencias»

 La religión es el opio del pueblo” fue una cita hecha en 1844 por Karl Marx. Y con ella quiero comenzar este artículo sobre cómo es fácil encontrarse con que a veces las convicciones conducen o transforman a un grupo en aquello que más detesta. Algo repetido por todas las “doctrinas” emanadas del marxismo ha sido la caída inexorable en la más absoluta incoherencia. Además, una incoherencia que provoca tensiones internas insalvables puesto que generan dualidades entre hechos y teoría.  

 

¿Podríamos especular con que el cuerpo teórico marxista y sus distintos productos organizativos son en realidad una suplantación o extrapolación de toda la estructura que sustentaría a una religión?  

 

Para Karl Marx, la religión sería una herramienta utilizada por las clases dominantes mediante las que poder dar a las masas alivio a su sufrimiento de manera simple en forma de sentimiento religioso basado en la fe. Es decir, la creencia ciega en algo trascendente que vendrá y nos será dado. A partir de este planteamiento inicial y simple, comienzan ya los paralelismos que nos permiten definir a las corrientes marxistas como credos religiosos. 

 

El marxismo, aunque a menudo se presenta como una ideología antirreligiosa, adopta estructuras similares a las de las religiones tradicionales. Karl Marx describió la religión como «el suspiro de la criatura oprimida» y «el opio del pueblo«, sugiriendo que la religión proporciona consuelo mientras mantiene a las masas en su estado de opresión. Sin embargo, el marxismo mismo ha sido visto como una «nueva religión» que reemplaza las antiguas creencias con un sistema de valores y creencias propias. 

 

Al igual que las religiones tradicionales, el marxismo tiene su propio conjunto de mitos fundacionales, profetas y promesas de un futuro maravilloso. Las apariciones ornitológicas y los viajes espaciotemporales de Nicolás Maduro destacan cómo ciertos patrones arquetípicos en la psique humana son difíciles de superar, como sugiere Jung, por mucho que se intente impregnar de novedad aquello que se propugna y sirven de conexión con la masa. 

 

El mito de la creación es una constante en muchas religiones, ofreciendo explicaciones sobre el origen del universo y de la humanidad. A menudo, estos relatos describen un tiempo primordial en el que los seres humanos vivían en el Paraíso. En el Génesis para judíos y cristianos, Adán y Eva vivían en el Jardín del Edén, un lugar de abundancia y sin necesidad de esfuerzo para obtener sustento. Tienen mitos similares en la antigua Mesopotamia donde los dioses crean a los humanos y los colocan en un entorno abundante y sin trabajo pesado. En las creencias mayas y aztecas, también existen relatos de una edad dorada en la que los seres humanos vivían en armonía y abundancia… 

 

Este patrón se encuentra en muchas culturas, reflejando esquemas universales de la condición humana y nuestra relación con el entorno natural en los mitos y leyendas fundacionales. 

 

El mito del buen salvaje, popularizado por Rousseau, sugiere que los seres humanos eran originalmente buenos y vivían en armonía con la naturaleza antes de ser corrompidos por la civilización y la propiedad privada. En este contexto, los marxistas ven este estado primigenio como un equivalente al Jardín del Edén, donde no había explotación ni desigualdad. La propiedad privada es vista como el «pecado original» que introduce la explotación y la injusticia en la sociedad. Abolir la propiedad privada, según la teoría marxista, eliminaría estas injusticias y restauraría una especie de paraíso en la Tierra. 

 

En la teología marxista, la creación de la propiedad privada es vista como el «pecado original» que introduce la explotación y la desigualdad en la sociedad, similar a cómo el acto de Adán y Eva de comer del árbol del conocimiento introduce el pecado en la humanidad en la tradición judeocristiana. Según Marx, la propiedad privada de los medios de producción es la raíz de la alienación y la explotación del proletariado, y su abolición es esencial para alcanzar una sociedad justa y sin clases. Después de destruir a todos los que no comulguen con la clase proletaria. La llamada lucha de clases. 

 

El concepto de «pueblo elegido» tiene diferentes interpretaciones. Para el judaísmo, el pueblo de Israel es considerado el pueblo elegido por Dios. En el cristianismo, se proclama que los mansos heredarán la Tierra, sugiriendo una elección divina basada en la humildad y la mansedumbre. 

 

En el marxismo, la idea de un pueblo elegido se traduce en el Proletariado. Según Karl Marx, el proletariado, o la clase trabajadora, es el agente revolucionario destinado a derrocar el sistema capitalista y establecer una sociedad sin clases. Esta visión otorga al proletariado un papel casi mesiánico, similar a los conceptos religiosos de un pueblo elegido que traerá un cambio significativo en la historia de la humanidad. 

 

Los judíos tienen a Moisés como quien reveló la ley divina a su pueblo. Los cristianos también reconocen a Moisés como profeta, pero además tienen a Jesús de Nazaret como el Mesías. Para los marxistas, pues como el mismo nombre lo dice: Marx. Él fue el profeta que vino a dar la buena nueva de que en el futuro nos espera un paraíso donde no habrá explotación ni sufrimiento de ninguna clase. 

 

El materialismo dialéctico, desarrollado por Marx y Engels, que propone una interpretación de la realidad como un proceso material en constante cambio, donde se suceden una variedad infinita de transformaciones y contradicciones. Este enfoque sostiene que las acciones de las personas están determinadas por su posición en la estructura de producción, similar a cómo el plan divino en la tradición judeocristiana determina el curso de la historia y las acciones humanas. En este sentido, Das Kapital se considera un texto fundamental que explica y predice la inevitabilidad de una revolución proletaria y el establecimiento de una sociedad sin clases, reflejando una visión casi profética del destino de la humanidad. 

 

Similar al reinado del Mal, del demonio, en la tradición judeocristiana, el capitalismo es considerado en el marxismo como un período de «reinado del Mal«, marcado por la explotación y la desigualdad. La llegada de la dictadura del proletariado representa la segunda venida del Mesías en el marxismo. En este momento, se juzgarán a los enemigos del Proletariado, reflejando el Juicio Final. La dictadura proletaria se espera que elimine a los capitalistas y establezca el socialismo. La abolición de la propiedad privada y el establecimiento del socialismo se consideran la realización de la promesa de vida eterna sin dolor. Se espera que el socialismo elimine la escasez y satisfaga todas las necesidades humanas. La creencia en la inevitabilidad del comunismo como destino humano se equipara a una superstición. 

 

Los marxistas utilizan arquetipos similares a los de la religión para su propagación hasta el punto de que lo que pretenden ideas se convierte en dogmas y creencias. Se ven sobrepasados por sus propias incoherencias.

 

¿De todo ello la animadversión ante el cristianismo en particular como estructura que ejerce una competencia directa como freno para el socialismo, en todas sus variantes internacionalistas o nacionalistas?  

 

La crítica marxista a la religión a menudo refleja una actitud religiosa hacia sus propias ideas, lo que sugiere una ironía y el propio reflejo de su propia incoherencia práctica en la burla de los marxistas hacia la religión. 

 

 

 

Fernando M. Gracia Climent

Porque pienso que la humanidad no se divide en gente de derechas y gente de izquierdas, hombres y mujeres,... se divide en buenas y malas personas, escribo desde el corazón pero siempre usando la cabeza. Músico, lector compulsivo, historiófilo, proyecto de escritor, cinéfilo impenitente y Alférez de España.

Artículos recomendados

Deja un comentario