
«El PP, un partido de oposición que está jugando unas cartas carmesí con una estrategia pobre, tibia y sin principios»
Alberto Núñez Feijóo no llamó a declarar a la mujer del presidente Begoña Gómez al Senado, aceptando que en este país se puede actuar con total impunidad sin dirimir responsabilidades en ninguna institución. Parece ajeno a todas las noticias que se están vertiendo sobre la “primera dama” en infinidad de medios de comunicación y tampoco pone mucho énfasis en destapar como el hermano de Pedro Sánchez es capaz de conseguir un puesto en la Diputación de Badajoz al que no acude y mucho menos conseguir un patrimonio de casi 2 millones de euros con un sueldo de 55.000 euros.
Tras la ruptura de los de Abascal con la formación de Alberto Núñez Feijóo, vemos como los acuerdos pactados se evaporan en cada una de sus votaciones y decisiones. El proyecto de ley de Concordia que se impulsó con Vox en Castilla y León ha dado un giro a través de Mañueco. Las normas pactadas que favorecían los derechos y la reconciliación para evitar la confusión y utilización de la historia para no desvirtuarla, han pasado a formar parte de la negativa de los populares. Las Cortes de Castilla y León rechazaban tramitar la proposición de Ley de Concordia que fue registrada por ambas formaciones.
El PP votaba finalmente en contra uniéndose al resto de grupos junto al Partido Socialista. El actual portavoz de Vox en las Cortes, Juan García Gallardo reprochaba al PP su “estrategia de estafa permanente”.
Cuando creíamos que los populares no podían continuar con este dislate, conocíamos que también tumbaban la propuesta del ´pin parental´ en Baleares. Con lo cual ya no se podrá solicitar por escrito el consentimiento expreso a los padres para la asistencia de sus hijos a determinases actividades en horario escolar con contenido sexual o ideológico. Entre otras cuestiones evitaba que los alumnos recibieran clases de masturbación desde los dos años de edad. Otro acuerdo más que rompen con Vox.
Los de Feijóo parecen empeñados en entregar balones de oxígeno al Partido Socialista. Pactaron las comisiones del Congreso y el Senado con Sánchez, le han entregado el Tribunal Constitucional, se han repartido los jueces, han apoyado la regularización de 500.000 inmigrantes ilegales, estaban de acuerdo en el reparto de menores extranjeros no acompañados, conformes con la censura en las redes sociales e incluso ambos partidos son leales a la globalista Agenda 2030.
Mientras que Pedro Sánchez espera a los de ERC y Junts para tratar de apoyar los presupuestos a finales de año, Feijóo parece nuevamente abierto a mostrarse colaborador para aprobar dichos presupuestos.
Así es el PP, un partido tibio, sin garra y sin ninguna entrega para llevar a cabo la batalla contra el Sanchismo. Una falsa oposición que parece mostrarse con valentía en sus múltiples exposiciones en el Congreso de los Diputados pero que luego diluyen en cuanto el perrito mueve el rabito.
El Partido Popular espera recibir su trozo de pastel del “Capo supremo”, porque están convencidos que cuando Sánchez deje su cargo ellos pasaran a liderar nuevamente este país, bipartidismo en estado puro.
Nuestros políticos no hacen política, juegan a la política. Muy reseñable un libro del autor Alfredo Joigmant “El juego político” que se podría comparar con lo que ocurre en España, puesto que describe al mundo político como si fueran actores en un teatro ante un público que ni si quiera está atento a la obra.
Los de Génova están jugando su particular partida de cartas en la que podemos vislumbrar que están más conformes con apostarlo todo al rojo de Sánchez que ganarle la partida con maestría.

