Segunda paseata galáctica. Por Rodolfo Arévalo

Segunda paseata galáctica

¿Por qué deberíamos ser nosotros los seres más especiales del universo, ¿no es esto algo de vanidad me pregunto en esta segunda paseata galáctica?

Ha llegado la hora de dormir y me avasallan mil pensamientos a deshora. Poco a poco los voy poniendo en sus recipientes, para conseguir que mi espíritu, mente, o como quiera llamarse, se tranquilice y Morfeo pueda al fin hacerse dueño de la situación. Suelo conseguirlo en unos diez minutos, busco refugio en una imaginada nave espacial que me transporta hibernado a otra galaxia, otro planeta habitable en el que el personal maleducado y pendenciero no es tan impresentable y execrable como el que hay aquí en la Tierra.

 

Lo imagino muy lejano, a millones de años luz, aunque la realidad del universo y la ciencia nos diga que esa posibilidad podría estar más cercana de lo que sería de esperar. No sé, tal vez sea bonita la posibilidad de que así fuera. Ya sé que a muchos humanos, que han montado sus chiringuitos, a costa de imponer creencias sobre dioses inexistentes, tal como los describen, con independencia de pueda haberlos en el universo, esto les sentaría como oler a cuerno quemado puesto que sus realidades e invenciones caerían como torre de naipes sobre una mesa.

 

La vida debe ser algo común pero la que tiene consciencia de sí misma no debe de ser algo demasiado abundante, precisamente por la dificultad que tiene para dar ese salto a la propiocepción consciente. Si nos fijamos bien en la tierra solo ha habido dos especies o tres de seres autoconscientes, los Denisovanos, los Neandertales y los hombres de Cromañón, que al fin somos nosotros.

 

Puede que haya habido otras ramas inteligentes que desconozcamos, y puede que no, pero en cualquier caso al final solo quedó una, la nuestra, ahora sí, con diferentes fenotipos. Si los seres humanos son tan diversos fenotípicamente, ¿qué es lo que podría extrañarnos si algún día encontramos seres inteligentes con otras conformaciones diferentes a las nuestras? Puede que haya y se ha propuesto una evolución posterior a la nuestra que podría dirigirse hacia otra especie inteligente en los cefalópodos, los pulpos, cierto es que si es así, todavía quedarían cientos de miles de años para que esto llegara a hacerse realidad, pero ¿Quién nos dice que algún animal parecido en otro planeta no lleve millones de años evolucionando y los cefalópodos de esos mundos sean realmente la especie inteligente?

 

No lo podemos saber, pero en el caso de que así fuera, estaría dentro de la posibilidad de ser asumido por nosotros. Sin ir más lejos, porque tienen la posibilidad cerebral y la posibilidad de manejar herramientas con sus tentáculos. Si esto es así, la posibilidad de que otras especies animales, con estas características, puedan ser algo común en la galaxia o el universo, no es nada descabellado.

 

Lo que si está claro, es que muchos cerebros humanos que se han basado en la superioridad religiosa y moral de los humanos se verían muy amenazados por esa nueva realidad que apareciera. Los seres humanos tenemos un gran defecto y es considerarnos por encima de cualquier otra posibilidad de inteligencia. Pero ¿por qué deberíamos ser nosotros los seres más especiales del universo, ¿no es esto algo de vanidad, reñida obviamente con el comportamiento que deberíamos tener según muchas religiones. No quiero ni siquiera imaginar si ese descubrimiento se hiciera en la actualidad, porque la posibilidad de matarnos entre todos e incluso de acabar con la nueva forma de vida descubierta, sería algo casi inevitable.

 

¡Pobres seres humanos! a lo peor necesitamos una cura de vanidad para poder sobrevivir como especie animal inteligente. Recordemos que somos menos que granitos de arena en la inmensidad del espacio y solo de una parte ínfima, de ese espacio incrustado en otros espacios, que hemos denominado Lanea.

 

Por eso empezaba diciendo que a veces me refugio en una nave espacial imaginada que me transporta fuera de mi mente, mi cama y hasta de mi galaxia y universo. Ha llegado la hora de dormir y me avasallan mil pensamientos a deshora. Poco a poco los voy poniendo en sus recipientes, para conseguir que mi espíritu, mente, o como quiera llamarse, se tranquilice, y Morfeo pueda al fin hacerse dueño de la situación. Suelo conseguirlo en unos diez minutos, busco refugio en una imaginada nave espacial que me transporta hibernado a otra galaxia, otro planeta habitable en el que el personal maleducado y pendenciero no es tan impresentable y execrable como el que hay aquí en la Tierra. Les deseo, como a mi mismo felices sueños y facilidad para conciliarlo.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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