
¡MUY BUENOS DÍAS!
Viernes y buscando una obra en la que hubiese caballos, me encontré esta, en la que además de ser bonita, tiene una historia detrás de la escena.
Año 1866, Henri Regnault, ganó el Premio Roma de la Academia Francesa. Este premio concedía cinco años de estudio en el extranjero. Exigía que cada año, se enviase un cuadro para demostrar como se iba progresando. Bastaba con un desnudo de una figura, mostrando la anatomía del estudiante, pero Regnault envió este cuadro de grandes dimensiones, inspirado en la “Ilíada de Homero”, representando a Automedón (auriga de Aquiles y compañero en su combate en la guerra de Troya) intentado frenar a los divinos caballos del guerreo griego.
El premio le eximió de hacer el servicio militar, pero tuvo que regresar para luchar en la Guerra Franco-Prusiana, muriendo trágicamente en el asedio de París, a la edad de 27 años.
Alexandre Georges Henri Regnault. París 1843 Rueil-Malmaison – 1871, en la Batalla de Buzenval – Francia. Pintor orientalista.
“Automedón y los caballos de Aquiles”
Avalancha de nubes, que presagian un final
No se verá en esta obra, Aquiles fallecerá
Ese talón del que tanto se habla, en otro lugar hallarás
Esta es otra historia, vamos a ver como os la puedo contar.
Caballos embravecidos, colosales se retuercen
Sus bocas echan espuma, sabiendo lo que acontece
Quizás se quieren marchar, Automedón no los deja
Ellos tienen que llegar, a Troya con su grandeza
Él intenta sujetar las riendas con tanta fuerza,
Se encuentra medio desnudo, capa que apenas sujeta
El color rojo tan vivo, destino que hará su prenda
Y esas nubes se enfurecen , auguran lo que hay presente
¡Cómo una obra alcanza tanto coraje y te hace sentir vehemente!
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Desde La Paseata os deseamos un feliz fin de semana
MMB

