
«Estamos a la puertas de la Navidad, el momento para todo Cristiano más feliz, ya que conmemoramos el nacimiento de nuestro señor Jesús»
Se que lo que voy a escribir no está de moda, en este mundo egoísta, individualista, ególatra y ausente de Dios. Yo he estado en ese camino, he estado fuera de Cristo muchísimos años, alejado totalmente de Dios.
Ya conté en un anterior artículo que en una visita de hace pocos meses a la Virgen de la Bien Aparecida en Cantabria, se produjo mi regreso a la Fe. Eso quiere decir que la vida es fácil, que vuelves y todo es color de rosa, que ya no tienes problemas, pues va a ser que no, pero sí diré que llevar la cruz con Cristo es más llevadero que sin él, que querer a Cristo implica renunciar a uno mismo, para seguir el camino que él te indica.
¿Entonces por qué sigo a Cristo? Primero porque estoy muy agradecido a Nuestro Padre Celestial ya que mandó a Su Hijo, Jesucristo, para que tomara sobre sí los pecados de todos los que han vivido sobre la tierra y de esta manera, todos que somos unos pecadores pudiéramos recibir perdón.
Este sacrificio que se hizo por nosotros fue posible gracias a la divinidad de Jesús y a su vida perfecta. Qué ejemplo de generosidad, dejarse crucificar por amor a nosotros. Cómo no le voy a seguir. Jesús vivió una vida perfecta para mostrarme, sí a mí, el camino de regreso a mí Padre Celestial. Aunque Él nunca pecó, aún así se bautizó para ser obediente a Dios y enseñarnos que el bautismo es un requisito para todos.
Como no le voy a seguir, si me quiere a mí, un pobre mortal, se fija en mí, me da su mano para caminar a mi lado, si murió por mi salvación. Eso quiere decir que muchas veces entienda sus designios, pues no, pero me fio de él, porque el murió por mí. Como no voy a seguir a Cristo si Jesús es un ejemplo perfecto de amor.
En Su vida en la tierra, Él se preocupó por los pobres, sanó al ciego (ver Juan 9: 1-7), recibió a los niños pequeños (Mateo 19: 13-14) y aun perdonó a aquellos que le crucificaron (ver Lucas 23:24). Su amor es infinito y está disponible para todos los que lo necesiten. Dios es amor. Jesús sintió el peso de cada pecado y dolor conocidos por la humanidad. Él sufrió por cada persona que jamás haya vivido, sangrando por cada poro de Su cuerpo (ver Lucas 22:44). Le arrestaron, escupieron sobre Él, le azotaron y le crucificaron en la cruz.
Aun cuando Su propio pueblo le estaba matando, Él suplicó que Dios tuviera misericordia de ellos (ver Lucas 23:34). Dios nos envió a todos a la tierra a recibir un cuerpo físico, a enfrentar desafíos y a aprender a ser más como Él. El plan de Dios no es casualidad. Está diseñado cuidadosamente para darte las experiencias que necesitas para regresar con Él otra vez como una mejor persona y con más experiencia.
Como la Biblia lo explica, “Ésta es la vida eterna, que te conozcan a ti el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado”.
Dios nos envió a la tierra para aprender y crecer por medio de experiencias agradables y también dolorosas. Él nos permite elegir entre el bien y el mal y nos deja decidir si serviremos a otros o si nos enfocaremos en nosotros mismos.
El desafío es tener fe en su plan aun cuando no tengamos todas las respuestas, tal y cómo antes comentaba. También decía antes que todos cometemos errores. Dios envió a Su hijo Jesucristo para que pudiéramos ser limpios y perdonados. Cuando aceptamos a Jesús y seguimos su ejemplo, somos menos egoístas y podemos disfrutar de mayor amor, paz y gozo.
La Biblia enseña, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna» ( Juan 3:16). Dios envió a Jesús para salvarnos de nuestros pecados.
Las enseñanzas de Jesús guían nuestra vida y nos llevan a la felicidad duradera. Su sacrificio nos permite encontrar sentido en la vida y alcanzar nuestro potencial. Gracias Jesús por tu amor y sacrificio, perdóname. Perdóname Virgen María porque por mi sufriste mucho viendo a tu hijo morir en la Cruz. Perdonar a este pobre pecador que quiere hacer las cosas bien y no ofenderte.
Estamos a la puertas de la Navidad, el momento para todo Cristiano más feliz, ya que conmemoramos el nacimiento de nuestro señor Jesús.
No perdamos esa alegría, no nos dejemos llevar por este mundo material que quiere que perdamos la esencia del nacimiento de el hijo de Dios.
Vivamos con intensidad y alegría estos días, teniendo a Dios siempre presente.
Sagrado corazón de Jesús en ti confío.
María madre de gracia, madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y amparamos ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amen.

