
«Hilario Camacho un pedazo de artista con mala suerte, que tuvo el don de la belleza y de la melancolía en su voz clara, también en su autenticidad»
No era el clásico cantautor reaccionario o revolucionario al uso, ni tampoco un ídolo pop, era simplemente él, un personaje entrañable desde sus tiempos más golfos en la universidad por aquellos años 60. Su vida fue un camino de espinas, con grupo, sin grupo, o solo con su guitarra, el escenario era su territorio.
Fue un músico prolífico, transgresor muy reconocido entre sus colegas que cambió las claves de la canción de autor en una trayectoria artística en la que destacaba su modernidad y coherencia. Tenía una voz aguda, de terciopelo, bien modulada, con una entonación perfecta. Un 16 de agosto de 2006 un brevísimo apunte en el Telediario anunciaba su muerte, las vacaciones ayudaron a que la noticia pasara de largo sin más. Tenía sólo 58 años, se apoderó de mí un sentimiento de dolor y rabia por el silencio informativo, nunca fue reconocido como merecía.
Qué pena tan grande y que injusticia, que todo su material esté prácticamente descatalogado, que ninguna emisora ponga ya sus canciones. Hilario Camacho un pedazo de artista con mala suerte, que tuvo el don de la belleza y de la melancolía en su voz clara, también en su autenticidad.

