
«Stonehenge, un lugar mágico y misterioso en el que se unen el mundo terrenal y el Más Allá y el mundo real y simbólico»
Cuando escuchamos hablar de Stonehenge, pensamos en un círculo de piedras situado en una gran llanura de hierba en Inglaterra. Se trata de la estructura megalítica más famosa en todo el mundo, el más imponente Cromlech que se haya conocido nunca y aunque no se tienen muchos datos acera de él, constituye uno de los sitios arqueológicos más fascinantes en el mundo, Stonehenge.
La palabra henge se refiere a una estructura arquitectónica prehistórica de forma ovalada y stone significa piedra en inglés por lo que el nombre es bastante intuitivo. La impresionante construcción y el extraordinario esfuerzo humano que tuvo que realizarse para colocar las inmensas piedras, nos sugiere que indudablemente respondía a un fin especial y la interpretación aceptada y reconocida por la mayoría de los historiadores es que era un lugar alineado con los movimientos solares en el que se realizaban rituales.
Situado en el condado de Wiltshire cerca de la ciudad de Salisbury, al sur de Inglaterra, fue construido en varias fases en el periodo neolítico entre 3000-2300 a. C, con piedras en vertical (menhires) de gran tamaño y peso, formando círculos y unidas por piedras horizontales con poco espacio entre ellos.

En el espacio central se abre un espacio donde se ubicaría un altar. El conjunto está rodeado por una zanja. Se llega al conjunto por una vía ceremonial conocida como la Avenida por la que se cree que se haría el desfile para las celebraciones.
Ya el escritor griego Diodoro Siculo, menciona el conjunto de Stonehenge en su obra Biblioteca Histórica refiriéndose a él como un lugar más allá de los celtas, (se refiere a la Galia) en una isla no más pequeña que Sicilia situada en el Mar del Norte y a la que denominó Hiperborea, llamada así por el viento del norte o Borea.
En la isla mencionada, se supone Gran Bretaña, sitúa un templo de forma esférica en el que se adoraba al dios Apolo; ésta puede ser la primera mención a Stonehenge de la que hay referencias, aunque no nombrado como tal. Los romanos tuvieron conocimiento de ella desde su primera incursión en Britania con Julio César (100 a. C.-44 a.C) en el año 55 a. C., pero la primera vez que aparece una mención explícita del monumento será en el siglo XII cuando el historiador Henry de Huntingdon (c.1088-c.1157) se refiere a él como una obra imponente de la que no se sabía cómo ni por qué había sido construida.

El primer estudio realizado para analizar el monumento del que hay constancia se llevará a cabo a mediados del siglo XVII por parte de John Aubrey (1626-1697) que realizó varios dibujos del conjunto, incluso con medidas que ayudarían a entender mejor los restos arqueológicos y adjudicarle una función astronómica en cuanto a la posición de las piedras, perfectamente alineadas con los solsticios de verano e invierno, así como la atribución de su construcción a los druidas, grandes sabios de la cultura celta, sacerdotes intermediarios entre el hombre y la divinidad y muy respetados por el pueblo y considerados por muchos como patriarcas bíblicos.
En el siglo XVIII se apuntó que era un lugar de ritos paganos, algo que enfadó a muchos investigadores que defendían la función sagrada del lugar. Stonehenge ha sido a lo largo de los siglos un enclave que ha despertado muchísimo interés en figuras destacadas de la cultura y la ciencia en todo el mundo. Científicos de la talla de Isaac Newton (17643-1727) o John Lubbock (1834-1913) han estudiado el monumento y analizado diferentes aspectos aportando interesantes datos.
Con la posibilidad de la prueba del Carbono 14 y otras como, el láser o la espectrofotometría XRF se ha avanzado y aportado interesante información para continuar en una investigación siempre abierta, aunque complicada.
El hallazgo de Waun Maxn en Gales, donde aparecieron restos de otro círculo de piedra también alineado hacia el sol y la luna y realizado con los mismos materiales de construcción, ha sido una conclusión interesante ya que se ha considerado como precedente de Stonehenge.

Sin embargo, al contrario que en el círculo de Salisbury, quedan pocos restos de piedras, algunas enterradas; se consideró en su momento que el conjunto fue desmantelado para trasladarlo a lo que es hoy Stonehenge, algo que resulta difícil de creer debido a las dimensiones y el peso de las piedras, lo que presentaría gran dificultad, sin embargo, es una teoría que ha cobrado vida y que no ha sido obviada por los investigadores.
Las piedras que componen el conjunto de Stonehenge se conocen como las piedras sarsen, procedentes de West Woods, a veinticinco kilómetros del conjunto megalítico y las conocidas como bluestone ( de casi dos toneladas de peso) que procedían de una zona alejada de la actual ubicación.
En este sentido, en 1136 Gofredo de Mommouth (c.1090-1155), escritor medieval, narra en su obra Historia de los reyes de Britania cómo la historia de las piedras bluestone estaría ligada a la leyenda del rey Arturo. Las piedras de Stonehenge fueron trasladadas desde un lugar muy alejado por aproximadamente quince mil hombres enviados por el Mago Merlín, tras desmantelar el antiguo cerco conocido como La Danza de los Gigantes para construir Stonehenge. Aunque esta historia de un mago puede resultar poco creíble, no hay que olvidar que las piedras mencionadas proceden de una distancia considerable; los historiadores, geólogos y arqueólogos tienen en cuenta toda la información posible.

Son varias las funciones atribuidas al círculo de piedras de Stonehenge y siempre han sido objeto de debate. Por supuesto están ligadas al periodo neolítico en el que se construyó, una sociedad en la que los grupos humanos se asientan, se va abandonando el nomadismo y por tanto se presta atención a los ciclos estacionales, fundamentales para la agricultura, actividad que desarrollan los pueblos que ya comienzan a asentarse en un territorio.
A lo largo de los siglos, muchos han sido los investigadores que han quedado fascinados por los restos prehistóricos, como el arqueólogo Timothy Darvill (1957-2024) que afirmaba que era un calendario en el que cada piedra representaba un día del mes siendo un perfecto instrumento para medir el tiempo; el hecho de estar perfectamente alineados con los solsticios de verano e invierno indica su conexión con la astronomía.
Se cree que los pueblos neolíticos se reunían aquí durante el inicio de ambas estaciones realizando ritos dedicados al sol y a la naturaleza; Stonehenge ha seguido a lo largo de los siglos esta tradición y aún hoy en día multitud de personas se reúnen allí para contemplar los magníficos juegos de luces que el sol muestra sobre las piedras participando en ceremonias que resultan, cuanto menos, sorprendentes.
Por tanto, sobre el fin y la función de su construcción han existido varias hipótesis como el culto a la divinidad en la que se realizarían rituales, la posibilidad de ser un observatorio astronómico por su clara alineación con las posiciones del sol y la luna y por otro lado el carácter sacro del monumento como lugar de enterramiento.

Sin embargo, uno de los descubrimientos más fascinantes que se han realizado sobre este célebre círculo de piedras ha sido revelado por parte de investigadores de la College University de Londres y la de Aberystwyth en un estudio dirigido por Michael Parker Pearson (1957), gran conocedor de la prehistoria británica y apasionado de este yacimiento arqueológico; en él han determinado que Stonehenge representaría la unión de diversos pueblos provenientes de toda la isla que habrían contribuido incluso con piedras locales y de manera simbólica, a la construcción del círculo de piedra; esa contribución es un caso único en toda Inglaterra ya que no ocurre en el resto de los casi novecientos círculos de piedra que existen en toda Gran Bretaña.
En definitiva, un monumento que simboliza la unidad entre los pueblos, los ancestros y la divinidad, entre la cultura, las creencias y la espiritualidad.
Se trataría de una zona en la que diversos grupos se relacionaban y en el que, por los distintos restos de huesos de cerdo encontrados por la zona y en el vecino pueblo de Durrington Walls, podrían haber sido consumidos en grandes banquetes, a modo de los populares festivales que se celebran hoy en día en todo el mundo.
Otra de las funciones atribuidas a este mágico enclave es el de lugar de culto a los muertos, algo que se ha deducido por los enterramientos que, a su vez, muestran la diferente procedencia de los restos humanos que han sido descubiertos, con distintas costumbres de enterramiento y ajuares que muestran diferentes estilos de vida, algo que refuerza la teoría que Stonehenge era algo más que un simple lugar de culto.

En general, Stonehenge se construye atendiendo a nuevas prácticas religiosas en monumentos permanentes, un hecho que está ligado al asentamiento de comunidades humanas en un determinado territorio al que están unidas.
El área donde se sitúa Stonehenge, lo que se conoce como Stonehenge Landscape comprende alrededor de setecientos sitios arqueológicos y unos trescientos túmulos funerarios de época prehistórico, entre estos yacimientos, el mencionado Durrington Walls, el mayor centro neolítico habitado del norte de Europa, el también neolítico Normanton Down Barrows o los círculos de piedra de Avebury, esta última dentro de una gran área arqueológica a cielo abierto.
Como curiosidad nacional en España, Hugo Obermaier (1877-1946) geólogo e historiador especializado en prehistoria consiguió llevar a cao unas excavaciones entre los años 1925 y 1927 en Extremadura, concretamente cerca de la localidad de Peraleda de la Mata (Cáceres). Descubrió un verdadero tesoro: un monumento megalítico, de cuatro mil años de antigüedad y de menor tamaño que el británico, pero igualmente de un gran valor histórico y cultural.
Los habitantes de Peraleda habían oído hablar de este yacimiento al que denominaban “las piedras antiguas”; siempre fue considerado como algo muy valioso, cuya existencia se transmitió de generación en generación. Lo llamaron el Tesoro de Guadalperal. Tras las excavaciones de los años veinte el asunto quedó en el olvido y en los años sesenta del pasado siglo XX fue sumergido bajo las aguas del embalse de Valdecañas. Con la sequía ha salido a la luz, aunque desafortunadamente es una tarea difícil conseguir fondos para la investigación; a pesar de los daños que al estar sumergidas han sufrido las piedras hay alternativas para su estudio, trasladarlo, aislarlo etc… querer es poder. Tarea pendiente.
Stonehenge, un lugar mágico en el que se unen el mundo terrenal y el Más Allá y el mundo real y simbólico. Un lugar icónico, con gran valor histórico y cultural reconocido desde 1986 como patrimonio mundial de la UNESCO que, a pesar de las investigaciones, sigue siendo un misterio y un foco de atracción para gran parte de la humanidad.

