Calle Larios, la más emblemática de Málaga. Por Susana del Pino

Calle Larios, la más emblemática de Málaga.

“Símbolo del urbanismo del siglo XIX, en pleno centro de Málaga y núcleo de la vida social de la ciudad”

    La sociedad contemporánea fue el resultado de las transformaciones que tuvieron lugar desde finales del silo XVIII y durante el siglo XIX.

    La Revolución Francesa trajo consigo la desaparición del Antiguo Régimen y las sucesivas revoluciones que tuvieron lugar ocasionando una gran transformación social y política; en este contexto, los países europeos comienzan la gran aventura colonial expandiendo sus dominios por el mundo con gran competitividad entre las grandes potencias.

    En Inglaterra en el siglo XVIII comienza la Revolución Industrial, uno de los momentos más decisivos en la evolución del mundo que conocemos que trae como consecuencia un profundo cambio a nivel social, económico y político, también en la forma de entender la vida y por supuesto en el arte.

    En cuanto a la arquitectura y más concretamente en el urbanismo de las ciudades, los cambios fueron significativos. Surge la necesidad de nuevas estructuras, una nueva planificación que debido al aumento demográfico en las ciudades hace necesaria esta transformación. Surge el nuevo modelo de urbanismo contemporáneo.

La calle Larios en la primera mitad del siglo XIX

    Los viejos trazados son demolidos para abrir nuevas avenidas, muchas ciudades con calles estrechas, oscuras, sinuosas y a veces sin salida son un foco de infecciones y de insalubridad por lo que en la primera mitad del siglo XIX aparece una nueva mentalidad que va tomando forma y que no logrará soluciones factibles hasta la mitad del siglo XIX, teniendo en cuenta que en España estos cambios se producen siguiendo los pasos de otros países europeos.

    En ciudades españolas se llevarán a cabo interesantes aportaciones urbanísticas que serán un ejemplo en cuanto a planificación. En Barcelona, por ejemplo, el conocido Plan Cerdá, que constituye una extraordinaria solución urbanística en la que equilibra lo rural y lo urbano, algo que personalmente admiro, supone una verdadera innovación que inspiró a otras ciudades a realizar los conocidos ensanches. En otros grandes centros urbanos como Valencia, San Sebastián, Bilbao o Zaragoza se realizarán también transformaciones urbanísticas en mayor o menor medida.

    En definitiva,  todas las ciudades convierten parte de sus núcleos urbanos como consecuencia de las nuevas necesidades y Málaga, a pesar de haber sufrido desafortunadamente desde 1877 la crisis de la filoxera (un parásito que afectó a la vid) que ocasionó graves daños económicos y sociales a la provincia andaluza, también experimentó una importante transformación urbanística gracias a una de las familias más influyentes que tuvo un papel indiscutible en el desarrollo industrial, social y urbano de la Málaga decimonónica: la familia Larios, con posibilidades económicas, buenas ideas, contactos y ambición.

A Don Manuel Domingo Larios

     Ganadero y de origen riojano, fue Pedro Larios el primer miembro que se instaló en la ciudad en busca de nuevas oportunidades y el que consiguió abrir paso a su hijo Martín Larios y Herreros de Tejada (1798-1873) a quien la reina Isabel II (1830-11904) le concedió el marquesado de Larios por su contribución económica a la ciudad de Málaga.

    La familia creó negocios no muy grandes, pero con los que se obtuvieron importantes beneficios, lo que les permitió invertir a mayor escala en la industria azucarera, ya que la tierra proporcionaba buenas condiciones para su cultivo, y la textil, bien asesorados por industriales ingleses y franceses que habían llevado a cabo tras la revolución Industrial.

     A partir de entonces consiguieron hacer una gran fortuna creando nuevos negocios, riqueza, trabajo y contribuyendo por tanto a la mejora de la ciudad.

     Con respecto a la construcción de la famosa calle que lleva el nombre de la influyente familia, eje principal del centro de la ciudad malagueña, desde mediados del siglo XIX se realizaron varios proyectos en los que se planteó la idea de unir la que fuera Plaza Mayor (actualmente Plaza de la Constitución) con el puerto y que a su vez a través de calle Granada llegara a la también emblemática Plaza de la Merced; entre ellos destaca el realizado por el arquitecto Moreno Monroy, el que más se asemeja al que finalmente se llevó a cabo.

UBICACIÓN ORIGINAL DEL MONUMENTO A KARIOS. ALAMEDA PRINCIPAL, MÁLAGA

     Desde la época musulmana, Málaga, como otras muchas ciudades en el sur de España, tenía un entramado de calles estrechas que no dejaban espacios abiertos. Para abrir la nueva vía era necesario expropiar y derrumbar edificios, lo que suponía realizar numerosos trámites administrativos que llevaban tiempo y a su vez un esfuerzo económico.

    Fue el hijo de Martín Manuel Domingo Larios y Larios (1836-1895) quien definitivamente abordó el proyecto y comenzó a realizar todos los trámites y  operaciones necesarias para abrir la nueva gran vía de la ciudad.

    Resuelta la burocracia, el arquitecto santanderino Joaquín de Rucoba (1844-1919) y el malagueño Eduardo Strachan (1856-1899), tío del también arquitecto muy conocido en Málaga Fernando Guerrero Strachan (1879-1930) comienzan el proyecto en 1888 finalizando las obras en 1991.

Construcción de la calle Larios.

    La calle surgió como una iniciativa privada, en realidad era un negocio inmobiliario y en su construcción hay que tener en cuenta por tanto este aspecto financiero ya que el elevado alquiler de las viviendas suponía un importante ingreso ya que serían ocupadas por familias pertenecientes a las clases altas de la sociedad malagueña; además del interés económico no hay que olvidar el deseo de unir a la ciudad el nombre de la familia Larios y el prestigio que le aportaba.

    Con un ancho de dieciséis metros y doce manzanas muy similares, los edificios no superan los veinte metros y todos guardan una perfecta armonía en la construcción; los edificios dan una gran homogeneidad a la calle, elegancia y belleza arquitectónica. Las esquinas de las manzanas son achaflanadas (esquinas cortadas, en este caso redondeadas), lo que abre el espacio que se abre a las calles adyacentes. En definitiva, una calle burguesa y de prestigio.

ARCO PARA INAUGURACIÓN CALLE LARIOS EN MÁLAGA

    Para su inauguración se realizó un gran arco de entrada en la parte sur del que hace años se hizo una réplica para colocar en el mismo lugar como entrada a la calle con motivo de la Feria de Málaga. Se dotó a la vía con farolas, se realizó una red de alcantarillado y aceras de caliza. En este primer proyecto en la parte central se instaló un suelo de madera. La calle ha sufrido varias remodelaciones a lo largo de los años, la última de ellas en 2019. 

    En reconocimiento del promotor del proyecto se acordó realizar una estatua del marqués; se realizó un concurso público en el que fue seleccionado el gran maestro escultor Mariano Benlliure Gil (1862-1947) que realizó en Roma. En el diseño original cuatro figuras femeninas de bronce se situaban en cada esquina de las que tan solo se conserva una en el Museo del Patrimonio Municipal, junto a la antigua Coracha malagueña.

MARIANO BENLLIURE TRABAJANDO EN EL MONUMENTO AL MARQUÉS DE LARIOS EN SU TALLER EN ROMA.

    El conjunto se asienta sobre un pedestal; en la parte más alta se sitúa la figura en bronce de Manuel Domingo Larios y Larios con porte elegante; en la parte inferior, realizada en mármol una bella figura femenina de espaldas que aúpa a un niño presentando un paño de piedra en el que se lee “Málaga agradecida”; es una alegoría a la Caridad, como muestra de gratitud al marqués por los malagueños; en la parte contraria la figura en bronce de un hombre con corona de laurel, pico y azadón, alegoría al Trabajo.

ALEGORÍA A LA CARIDAD

    La famosa escultura malagueña también tiene una historia oscura. Desafortunadamente en los tristes episodios de 1931, con la llegada de la II República, la escultura del marqués fue derribada y arrojada a la dársena del puerto. En su lugar se colocó la figura de la Alegoría del Trabajo, situada anteriormente en la parte inferior.

Alegoría del Trabajo.

    Tras la Guerra Civil la figura fue recuperada y tuvo que ser restaurada debido a que, además de haber sido dañada en la cabeza, se deterioró por el tiempo en el que estuvo sumergida, el propio Benlliure se encargó de la restauración. 

    En 2019 con motivo de la última remodelación de la Alameda Principal y calle Larios, el grupo escultórico se ubicó mirando hacia la vía malacitana por excelencia a pesar de algunas opiniones en contra, entre ellas la de la Fundación Benlliure, que argumentaban que no era la ubicación que se pensó cuando se realizó el monumento.

La calle Larios

    Testigo de paseos con amigos buscando muchachas bonitas en los años cincuenta y de agradables encuentros de amigos,  algo que se convirtió en una costumbre social según nos cuentan nuestros padres, lugar de citas juveniles para los que pasamos nuestra juventud en los ochenta, a muchos nos invade cierta nostalgia recordando los cafés y negocios “de toda la vida” que desafortunadamente han dado paso a nuevos establecimientos que han conseguido que nuestra vía principal haya perdido su esencia, el placer de un cóctel en el Bar Ricardo, un café en el Español, en la emblemática Cosmopolita o la famosa empresa familiar Confecciones Masó… afortunadamente aún podemos saborear el mejor helado de turrón de la ciudad en un establecimiento de los años setenta o contemplar una de las más bonitas boticas de la ciudad.

    Todo cambia, todo evoluciona, es cierto, sin embargo…  ¿por qué nos gusta tanto visitar esas ciudades en las que al pasear por sus calles podríamos decir que tienen “alma”? No es difícil adaptarse a los nuevos tiempos, pero conservar la esencia.

 

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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