Los cátaros: al margen de la Iglesia católica. Por Susana del Pino

Los cátaros: al margen de la Iglesia católica.

 

«Los cátaros forman parte de la historia de Occidente, nuestra historia, la que hay que conocer y admitir, nos guste o no»

    Para entender la aparición del movimiento religioso protagonizado por los cátaros en el siglo XII es necesario retroceder algunos siglos que ayuden a entender la situación que vivió la Iglesia desde siglos atrás.

    Tras la Caída del Imperio Romano y en los siglos sucesivos la Iglesia estableció su primacía sobre los poderes laicos. El papa, también obispo de Roma, estaba sobre todos los demás que ocupaban el mismo cargo eclesiástico. A esto se le llamó la Doctrina de las Dos Espadas que fue explicada por el papa Gelasio I (¿?- 496) en el siglo I al emperador Anastasio I (430-518); la autoridad y responsabilidad de lo sagrado estaba por encima de la autoridad civil.

      Sin embargo, tras la coronación en el año 800 del emperador Carlomagno (748-814), a cuyo cargo se le otorga un origen divino, a los emperadores se les posibilita poder sobre la Iglesia, ello traerá consigo conflictos entre ambos poderes.

    En el siglo IX la situación política en Europa era complicada por las pugnas entre los distintos estados; existía una gran fragmentación, sobre todo en la península itálica, y los monarcas buscan por todos los medios el apoyo del papado para conseguir el poder. Tanto en Italia como en Alemania, los grandes señores ejercían una influencia cada vez mayor sobre las autoridades eclesiásticas, algo que preocupaba a la Iglesia.

    Será en el siglo X cuando comienza con Enrique I el pajarero (c. 876-976) la dinastía otoniana, su hijo Otón I (936-973) le sucedió y supo hacer de Alemania un lugar destacado con una importante vida cultural donde las abadías tendrían una actividad prolífica en cuanto a la realización de manuscritos, libros iluminados etc… Uno de los objetivos de el ambicioso monarca era restablecer el Imperio Carolingio, al que tanto prestigio daría Carlomagno siendo el primer representante del Sacro Imperio Romano Germánico.

    La participación en las cuestiones de la Iglesia por parte de los poderes laicos era cada vez mayor, en cuanto a elección de cargos, influencia en decisiones importantes y privilegios de todo tipo; así, el clero veía como su autoridad y poder disminuía con el tiempo perdiendo así mismo su independencia.

    Las autoridades eclesiásticas empiezan por tanto a plantearse efectuar algunos cambios con el fin de limitar los privilegios que habían adquirido los poderes laicos. Fue el papa León IX (1002-1059) quien comienza este intento de reforma, viendo en la compra – venta de los cargos eclesiásticos uno de los mayores problemas planteados.

El papa Gregorio VII

     En los años siguientes la situación continuaba preocupando y otros papas eran conscientes de ello, pero será con Gregorio VII cuando tendrá lugar lo que se conoce como la Reforma Gregoriana que pretendía acabar ante todo con dos problemas fundamentales que eran los responsables de la pérdida de autoridad del clero: el nicolaísmo, amancebamiento de clérigos y la simonía que se refería a la venta de cargos eclesiásticos; además de otros puntos como la creación de nuevas órdenes monásticas y la unificación de la liturgia.  Los problemas se intensificaron con la subida al trono del Sacro Imperio Romano Germánico de Enrique IV (1050-1106) que se enfrentaría al papa Gregorio. El emperador, que se negaba a abandonar los privilegios otorgados durante años, se alió con una parte del clero e inicia una política en contra de la Iglesia.     

     Todas las nuevas normas establecidas por el papa se recogieron en el documento conocido como Dictatus Papae que realizó el papa y que establecía en un total de veintisiete normas la función del cabeza de la Iglesia, sus competencias y la afirmación de su autoridad.

    Uno de los detonantes de la grave crisis, conocida como la Querella de las Investiduras, entre papado e imperio fue la elección por parte del emperador de un obispo en Milán, elección que no comparte el papa y a la vez pide la abdicación del papa: Ante esto, el pontífice decide excomulgar a Enrique IV, lo que suponía un duro golpe para el emperador que vio como perdía el apoyo de sus súbditos, al no ver con buenos ojos el hecho de la excomunión del monarca, se produce así un duro enfrentamiento civil que llevó a la máxima autoridad imperial a arrepentirse ante el papa, que no hizo nada por frenar la sublevación.

Los cátaros surgieron de los grupos de clérigos descontentos.

    En 1122 culmina este conflicto con el Concordato de Worms (Alemania) en el que se concluye que será la autoridad eclesiástica la que desde entonces tendrá la potestad de elegir a los obispos, teniendo el emperador tan solo un papel de mero observador y supervisor para que se lleve a cabo correctamente en el proceso.

    Toda esta situación originó el descontento de una parte del clero que defendía una Iglesia que siguiera el modelo de los Evangelios, siguiendo un único camino que continuara con la doctrina de Jesús. De estos grupos de clérigos descontentos surgieron los cátaros, cuyo nombre proviene del griego, Katharós, y significa puro, quienes radicalmente criticaron al papado y a la jerarquía eclesiástica en contra de su concepción de ser ellos lo únicos con el poder otorgado por Jesús para salvar a los hombres; esta oposición los llevó a ser acusado de herejes. Se llamaban a sí mismo cristianos, creían en la reencarnación y se dedicaban a trabajos manuales.

Tolousse. Los cátaros o albigenses

    Existieron varios focos en Europa, en Alemania, Italia, el sur de Francia y Cataluña, siendo Tolousse o Albi (de ahí que también sean conocidos como albigenses) los focos más importantes. Se instalaron en pequeñas poblaciones bien fortificadas y tenían su propia organización (obispos, perfectos y diáconos) y gozaban de la protección de los señores feudales. No tenían posesiones, llevaban una vida sencilla y no imponían impuestos, su deseo era llevar la vida lo más parecida posible a la de la Iglesia primitiva; tuvieron ciertas influencias de la secta búlgara Bogomils que a su vez recogía conceptos del Maniqueísmo (llamada así por su fundador Manes), religión que engloba diferentes doctrinas, fundada en el siglo III y que admitía la continua lucha entre dos grandes fuerzas creadoras, el bien y el mal.

    Para los cátaros los integrantes de la Iglesia católica eran considerados inmorales, el comportamiento del clero era muy criticado por su lascivia, hipocresía, codicia y egoísmo, además de un gran afán por enriquecerse, poseer tierras y palacios o llevar una vida ostentosa, algo totalmente en contra de lo que debía enseñar la doctrina cristiana.

   Los cátaros creían el un poder superior, Dios, que creó todo lo bueno, lo inalterable y lo indisoluble, y en su adversario, el maligno creador de lo malo, lo cambiante o lo efímero.

La Cruzada Albigensiana

    Evidentemente todas sus críticas hicieron que fueran considerados herejes y perseguidos en la Cruzada Albigensiana (1209-1229) guiada por Simón de Monfort (c. 1165-1218) en la que sus ciudades y pueblos fueron devastadas. Sin embargo, antes de la Cruzada, en 1206, el papa Inocencio III (1161-1216) envió a un grupo de monjes para predicar en las tierras del sur de Francia y poder hacer frente a los grupos de “herejes”. Hubo conversaciones con los obispos cátaros para intentar llegar a cuerdos pero la misión no dio los frutos esperados ya que éstos rechazaron cualquier acercamiento a la Iglesia católica, a la que llamaban la Iglesia del Demonio” y la compararon con la perdida y deleznable Babilonia, por otra parte expresaron su oposición a la celebración de la Santa Misa al no haber sido establecida por Jesús.

Ciento cuarenta personas murieron quemadas.

    En 1208, el asesinato de Pedro de Castelnau (1170-1208) tras debatir con los cátaros hizo que el papa Inocencio III incitara a un enfrentamiento contra ellos, este hecho se conoce como la herejía del Languedoc. Se produjo un ataque en los territorios de los condes de Tolousse y Carcassone para acabar con la herejía. Fue el horror, asedios, juicios y hogueras, aproximadamente ciento cuarenta personas murieron quemadas. Se acabaría con el periodo en el que los cátaros podían vivir en los burgos llevando una vida sencilla y difundiendo sus propias ideas sobre lo que para ellos debía ser la doctrina cristiana.

    Este gran ejército y la Inquisición durante más de un siglo erradicaron estos grupos que causaron problemas a la Iglesia católica. Algo más de la historia de Occidente, nuestra historia, la que hay que conocer y admitir, nos guste o no.

 

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

Artículos recomendados

Deja un comentario