
«Desde hace unos años se ha abierto una especie de discusión, debate o como cada uno quiera llamarlo sobre cuáles son los sexos existentes»
Estas disquisiciones carecen de interés, puesto que, según se desprende de la descripción de los cuerpos humanos, solo hay realmente dos sexos: el femenino (XX) y el masculino (XY). Cualquier otra divagación se queda en eso: divagación, elucubración, probablemente más deseo de que fuera así que realidad.
La definición que hacen los científicos y doctores —la definición aceptada— del fenotipo y del genotipo tiene que estar acotada y separada de las interpretaciones que los cerebros humanos, de unos u otros, puedan hacer para autocalificarse.
Psicológicamente, el tema se puede considerar de manera diferente si es producto del pensamiento individual, pero no en el ámbito de la fisiología. El fenotipo humano se presenta, casi como en cualquier otro mamífero, en dos configuraciones: hembra (XX) o macho (XY).
Hacer ingeniería social, intelectual o de otro tipo con esto es solo querer marear la perdiz, una perdiz que solo tiene dos caras: una representada por el ser portador de óvulos y otra por el portador de espermatozoides. Si tiene óvulos, se trata de una hembra; si tiene espermatozoides, se trata de un macho.
He oído que se han producido intentos de acceder a plazas de titularidad pública, como el cuerpo de bomberos, esgrimiendo un genotipo hembra para no requerir las facultades de un hombre cuando, en realidad, el solicitante tenía genotipo macho. Es decir, se trataba de un genotipo masculino, simplemente porque el afectado se consideraba a sí mismo hembra.
Si esto se admite en exámenes de todo tipo, los hombres, más fuertes en general que las mujeres, se llevarían los puestos en los que la fuerza sea una necesidad. Es evidente que hay mujeres más fuertes que muchos hombres y viceversa, pero esto no puede considerarse en pruebas deportivas porque, por lo general, lo normal es lo contrario.
Si un hombre se presenta para una plaza reservada a mujeres en el cuerpo de bomberos y dice ser mujer, por mucho que se sienta mujer, estaría cometiendo una infracción a las normas de las oposiciones, puesto que las pruebas se realizan por sexos de manera separada. Esto es así precisamente para evitar una competencia desleal entre grupos.
Que haya mujeres más fuertes que sus compañeros es evidente, pero esto no debe provocar la eliminación de plazas de varones por la entrada de mujeres o viceversa. Para ser ecuánimes, las pruebas han de realizarse según el estándar habitual: mujer-hombre, hombre-mujer.
De hecho, buscar este tipo de igualdad —digamos que absurda— no lleva a ningún resultado eficiente ni, probablemente, justo. Las puntuaciones deben otorgarse por grupos independientes de varón y hembra, y cada grupo deberá superar una puntuación mínima, por debajo de la cual lo normal es quedar excluido, tanto en un grupo como en el otro.
Lo que nunca se podrá hacer, porque supondría una discriminación entre individuos, es evaluar a los aspirantes sin tener en cuenta las diferencias fenotípicas y genotípicas. Que los seres humanos somos iguales en derechos y obligaciones es cierto, pero nunca podremos ser iguales en cuanto a características genotípicas y fenotípicas, porque estas, en la práctica, pueden resultar invalidantes para unos frente a otros grupos.
«Vivimos en una sociedad cada vez más absurda, donde, en la búsqueda de igualdad y uniformidad, se cae en astracanadas de lo más primarias»
No sé si ustedes se han dado cuenta, pero vivimos en una sociedad cada vez más absurda, donde, en la búsqueda de igualdad y uniformidad, se cae en astracanadas de lo más primarias, que pueden hacer fracasar cualquier empresa humana.
Las pruebas realizadas por hombres o por mujeres, en igualdad relativa a sus características propias como seres sexuados, deben considerarse la norma equitativa.
Por ello, desde hace unos años se ha abierto una especie de discusión, debate o como cada uno quiera llamarlo sobre cuáles son los sexos existentes. Estas disquisiciones carecen de interés, puesto que, según se desprende de la descripción de los cuerpos humanos, solo hay realmente dos sexos: el femenino (XX) y el masculino (XY). Cualquier otra divagación se queda en eso: divagación, elucubración, probablemente más deseo de que fuera así que realidad.
Luego, independientemente del sexo que se posea biológicamente y socialmente, cada uno es libre de sentirse como su cerebro le dé a entender. Sin embargo, está claro que esta elucubración individual no puede ser la base para la creación de normas y pautas en la sociedad.
Es mi forma de verlo.
