Conversaciones en el andamio. Trump: La esperanza de paz para Ucrania. Por Francisco Gómez Valencia

Trump: La esperanza de paz para Ucrania

«La negociación de Trump con Putin podría no ser perfecta, pero ofrece una esperanza tangible donde antes solo había un horizonte de conflicto continuo»

En un giro inesperado de la política internacional, el presidente Trump ha iniciado conversaciones directas con el ruso Putin al margen de la anodina y gorrona Europa, con el objetivo de negociar el futuro de Ucrania. Este movimiento ofrece por fin luz al final del túnel para un conflicto que ha devastado a Ucrania y ha tensado las relaciones entre Occidente y Rusia desde hace casi tres años.

La guerra en Ucrania ha dejado un saldo trágico de pérdidas humanas, económico y social. Desde su inicio, Bruselas sin mucho éxito ha intentado forzar por un lado una solución diplomática mientras enviaba en muchas ocasiones chatarra militar a regañadientes, siendo España y su Gobierno infame el mayor ejemplo de filibusterismo jamás recordado, aunque la intervención de Trump, conocido por su estilo directo y su enfoque en la negociación, será sin duda el catalizador necesario para poner fin de momento a la guerra. 

Trump ha argumentado que la paz en Ucrania es una prioridad para su administración, sea como sea, y esto se respeta. Su estrategia se basa en un diálogo abierto con el autócrata Putin, aprovechando su relación personal y sus habilidades como negociador para encontrar un terreno común prescindiendo del cómico Zelenski y los burócratas bruselenses que lo han engañado desde el primer día. Y sí, aunque fastidie a los liberales moderaditos y a los socialistas sectarios, la aproximación contrasta con las políticas anteriores que, según Trump, solo han extendido el conflicto sin ofrecer una resolución viable, cosa que a la vista está.

Una de las claves en la negociación es la concesión de territorios. Aunque esta idea es controvertida, Trump ha defendido que ciertas concesiones pueden ser necesarias para asegurar una paz duradera, más aún cuando el americano tiene claro que hacer casito a Europa ahora no es prioritario con el guirigay que tiene con China en el Pacífico. Al reconocer algunas de las realidades sobre el terreno, se podría evitar más derramamiento de sangre y comenzar el proceso de reconstrucción en Ucrania, y ahí los EEUU ven negocio al margen de la UE. Este pragmatismo, aunque difícil de digerir desde la perspectiva dominante en Europa gobernada por peperos y socialistas, se presenta como una salida realista ante una situación que parece no tener fin en manos de los ineficaces al poder que sufrimos en el viejo continente.

Además, Trump ha insinuado que una reducción de tensiones permitiría a Estados Unidos y Rusia cooperar en otros frentes globales, como el control de armas nucleares, la lucha contra el terrorismo, la estabilidad en el Medio Oriente, aunque la realidad es que Groenlandia será parte de EEUU, Taiwán me temo que de China y los territorios anexionados de Ucrania obviamente y ya veremos si también Moldavia y Georgia en un futuro próximo seguramente para Rusia. Esta visión de colaboración podría cambiar drásticamente la dinámica geopolítica actual, ofreciendo beneficios no solo para ambos países, sino para la estabilidad mundial en la que la UE seguirá siendo igualmente dependiente de las tres grandes potencias por su mala cabeza.

La casta bruselense.

La crítica a esta estrategia no se ha hecho esperar, con voces que temen que Trump esté cediendo demasiado a Putin. Sin embargo, los defensores de Trump argumentamos que la negociación no es una rendición, sino un arte en el que ambos lados deben ceder algo para ganar seguridad y paz y solo se es capaz de llegar a esa conclusión analizando el asunto sintiendo un profundo asco por la UE. Además, Trump ha mantenido una postura firme en cuanto a la soberanía de Ucrania, asegurando que cualquier acuerdo debe respetar la integridad del país y añado yo, ¿Acaso alguna vez fue problema de la UE o es que a nuestros gobernantes les gusta ser el perejil de todas las salsas?

… Y Europa con sus tapones…

Al margen de lo dicho hasta ahora es importante recordar que la guerra en Ucrania no es solo un conflicto territorial; es una crisis humanitaria que requiere una solución urgente. La negociación de Trump con Putin podría no ser perfecta, pero ofrece una esperanza tangible donde antes solo había un horizonte de conflicto continuo. Si estas conversaciones pueden llevar a un alto el fuego y eventualmente a un acuerdo de paz, entonces valdrá la pena cada concesión y cada esfuerzo diplomático.

Y por fin para ir terminando, aunque las negociaciones entre Trump y Putin en torno a Ucrania son complejas y llenas de incertidumbre, el mero hecho de que existan es un paso hacia una resolución que ha parecido imposible durante demasiado tiempo. La paz en Ucrania no solo beneficiaría a sus ciudadanos hartos y agotados al verse traicionados por Europa, sino que también podría marcar un nuevo capítulo en las relaciones internacionales donde desgraciadamente Europa y España no pintaremos nada, y de aquí no me bajo. 

Feliz día de San Valentín 

Españazuela a 14 de febrero 

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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