“En España manda el Rey, en la sierra mando yo”
José María Hinojosa, “El Tempranillo”

“El Tempranillo”, mito romántico del bandolerismo.
«El Tempranillo, héroe para algunos, villano para otros, su figura forma parte de ese periodo convulso de la historia de España. Nuestra historia»
Muchos son los testimonios de viajeros románticos que plasmaron en sus Diarios las experiencias vividas en España y ensalzaban la figura del bandolero, especialmente andaluz, por su “tipismo” o peculiaridad única española, al igual que otras muchas costumbres y tradiciones de nuestro país. El escritor francés Prosper Marimée (1803-1870), autor de la famosa novela Carmen, o el británico Richard Ford (1796-1858) son un claro ejemplo de ello, que publicarían crónicas en periódicos y revistas de sus respectivos países despertando gran curiosidad entre sus lectores.
Los ataques de bandas en los caminos no se reducen a una determinada época histórica ni tampoco a una región concreta; este bandidaje, como grupo de delincuentes organizados que asaltan a sus víctimas para obtener un botín, existe desde los inicios en los que el hombre se relaciona socialmente, el mismo pintor Caravaggio fue víctima del ataque de unos asaltantes sufriendo graves consecuencias. Sin embargo, lo que particularmente asociamos al término bandolerismo tiene un carácter típicamente español y se asocia sobre todo al siglo XIX.
Ante cualquier fenómeno social existen ciertos condicionamientos que nos ayudan a entender por qué se ha desarrollado y por qué se da más en algunas regiones que en otras. Normalmente se producen debido al empobrecimiento del mundo rural y son ellos los que ante la injusticia social son llevados por el deseo de ayudar a los desfavorecidos.

En este sentido, cabe mencionar con respecto al tema el personaje de Carlos Moor, protagonista de la obra Los bandidos del escritor alemán Friedrich Schiller (1759-1805), inspirada en la vida real de un célebre bandido, Nikol List (1654-1699) cabecilla de una banda criminal. En la obra de Schiller el protagonista, tras conflictos familiares, huye a la ciudad e inicia una vida licenciosa y no exenta de problemas, para convertirse más adelante en jefe de una banda de forajidos.
El autor presenta a Moor como alguien que no puede hacer nada ante los impulsos del destino y algo le lleva a actuar fuera de la ley, al igual que el personaje de la obra Don Álvaro y la fuerza del sino, del Duque de Rivas (1791-1865) claro exponente del drama romántico en España.
En España, ya desde el siglo XIV se quiso poner remedio a estos delincuentes que causaban terror en los caminos, sin embargo, no tendrá solución hasta siglos más tarde. En los siglos posteriores las continuas guerras que tuvieron lugar en la España de los Austrias ocasionaron graves perjuicios económicos, en este sentido cabe mencionar la aparición de la novela picaresca en el siglo XVI en la que la figura del pícaro, con habilidad, buscaba la manera de aprovecharse del prójimo para poder subsistir cada día debido a su penosa situación económica.

En cuanto a sus campos de actuación en España, Cataluña, Galicia, los Montes de Toledo y sobre todo Andalucía fueron las zonas en las que más ataques se produjeron. En la región andaluza en el siglo XVIII se produce un injusto reparto de tierras que trae como consecuencia una gran diferencia social donde los campesinos viven en situaciones precarias y con jornales muy pequeños que llevarán a una realidad social muy complicada en la que el inconformismo y las protestas se irán acrecentando.
Los factores socioeconómicos y la inestabilidad política serán por tanto determinantes para entender por qué se produjo este aumento de bandas en las que se integraban campesinos, desertores del ejército o jornaleros.
A lo largo del siglo XIX se produjo una proliferación de estas bandas, quizá motivada por los grupos de guerrilleros que se habían formado en la guerra contra los franceses, actuando muy organizados, actuando por sorpresa, pero de manera muy eficaz; a este hecho hay que añadir además el descontento de las clases más desfavorecidas por la precaria situación económica que, si ya era complicada tras la invasión francesa, aún lo será más tras las Guerras Carlistas. En esta situación, agravada también por el descontento político surge el mito de la figura del bandolero.
Un personaje que se toma la justicia por su mano, y se convierte en benefactor de los más pobres, con los que en ocasiones comparte el botín; un bandido que está de parte de las clases oprimidas y en contra del sistema establecido, que no funciona y permite las injusticias sociales que llevan a la población a pasar hambre. El Robin Hood español, que …»roba a los ricos para dar a los pobres…» . Eran bandidos, pero lo hacían por una causa, movidos por un buen propósito, no por instinto. Así se ven ellos a sí mismos y así los ven aquellos que los defienden.

La figura del bandolero ha sido protagonista de escenas románticas en la pintura del siglo XIX, así como ha inspirado obras literarias y más avanzado el siglo XX, el cine y la televisión ensalzando la figura de ese mito decimonónico.
En Andalucía, Sevilla, Granada, el sur de la provincia de Córdoba y Málaga, sobre todo en la serranía de Ronda fueron las zonas donde más llevaron a cabo sus asaltos, teniendo en cuenta que buscaban terrenos abruptos donde discurrían caminos y en los que la orografía les permitía esconderse tras las rocas para conseguir un ataque por sorpresa y así asegurarse el éxito. Conocían bien el terreno, sus operaciones estaban perfectamente planificadas y los grupos bien organizados.
El bandolerismo constituía un verdadero problema de seguridad pública que el propio gobierno no encontraba solución para zanjarlo. Tanto el ejército como las milicias nacionales no estaban preparadas para solventar esta situación; esto constituyó un factor importante para la creación, más adelante, de la Guardia Civil (1844). Era necesario un cuerpo policial que vigilara los caminos rurales y garantizara la seguridad de los viajeros y ayudara finalmente a acabar con las bandas de asalto organizadas. Finalmente se logró erradicar el problema en gran medida a finales del siglo XIX, aunque fue Francisco Ríos, El Pernales, el último bandolero español que murió en 1934.

La mayor parte de ellos eran conocidos por sus apodos como el Pernales, El Garibaldino, el Tragabuches, el Bizco de El Borge o el Tempranillo, siendo este último el más popular de todos
José María Hinojosa Corbacho (1800-1833), El Tempranillo, nació en una aldea cercana a Jauja (Córdoba), pueblo donde fue criado por una familia adoptiva. El motivo por el que llegó a ser bandolero tiene su origen el día en el que acudió a una romería cerca de su pueblo en la que estuvo bailando con una muchacha, lo que provocó los celos de un pretendiente. Pronto los dos hombres se enfrentaron llegando a producirse una tremenda pelea en la que José María acuchilló a su contrincante y le mató.
Ante estos hechos, tuvo que huir ya que de no haberlo hecho hubiera sido juzgado y condenado a la horca, por ello la montaña fue su refugio comenzando así una nueva etapa en su vida. Pronto acabaría cabalgando en tierras gaditanas donde se casó. En esta zona existía un importante negocio de contrabando con Gibraltar en los que el cordobés comenzó a adentrarse durante un tiempo; esta conexión le sirvió de mucho para sus futuras acciones como bandolero.

Hombre de fuerte carácter y don de mando, crearía una cuadrilla, en realidad con tres grupos distintos, con hombres fieles a él que le acompañarían en los años de más intensa actividad (1826-1832). Actuaban sobre todo en la zona del sur de Córdoba, Málaga y Sevilla y se convirtieron en una auténtica pesadilla para los viajeros y los terratenientes, ya que también asaltaban cortijos amenazando a los propietarios, robando sus pertenencias y huyendo tras dejarlos libres.
José María Hinojosa se acercaba políticamente a las ideas liberales y se planteaba su apoyo a la operación planeada por éstos contra el absolutismo y que se pensaba iniciar desde Gibraltar, este hecho unido a la popularidad que como personaje había adquirido entre las clases más desfavorecidas y la presión de la nobleza para que se le concediera el indulto tras los continuos ataques a los que se veían sometidos, presionaron al rey Fernando VII (1784-1833) a contemplar dicha posibilidad para José María y su partida.
Se gestionó el indulto, según las memorias de otro bandolero, Juan Caballero, ya que en los documentos oficiales en los archivos fueron arrancados del libro correspondiente. Los bandidos deponen las armas y se firma el documento para otorgarles dicha gracia.
Casi todos los integrantes de las cuadrillas al mando del famoso bandolero dejaron de cometer actos delictivos, se acogieron al indulto y pasaron de ser perseguidos a trabajar para la justicia e ir tras los bandidos, sin embargo, uno de ellos, el Barberillo, fiel compañero de José María en sus andanzas prefirió seguir actuando fuera de la ley y continuó delinquiendo.

Mausoleo en memoria del bandolero. El 23 de septiembre de 1833, con gran interés en apresarlo, José María y sus hombres, enterados de que el Barberillo se encontraba en el Cortijo de Buena Vista en la provincia de Málaga, acudieron a capturarlo, pero le habían preparado una emboscada y el mismo ex compañero de fechorías lo mató de un disparo. El Tempranillo fue trasladado herido de muerte a la Posada de San Antonio en el cercano pueblo malagueño de Alameda y tras horas de agonía murió.
Fue velado durante dos días y enterrado en el cementerio del pueblo. En el patio de la Iglesia Parroquial de Alameda se encuentra el mausoleo en memoria del bandolero.

Héroe para algunos, villano para otros, su figura forma parte de ese periodo convulso de la historia de España. Un hombre que un día huyó y se apartó de la ley buscando un nuevo camino que el destino ya planeó que acabara a manos de uno de sus cómplices años atrás.
Algo más de historia, peculiar, interesante, parte de lo que somos. Nuestra historia.

