El “Día de Andalucía”, una “paternidad” impuesta y un poco de memoria histórica. Por Antonio de la Torre

El “Día de Andalucía”, una “paternidad” impuesta y un poco de memoria histórica.

«Una prueba más de en manos de quienes estamos, una sarta de políticos, cuya ignorancia se ve agigantada aún más por su ceguera ideológica sectaria»

Escribo en la víspera de una de esas consecuencias que nos legó el, a mi juicio, desastroso Estado de las autonomías, muy lejos de la posible buena intención descentralizadora de sus diseñadores, que no debieron valorar bien el cainismo que caracteriza a buena parte del pueblo español cuando se le pone en la tesitura de elegir. Y lo hago recuperando un artículo de 2019, que no necesita mucha actualización. 

Decía entonces que «De vez en cuando, no viene mal un poco de Historia, de la de verdad y no de esa que el nefasto José Luis Rodríguez –si entonces era nefasto, hoy, embajador de Nicolás Maduro y de su sucesor en las cesiones de Waterloo, no hay calificativo– quiso imponer con su sesgada ley de desmemoria histórica y que su clon el doctor Plagiohoy Pedro Antonio Felónez y otras malas yerbas  intentaba “mejorar” con la creación de una “Comisión de la verdad” para rematar la obra de su antecesor –ya rematada con la de Memoria democráticay acabar de una vez con la mayor parte de la Historia real del Siglo XX español que tanto estorba a la izquierda comunista española y, en particular, al Partido Siempre Opuesto a España, los dos grandes derrotados, por cierto, en 1939, por ese franquismo al que quisieran “enterrar” definitivamente, “desenterrando” los restos de Francisco Franco. Curiosa paradoja

Blas Infante profeta

Dicho lo anterior, vamos con un pequeño repaso sobre lo que se celebra este viernes, día 28 de febrero, la fiesta regional conocida como Día de Andalucía, su tendenciosa manipulación y la realidad de los “emblemas” –bandera y personaje– escogidos por los que mandaron en mi tierra durante casi cuarenta años y respaldado con más o menos fervor localista por unos y otros. Esta fiesta –como tantas– fue uno más de los despropósitos del “café para todos” que sólo sirve para complicar el calendario laboral español y dar gusto a los que se la inventaron, derivado de otra “fiesta”, ésta sí que lo fue, la del reparto de competencias que, para contentar a dos regiones y media, mal llamadas “históricas”, se convirtió en la “Jauja” –que me perdonen los habitantes de la pedanía de Lucena (Córdoba)– de los reyezuelos que al rebufo de sus colegas “históricos” fueron acaparando áreas de la Administración Central y creando cuerpos de asesores clientelares para lo que en su mayoría no estaban preparados, pero dejemos esto aquí, que tiempo habrá para volver alguna vez más sobre ello. Tierra por cierto, Jauja, del famoso bandolero, José Mª el Tempranillo, que no sé si no habrá sido fuente de inspiración para esa “Unta” que se hizo endémica en la dictadura socialista de la Andalucía de los ERE –hoy con sus máximos delincuentes en vías de indulto por ese Tribunal “prostitucional” convertido en de Casación del Supremo– y otros desfalcos.  

Como muchos sabrán, esta fiesta tiene su origen en el 28 de Febrero de 1980, fecha en la que, excepto en Almería –y en Jaén (en ambas provincias se “retorció” la ley)–, se “votó” el Referéndum que desembocó en el Estatuto de Andalucía que acabó en autonomía y, años después (2007), en “realidad nacional”, recuperando lo que al parecer ya se decía en el Manifiesto Andalucista de Córdoba de 1919 –que apostaría (sin mucho riesgo) a decir que el 99% de los andaluces desconoce–, y que sustituyó la anterior del 4 de Diciembre, cuando las “masas” andaluzas, en 1977 –que no se diga que el “sentimiento regionalista” no se despertó pronto en mi tierra–, “desbordaron” las calles (un escaso 15% de la población entre las 8 provincias dijeron los más optimistas) “pidiendo” lo que la mayoría no sabía ni qué significaría ni cómo se haría, pero que unos pocos no querían que Andalucía fuera menos que otros y quedara apartada del reparto.  

Decía entonces que hacía «un pequeño inciso para dejar muestra del “enorme interés” de los andaluces en el proceso autonómico. Cuando se votó el Estatuto en 1981 la abstención fue algo superior al 46’5% y, del 53’7% restante, entre el NO (7%), votos nulos y en blanco, sumaron más del 10’6%, es decir, superaron ampliamente a la mitad de andaluces, por lo que el 89’38% de voto afirmativo representaba realmente un 48% raspado del censo. Pero hay más. En la reforma de 2007, el “interés autonómico” tuvo un “crecimiento negativo” –como se dice ahora para edulcorar la realidad–, o sea que se cayó, pues la abstención se fue al 63’72%, y del 36’28% restante que acudió a votar lo refrendó un 87’45%, es decir, poco más del 31’7% del censo. “Casi n’á p’al body”, que diría un castizo.

Blas Infante con turbante

Dejada constancia del “creciente” interés de los andaluces por su autonomía -creo que extrapolable al resto de regiones de España, incluidas las ya citadas “históricas”, si el adoctrinamiento educativo no se hubiera dejado implantar- vamos ahora con el “héroe andaluz” y los símbolos. Como no podía ser menos, tampoco en eso, Andalucía se fabricó al suyo y nos impusieron a don Blas Infante como “Padre de la Patria Andaluza”, cuyo rasgo más destacable, aparte de su oposición de Notario, fue su denodado intento de tomar parte activa en política, algo que no consiguió pese a haber tratado sin éxito de presentarse a las elecciones en 1918 y 1919, lo que sí conseguiría en 1931, primero con el Partido Republicano Revolucionario y después por la coalición Izquierda Republicana Andaluza -el partido de Manuel Azaña– en 1934, aunque no obtuvo escaño ya que, al parecer, no lo votaron ni en su pueblo, como a alguno más, entre 2014 y 2018 –supongo que el avezado lector habrá adivinado que me refiero a la travesía del desierto del VOX de Santiago Abascal, pero eso no toca ahora–, seguramente porque lo conocían bien. Un pueblo, Casares (Málaga), hoy embellecido y blanco como una patena y formando parte de una ruta turística, probablemente con la inyección de fondos públicos de la Junta que lo llevó a los pedestales de la “paternidad” andaluza. Lo siguiente a considerar del citado “héroe” fue su afición por lo islámico, hasta tal punto que en 1924 viajó a Marruecos para visitar en Agmat la tumba del último rey musulmán de Córdoba y Sevilla, Al-Mutamid, al que había dedicado un libro, llevado después al teatro, en cuya mezquita, tras “dar alrededor de su tumba, las siete vueltas preceptivas en sentido opuesto a las agujas del reloj hizo la Shahada, el «testimonio» por el que un musulmán se reconoce como tal en una comunidad de creyentes, adoptando el nombre de Ahmad, que significa, creo, “el que pone en acto lo que estaba en potencia”. Es decir, apostató del Cristianismo y se hizo islamista, de lo que fueron testigos dos andalusíes descendientes de moriscos y nacidos en Marruecos, Omar Dukali y Beni-Al-Ahmar, que le regalaron una chilaba y un puñal bereber, que conservó, y hasta tal punto fue su conversión –pese al desmentido de parte de sus familiares– que a su casa en Coria del Río (Sevilla) la llamó “Dar al Farah”

La Shahadah

Infante, en su fantasía nacionalista, aspiraba a «vivir en andaluz, percibir en andaluz, ser en andaluz y escribir en andaluz»algo parecido se dice que quiere implantar en los colegios andaluces el presidente Juanma Moreno (espero que sea una exageración de un medio poco amigo como La Gaceta– y se sumergió en el árabe aunque no escribió mucho en ese idioma pero descubrió que “el lenguaje andaluz tiene sonidos que no podían ser expresados en letras castellanas” y había que acudir al “Alifato” -que el DRAE define como serie de consonantes árabes, conforme a un orden tradicional– cuya influencia obligaba, según él, a “estudiar la conveniencia de reconstruir un alfabeto andaluz” para separarlo del Español, aunque, mientras, era preciso «valernos de los signos alfabéticos de Castilla». Según él “la historia de la región había sido muy mal contada, debido a intereses bastardos que intentaban disimular su realidad nacional” y “en la ‘comprensión del período andalusí’ debía descansar la recuperación de la conciencia andaluza» porque, “Nosotros, no podemos, no queremos, no llegaremos jamás a ser europeos” y “Andalucía fue conquistada por Europa, pero Andalucía nunca será Europa–todo un profeta don Blas de lo que iba a ser la Europa del Siglo XXI–

Y como todo “héroe” nos dejó su legado en forma de bandera, escudo e himno. Los primeros, de inspiración propia, ya habían sido aprobados por la Asamblea de Ronda en 1918 y fueron rescatados por nuestros próceres andaluces. La bandera, de “inocentes colores”, el verde de los Omeyas y el blanco de los Almohades –una prueba más de su afición al Islam-, “Le hemos quitado el negro, como el duelo después de las batallas, y el rojo como el carmín de nuestros sables, y todavía se inquietan” y el escudo, con las columnas de Hércules coronadas por un arco verdiblanco con una figura del dios de la Mitología griega manifiestamente mejorable, ya que en nada se parece a la imagen atlética y varonil que conocemos esa pose entre los dos sumisos leones que lo acompañan. Por otra parte, nos legó la letra del himno, que ensalza la bandera y cuya música está inspirada en un canto religioso, El Santo Dios, del maestro José del Castillo, lo que no deja de ser una contradicción con el espíritu del letrista.

Pero digo yo, ¿no hubiera sido más entendible y desde luego lógico desde el punto de vista occidental y cristiano, haber adoptado como Padre de la Patria Andaluza al Rey Fernando III el Santo, que liberó gran parte de nuestra tierra -Jaén, Córdoba y Sevilla- de la dominación musulmana? ¡Ah, claro!, que se trataba precisamente de lo contrario, enaltecer cualquier cosa y personaje que nada tuviera que ver con las raíces judeocristianas de España de las que el relativismo de la izquierda reniega y quiere hacer desaparecer ¿En qué estaría yo pensando?»

Hasta aquí el artículo de 2019 que recupero y añado algo que me llegó hace tiempo sin que sepa su autor, pero que hago mío porque lo comparto: “Los socialistas, al ser oficialmente laicos, se ven obligados a prescindir de las divinidades. Pero conscientes del poder que los ídolos tienen aún entre la gente sencilla, en Andalucía no han tardado en crear uno, aún a costa de ocultar aspectos fundamentales del personaje en cuestión. De este modo, a los andaluces nos han endosado a Blas Infante, guardándose la Junta de Andalucía muy bien de silenciar sus ideas, que de haberse conocido hubieran generado el rechazo mayoritario de quienes vivimos en esta parte de ESPAÑA, sin que por el momento mostremos interés alguno por volver a los reinos de taifas y mucho menos por vivir en un país islamista”. 

Casa Blas Infante

De haber triunfado su ideología, podríamos imaginar a las mujeres andaluzas vestidas con el hiyab, como manda el Corán o al llamado “Padre de la Patria andaluza” haciéndole ascos a los productos de Jabugo. Seguramente estaríamos sin corridas de toros y, por supuesto, Semana Santa, romerías, como la del Rocío o la de la Virgen de la Cabeza de Andújar y, por supuesto, Andalucía, sin catedrales y con más mezquitas de las que ya hay, con minaretes llamándonos a la oración, y los viernes festivos en lugar de los domingos. Y, sin ninguna duda, aplicando la sharía. Una prueba más de en manos de quienes estamos, una sarta de políticos, cuya ignorancia se ve agigantada aún más por su ceguera ideológica sectaria. 

Termino con otras perlas del padre “putativo” andaluz, demostrativas de su conversión y admiración islámica: “La Reconquista no fue tal, sino una conquista movida por la animalidad cristiana”, sin duda, nada que ver con la “dulzura” musulmana.  “La Giralda sevillana está cubierta con el gorro del cautiverio de la pesada cúpula cristiana”. “Sentimos llegada la hora de consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja España. Declarémonos separatistas de este Estado”, que no desmerece a lo que diría el radicalismo nacionalista hoy y, para terminar, “El Profeta de nuestros antepasados, de Al-Andalus… como todos los profetas, será nuestro Profeta, es decir, Mahoma”. Y que cada cual opine.

 

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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