Conversaciones en el andamio: Sobre el expolio intolerable del IRPF. Por Francisco Gómez Valencia

Sobre el expolio intolerable del IRPF.

«Hoy, al abrir el plazo del IRPF, los españoles no solo rellenamos formularios: firmamos un cheque en blanco a un gobierno criminal que nos exprime sin piedad»

Comienza el plazo para presentar la declaración del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) en España, y con él se renueva el calvario anual de un país sometido a una presión fiscal confiscatoria. La política tributaria del gobierno de Sánchez no solo es insostenible, sino que constituye un ataque directo al esfuerzo de los españoles, y hoy toca respaldarlo con datos de organismos independientes que desmontan el relato  sanchista.

Según el Instituto de Estudios Económicos (IEE), en 2023 la presión fiscal en España alcanzó el 38,7% del PIB, un nivel que, aunque el gobierno presume como «inferior a la media europea«, oculta una realidad más cruda: el esfuerzo fiscal —la relación entre impuestos y renta per cápita— supera en un 17,8% la media de la UE. Esto significa que, con salarios más bajos y un PIB per cápita de 32.677 euros (Eurostat, 2024), los españoles soportamos una carga impositiva desproporcionada. El IRPF, buque insignia de esta extorsión, tiene un tipo máximo del 47% (hasta 54% en algunas autonomías), frente al 39,6% de media en la UE, según la OCDE. ¿Resultado? Un trabajador medio destina más del 40% de su sueldo a Hacienda, como señala el Instituto Juan de Mariana: 9.800€ en cotizaciones, 3.800 en IRPF y 1.450 en IVA al año.

El IRPF de los españoles.

La no deflactación del IRPF ante la inflación —que en 2022-2023 promedió un 6%— ha sido un robo silencioso. Fedea calcula que este «efecto progresividad en frío« incrementó la recaudación en 1,25% del PIB solo en 2022, unos 15.000 millones de euros extraídos del bolsillo de los contribuyentes sin ajustar tramos. Mientras, el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), subido a 1.134 euros mensuales en 2025, empieza a tributar, algo que el Tax Foundation califica como «anomalía» entre países desarrollados, donde los mínimos suelen estar exentos. Esto, sumado a cotizaciones sociales que elevan la cuña fiscal al 59,5% para rentas altas (IEE, 2024), convierte a España en un infierno fiscal para trabajadores y empresas.

El Impuesto de Sociedades, con un tipo del 25% frente al 21,3% de la UE (OCDE, 2024), y la imposición patrimonial —un 39,6% más gravosa que la media europea, según el IEE— completan el cuadro. Las pymes, que generan el 72% del empleo, soportan una presión un 30% superior a la UE, según el Tax Competitiveness Index 2024. ¿Y qué recibimos a cambio? Un Estado elefantiásico, con un gasto público que roza el 47% del PIB (Eurostat, 2024), incapaz de ofrecer servicios proporcionales a esta rapiña.

La justicia fiscal de Sánchez.

Sánchez presume de «justicia fiscal«, pero los datos de organismos no alineados con su propaganda —IEE, OCDE, Fedea, Tax Foundation— revelan un expolio que asfixia a la clase media y frena la competitividad. Hoy, al abrir el plazo del IRPF, los españoles no solo rellenamos formularios: firmamos un cheque en blanco a ungobierno criminal que nos exprime sin piedad.

Feliz día de San Ricardo de Wyche.

Españazuela a 3 de abril de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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