
“Te quise ayer y te querré mañana”, así escribió Emilia a Galdós en una de sus últimas cartas…un amor que perdurará eternamente entre líneas.
La historia que unió a dos grandes escritores del prolífico panorama de la literatura española del siglo XIX, fue intensa, ardiente y reflejo de sus espíritus libres, un deseo fogoso y los propios altibajos de las grandes pasiones. Una historia que se manifestó más allá de las barreras sociales de su tiempo.
Emilia Pardo Bazán (1851-1921) sobresalió de manera excepcional en una época en la que el hombre tenía el protagonismo social. Nacida en La Coruña, en el seno de una familia rica y aristocrática, recibió una educación privilegiada y creció en un ambiente culto que le hizo amar la literatura desde pequeña.
Se casó con tan solo dieciséis años y de su matrimonio nacieron tres hijos, sin embargo, esta unión no pudo cohibir su pasión por la literatura ni su carácter indomable y libre. Se separaron de forma discreta tras dieciséis años ante el ultimátum de su esposo en el que le exigió elegir entre la literatura o su matrimonio. Emilia no tuvo dudas ante su vocación y ambición literaria y se marchó a Madrid, ciudad en la que su vida tomaría un rumbo completamente distinto a lo que hasta entonces había vivido.

Políglota y viajera incansable, no solo destacó como novelista, también como ensayista, crítica y con gran interés en el teatro. Creó una revista de pensamiento social y político, Nuevo Teatro Crítico, financiada y escrita por ella, siendo además quien introdujo en España el naturalismo literario, movimiento que representa la realidad de forma objetiva y con detalle, haciendo hincapié en cómo los factores sociales, biológicos y ambientales influyen en el comportamiento humano.
Conocer a Benito Pérez Galdós (1843-1920) fue decisivo en su vida. El escritor, nacido en Canarias se trasladó a la capital para estudiar Derecho, carrera que no le entusiasmaría y que pronto abandonó para dedicarse a su verdadera vocación, escribir. Supo captar como nadie la esencia de la sociedad española, y está considerado como uno de los mejores novelistas españoles, Los Episodios Nacionales, en los que narra la historia de España durante el siglo XIX y novelas como Fortunata y Jacinta son prueba de ello.
En cuanto a su vida privada, Galdós llevaba una vida discreta pero intensa; solía pasear por las calles de Madrid para escuchar conversaciones ajenas que después vertía en sus novelas, en las que conseguía plasmar el detalle y la frescura tan características de su obra. Soltero inflexible, sentía una gran atracción por las mujeres, manteniendo numerosos affaires y dos relaciones más duraderas, una de ellas con Lorenza Cobián (1851-1906), con quien tuvo una hija y otra con la actriz Concha Morell (1864-1906), que inspiraría el personaje de su novela Tristana.

Sin embargo, ninguna de ellas marcaría su existencia como la relación que mantuvo con Emilia Pardo Bazán. Su historia comenzó cuando la escritora gallega, tras haber leído la novela La desheredada le escribió una carta elogiando su obra. A partir de entonces comenzó un intercambio epistolar entre dos amantes de la literatura, intercambiando ideas y opiniones, aunque pronto se fue creando una profunda amistad que los llevaría a un amor apasionado. Compartieron en Madrid tertulias literarias, teniendo una visión similar sobre la vida, el arte y otras disciplinas, no así sobre política, cuyas posturas opuestas a la vez que su pertenencia a diferentes clases sociales, los llevaría finalmente a romper su historia de amor.

Su relación llegó a su máxima intensidad entre los años 1888 y 1891; esta pasión quedó escrita en las cartas que se conservan de ella, en las que plasmaba sus deseos ardientes y sin tapujos hacia su admirado y amado Galdós. En una de ellas escribe: “…rabio por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo”, sin duda algo que escandalizaría a la sociedad de la época. Él, más comedido, le respondía con afecto, pero dejando patente la gran complicidad entre ellos. Emilia no tenía reparo alguno en contar algunas anécdotas como la que ocurrió en pleno Paseo de la Castellana de Madrid, donde en uno de sus encuentros íntimos a escondidas perdió una prenda interior, lo que la escritora contaría de forma humorística el hecho de …»haber burlado al mundo necio que prohíbe estas cosas«.
Sin embargo, no faltaron los inconvenientes, como en las grandes historias de amor. Emilia le fue infiel con un empresario en uno de sus viajes a Barcelona. La escritora, con toda franqueza le confesó el escarceo calificándolo como “un error momentáneo de los sentidos”. Esto provocó unos enormes celos en Galdós, cuyo dolor plasmó en las novelas Incógnita y Realidad, respondiéndole ella con su novela Insolación, en la que Pardo Bazán defiende el derecho de la mujer a amar libremente. La reconciliación llegó pronto con encuentros clandestinos y nuevas cartas cargadas de pasión ardiente. De todas maneras, como dos almas libres, también él le fue infiel en alguna ocasión, ya que era muy aficionado a estar en compañía femenina.
En 1888 realizaron un viaje por Europa en el que pudieron dar rienda suelta a sus deseos, lejos del ambiente madrileño. La escritora lo expresó con gran entusiasmo en sus cartas. Sin duda existía entre ellos una conexión especial, cuya historia personal e íntima, bien podría ser el argumento de algunas de sus propias novelas.

Intentaron llevar una relación discreta y de ella pocos sabían, sin embargo, en los años setenta del siglo XX se recopilaron algunas cartas de la escritora en las que se descubrieron las pasiones incontroladas hacia Galdós. En 2013 se consiguieron reunir algunas más que fueron recogidas en la obra Miquiño mío. Cartas a Galdós (Edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández), tan solo se conserva una del autor, el resto de las cartas del novelista no están localizadas, aunque hay algunas hipótesis, como la que afirma que fueron destruidas por Blanca, la hija de Emilia, o más tarde por Carmen Polo en el Pazo de Meirás, adquirido por la escritora gallega en 1893, donde pasaba largas temporadas. Otra conjetura es, según se comenta en Madrid, que aproximadamente, ochenta de ellas pertenecen a un coleccionista privado, algo que intriga e interesa a los investigadores.

Tras poner fin a su relación de amor, su amistad perduró hasta la muerte del escritor en 1920, Emilia tan solo le sobrevivió un año. Su apoyo mutuo fue esencial en sus carreras, su compenetración en el campo intelectual fue perfecta y su historia romántica, testimonio de cómo el amor es poderoso al margen de una sociedad con normas estrictas.
Una relación que influyó en su obra literaria con grandes historias y pasión. El hecho de conocer su historia de amor, incita aún más a conocerla. Dos grandes escritores que demostraron que el amor y la literatura son inseparables.
“Te quise ayer y te querré mañana”, así escribió Emilia a Galdós en una de sus últimas cartas…un amor que perdurará eternamente entre líneas.

