Conversaciones en el andamio: Dulces como el arrope. Por Francisco Gómez Valencia

Dulces como el arrope.

«¡El melonero, ha llegado el melonero, dulces como el arrope, pura ambrosía, canela en rama, seda marinera, pa’mear y no echar gota!»

Desgraciadamente estamos acostumbrados a que desde las filas socialistas, se mienta o distorsione la realidad ajustando el discurso como mejor los venga, con tal de tratar de distraer a la opinión pública. El domingo para más señas, lo vimos con la rueda de prensa sin prensa y la versión surrealista que se marcó el N°1 sobre lo de la OTAN. Otra cosa diferente, es cuando esto mismo lo intentan llevar a cabo frente a gente con dos dedos de frente, analistas curtidos, periodistas de raza o jueces y magistrados independientes, ya que entonces la cosa, le sale regulinchi’.

En estos últimos meses, más o menos desde las famosas jornadas de reflexión que el presidente se tomó por la cara para enfocar su ataque frontal contra la libertad de prensa, y en definitiva contra la libertad de expresión, se ha observado de una forma mucho mas grosera, como en las tertulias de los medios ha aflorado una infantería ligera de indocumentados salpicados en los medios como el ejercito de Pancho Villa, cuya única misión parece que consista simplemente en inmolarse gracias a su peculiar defensa a ultranza, bien parapetada con un argumentario básico basado en el engaño. No solo son tropas prescindibles, también son escudos humanos cuya finalidad solo sirve  para enaltecer al personaje. De hecho están reclutados para promocionar el modelo de país que el líder y su mentor Zapatero, proclaman estar consiguiendo, gracias a una mayoría parlamentaria variopinta, que los permite aseverar sus posicionamientos, amparándose en que representan a la supuesta mayoría social. 

Zapatero

Ya hemos explicado en muchísimas ocasiones a lo largo de los innumerables artículos ofrecidos desde esta plataforma, que repetir machaconamente un mensaje por muy aberrante que pueda resultar, provoca en el subconsciente de las personas o bien un rechazo frontal e insalvable, o por el contrario y debido a la repetición continuada de los beneficios de la falsedad, la dichosa normalización del asunto bien por indiferencia, por desidia, por miedo al que dirán, porque te pagan, porque te toca la china, o por falta de constancia o rectitud moral.

Pues bien, ya sabrán que estamos en el puñetero mes de junio, lo cual sumado al margen de la corrupción que como era de esperar floreció como un champiñón sin remilgos en el PSOE de Sánchez a partir del decimo octavo día, o al falso espíritu antibelicista de los socialistas, los golpistas en general, los racistas de Sabino y sus hijos etarras, o de su cinismo innato en cuanto a la defensa de las calidades democráticas, o de su querencia por las putas, las juergas y las drogas, o su afición por colonizar todas las instituciones públicas o privadas que se pongan a tiro para perpetuarse o cortar el bacalao cuando vienen mal dadas, como dije antes, llegó junio.

En junio no solo empieza la caló, o se paga religiosamente a Hacienda y aparece el denominado estrés por el síndrome prevacacional, es que comienza la turra generalizada que nos dan los de siempre. Servidor, que a estas alturas de la vida ya se considera un ser sintiente de vuelta de casi todo incluido el túnel al mas allá, me veo con fuerzas renovadas un año más para posicionarme en contra del mariconeo.

Ayer el felón se envolvió con la bandera apátrida del poderoso grupo de influencia conocido como LGTBI (y tal y tal), el cual directamente me toca las narices, las gónadas y por aburrimiento hasta un pie. Personalmente no lo respeto, y si algún conocido lo padece directa o indirectamente, pues qué le vamos a hacer, pero a mí que no me venga con cuentos y frases hechas para quitarle importancia a una cuestión antinatural.

Llámenme dinosaurio, retro, o algo peor, que mis anchas espaldas lo soportan todo, como dicen que le sucede al papel, ahora bien, ponerte ayer a hablar del amor libre entre personas del mismo sexo y tralará, celebrando en el acto propagandístico de turno está vez a propósito del vigésimo aniversario de las bondades del matrimonio gay, teniendo a la vez a la parejita hetero del año (de momento hasta que se transforme en trio) formada por Ábalos y Koldo, esperando en el Tribunal Supremo a ver si el juez los emplumaba (nunca mejor dicho) y enviaba a la cárcel, no solo es flipante y singular, es que me resulta hasta de lo más dulce. No me extraña que el cineasta Santiago Segura haya dicho que lleva cuatro años planificando la última de Torrente y está superado por los acontecimientos.

La parejita hetero del año

Así que como homenaje a otro gran gitano que pasaba una vez por semana delante de donde veraneábamos, durante mi adolescencia tardía una vez terminado el curso desde mediados de junio…

¡El melonero, ha llegado el melonero, dulces como el arrope, pura ambrosía, canela en rama, seda marinera, pa’mear y no echar gota, pesados en romana, precisión exacta, nunca robamos, si acaso sin querer porque ‘semos’ mu’ decentes mire usted, y si ‘me’quivoco’, que me parta un rayo, me lleven los demonios y usted, tres a escoger!

Feliz día de San Juan Bautista.

Españazuela a 24 de junio de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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