El retrato pictórico. Por Susana del Pino

Detalle del retrato de Inocencio X. Velázquez

«En el retrato pictórico se produce una interconexión entre el artista y el personaje retratado, para plasmar o quizá transmitir aquello que define al individuo»

 El retrato en la historia de la pintura es una expresión íntima del arte, porque más allá de ser una mera representación visual, es la relación entre artista y modelo, el reflejo de la identidad, las emociones, el estatus social y el contexto histórico al que pertenece.

Como género artístico, su origen se remonta a la Antigüedad, se realizaban con fines religiosos, conmemorativos o funerarios y aunque no eran concebidos con un fin en sí mismo, sentaron las bases para su desarrollo posterior.

Los primeros retratos de los que tenemos constancia datan aproximadamente del 3000 a. C., tanto en pinturas funerarias, esculturas o máscaras funerarias que buscaban el parecido con el difunto para preservar su identidad en el Más Allá, como la famosa máscara de Tutankamón, datada sobre el año 1320 a. C.

Retratos de El Fayum

Los retratos encontrados en Egipto, en las excavaciones de El Fayum (siglos I a. C. -IV d. C) en época romana, muestran rostros muy expresivos, que miran al espectador considerándose como los primeros retratos naturalistas, representando un hito en lo que se estudia como la psicología del retrato. Su descubrimiento supuso un hallazgo sorprendente por el realismo de los personajes retratados, con ojos muy abiertos y miradas penetrantes en algunos casos, teniendo en cuenta el periodo en el que se realizaron. Son aproximadamente novecientos retratos, que se realizaban para colocar sobre las momias en gran parte de Egipto.

En Grecia no fue muy común el retrato pictórico propiamente dicho, quizás algunas representaciones en cerámica de algún personaje pero no se pueden considerar como un retrato en sí, aunque Plinio el Viejo menciona en sus escritos la existencia de un magnífico retrato de Alejandro Magno realizado por el pintor Apeles.

Será en Roma cuando se dará más importancia a este género, sobre todo en escultura, realizando bustos con una idea clara sobre lo que se quería transmitir, el estatus y la autoridad; los frescos también son numerosos, aunque careciendo de esa profundidad psicológica de los mencionados en El Fayum. 

Tras la caída del Imperio, y el auge que fue adquiriendo el cristianismo, el retrato entraría en declive para dar paso a la iconografía religiosa. En los libros iluminados aparecen las representaciones de personas influyentes y donantes (personas que hacían el encargo), apareciendo como personajes dentro de las narraciones bíblicas.

Será a finales del siglo XIV cuando comienzan a surgir retratos más individualizados, dentro del estilo Gótico Internacional que seguía los gustos de familias adineradas, cuya imagen se incluía en las escenas representadas.

Varios son los factores que influyeron en el Renacimiento para que el retrato adquiriera mucha mayor importancia como género pictórico. El humanismo, la importancia que se le otorgó al hombre individualmente, el descubrimiento de la antigüedad clásica y el perfeccionamiento en los materiales y técnicas de pintura fueron determinantes para un avance decisivo.

Ya no eran solamente retratos enmarcados en obras religiosas, ahora se pretendía dar a conocer el éxito personal, la belleza o el estatus social. Los retratos de la pintura flamenca, donde el empleo del óleo se perfeccionó, constituyen un verdadero ejemplo de retrato realista, con una técnica excelente, detalle y minuciosidad. Merece la pena destacar a Rogier  van der Weiden (1400?- 1464) con obras como Retrato de una dama o Jan van Eyck (c. 1390-1441) con Hombre con turbante (se piensa sea quizás su autorretrato), como claros ejemplos del retrato flamenco ejecutados magistralmente.

Retrato de Julio Ii, Rafael di Sanzio

En el siglo XVI, pintores como Leonardo da Vinci (1452-1519) o Hans Holbein (c. 1497-1543) fueron decisivos en su aportación al género del retrato y por otro lado muy influyentes en pintores posteriores. El retrato de Julio II de Rafael de Sanzio (1483-1520) es una magnífica obra que representa al pontífice sentado, hasta entonces algo inusual; por otro lado, el pintor consigue captar el estado de ánimo del papa, sumido en sus pensamientos. Otros retratos del genio italiano como Mona Lisa o La Dama del armiño, sirvieron de modelo e inspiración, por su técnica y expresividad. Otro gran pintor italiano, Tiziano (c. 1490-1576), gran maestro del color, consiguió retratar a sus personajes con majestuosidad.

El retrato de Julio II servirá de inspiración a otros posteriores como el de Inocencio X pintado por Velázquez. Es en este punto, donde quiero detenerme para escribir brevemente sobre esta magnífica obra del genial pintor sevillano.

Julio II e Inocencio X

Hace unos años, en uno de mis viajes a Roma con una excelente amiga, compañera de universidad, pensé darle una sorpresa visitando el magnífico Palacio Doria Pamphili en Roma, con el objeto de ver el magistral retrato del universalmente conocido pintor de Las Meninas.

Recuerdo su expresión al descubrirlo, sin saber que se exponía en ese pequeño espacio donde se exhibe en solitario, un camerino que Filippo Andrea V Doria Pamphilli mandó construir expresamente para aislar a obra del resto de la colección. 

Alguna vez recordamos esa primera impresión. Sin duda, contemplarlo tan cerca es algo extraordinario, que como bien opinó sobre él el historiador francés Hyppolyte Taine (1828-1893) …«una vez visto, es imposible olvidarlo», y es cierto.

Velázquez pintó este cuadro en 1650, durante su segundo viaje a Roma. La influencia clara de Tiziano es evidente; el papa quiso ver algunas obras del pintor antes de hacer el encargo, quedando asombrado por la calidad de las obras y la maestría del artista.

Detalle Retrato Inocencio X. Diego Velázquez

El pontífice aparece sentado, mirando al espectador con una mirada penetrante que no deja indiferente. La pincelada suelta, las texturas y el juego de las tonalidades en rojo, cortinaje rojo en el fondo, sillón rojo y el ropaje del papa, consiguen un efecto poderoso, que muestra el dominio del color y la técnica.

El rostro y la expresión del papa, con una mirada que “habla” y traspasa el cuadro producen indiscutiblemente un impacto en el espectador. Velázquez supo transmitir la fuerza de carácter y la personalidad irascible de Inocencio X, conocida por sus coetáneos, a través de la mirada fría y distante.

Retrato de Inocencio X, Velázquez, 1650

El papa, al contemplar la obra exclamó: Troppo vero!” (Demasiado veraz) quedando verdaderamente satisfecho por el resultado de la obra.

Indiscutiblemente, la genialidad del mejor representante de la pintura barroca en España ya estaba clara en otras muchas obras con una calidad asombrosa, sin embargo, la simplicidad en la composición, pero a la vez, la esencia profunda que transmite el personaje, cumpliendo la finalidad del retrato, hacen de este cuadro una obra maestra, no solo del barroco español, sino de la historia de la pintura.

Su enorme potencia expresiva ha impactado a muchos artistas posteriores quienes han dejado sus propias impresiones sobre la obra, así, Sir Joshua Reynolds lo calificó como “El más excelente cuadro en Roma, o el citado Taine que lo consideró “la obra maestra entre todos los retratos. Y es que la mirada intrigante del pontífice, más de tres siglos después, inquieta todavía al espectador que lo contempla con admiración.

Interpretación de Francis Bacon

El pintor irlandés Francis Bacon (1909-1992), impactado por la obra llegó casi a obsesionarse en cierto modo con ella, realizando más de cuarenta interpretaciones del cuadro. 

Una obra extraordinaria y un placer para los sentidos en el que Velázquez no solo nos mostró la imagen de Inocencio X en un retrato oficial, consiguió llegar dentro, un excepcional retrato psicológico con una magnífica técnica y realizado por un gran Maestro.

Muchacho mordido por un lagarto. Caravaggio

Siguiendo con el breve recorrido por la historia del retrato, el barroco, caracterizado por la teatralidad, proporcionó a este género pictórico una fuerte emotividad y expresividad, en algunos casos exagerada; Caravaggio será un claro exponente de este periodo, como ejemplo de uno de sus retratos, Muchacho mordido por un lagarto. Por otro lado, Frans Hals (1583?  -1666), introdujo una innovación en sus retratos en cuanto a la pincelada y a la espontaneidad en la actitud de los personajes, como en Jóvenes en una taberna o Muchacho con flauta.

El retrato aristocrático por excelencia se relaciona con el pintor Anthony van Dyck (1599-1641) que supo relacionarse muy acertadamente con la nobleza y aristocracia italiana e inglesa; sus retratos elegantes en los que dignifica a cualquier personaje, hicieron que su obra fuera muy demandada en el siglo XVII. 

Madame Récamier.

En el siglo XVIII, con el Rococó los retratos se volvieron idealizados, y en muchos casos los personajes aparecen recargados, con atuendos propios de la época o en espacios suntuosos y refinados. A finales de siglo, el neoclasicismo volvió a la sobriedad y las formas clásicas como se aprecia en los retratos de Jacques Louis David (1748-1825), como Madame Récamier.

Las diversas corrientes que surgieron en el siglo XIX hicieron que se produjera una gran diversidad de estilos en el género retratístico. Por un lado, el romanticismo, caracterizado por una intensa representación de las emociones y el sentir individual transmitido por el artista.

Hombre ante un mar de nubes. Friedrich.

Quizás uno de los retratos, en este caso de espaldas, es El caminante sobre un mar de nubes de Caspar David Friedrich (1774-1840), en el que la melancolía que transmite el personaje, a pesar de no mirar al espectador, muestra el espíritu romántico.

La corriente realista, nos muestra la naturalidad de los personajes en obras como) o en Hombre enloquecido por el miedo, de Gustave Courbet (1819-1877) o El desesperado, (autorretrato del autor) que apuesta por la autenticidad ante la idealización.

Autorretrato Gustave Courbet

Los impresionistas, en su continua búsqueda del color, los efectos de la luz y captar el instante, realizaron bellos retratos como Mujer con sombrilla de Claude Monet (1840-1926) o su magnífico Autorretrato con boina.

En España, cabe destacar, la figura de Federico de Madrazo (1815-1894), gran retratista romántico, que supo plasmar genuinamente la imagen de la alta sociedad decimonónica española.

Condesa de Vilches, Federico de Madrazo

El siglo XX con sus nuevas tendencias, rompe con las convenciones tradicionales, explorando nuevas formas de expresión; fauvismo, cubismo, expresionismo, surrealismo o el arte pop, plasmarán nuevas visiones a la hora de afrontar este género pictórico que desde la antigüedad ha sido elegido por la mayoría de los pintores y aclamado por el público.

En definitiva, el retrato es más que una representación física, ha ido evolucionando siguiendo las tendencias de cada periodo histórico, buscando captar la esencia de la persona, inmortalizándola y capturando su identidad, su personalidad e incluso sus emociones. Se produce una interconexión entre el artista y el personaje retratado, para plasmar un  momento o quizá transmitir aquello que define al individuo.

 

                                                                                            

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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