
«Cuando llega el verano tienden a proliferar los concursos televisivos»
Las parrillas de las distintas cadenas sacan a relucir espacios en los que se pone a prueba la capacidad intelectual de los concursantes. En lo tiempos “prehistóricos”, en los que podíamos ver una sola cadena en blanco y negro, aparecían regularmente espacios televisivos en los que se medían los conocimientos de los participantes sobre un tema específico. Aun recuerdo “Un millón para el mejor” (1968) en el que se descubrieron expertos en diversas materias tales como Rosa Zumárraga, Cesar Pérez de Tudela, “la mamá del millón” o el “alcalde de Belmez”.
Tras este programa aparecieron una serie de ellos, que mantenían la expectación de los espectadores una semana tras otra. De dichos concursos han salido grandes comunicadores que permanecen en las parrillas ahora como conductores de los mismos, o recorren los diversos concursos que van apareciendo con gran éxito. Surge entonces una nueva profesión. La de concursante de la tele; una docena de seudo-profesionales de dichos espacios, que los ganan de calle una vez tras otra.
Todos nosotros hemos participado a lo largo de nuestra etapa escolar en las batallas entre romanos y cartagineses -a fin de ocupar los primeros bancos de la clase- o a una disciplina que sonará a chino para la mayoría de los lectores. La prueba del 9. Claro, es que me refiero a una época en la que teníamos que realizar las operaciones matemáticas a pulso. Sin ningún tipo de calculadora. Los niños de mi generación efectuábamos multiplicaciones y divisiones a una velocidad impresionante. Me avergüenza decirlo, pero mi padre me llevaba a hacer exhibiciones de la prueba del 9 ante sus amigos.
Ahí quedaban nuestros concursos. En la radio andaba Bobby Deglané haciendo preguntas al auditorio con premios de la categoría de una gallina o una entrada para el futbol. En Málaga se premiaban las preguntas contestadas con “un durito de la casa Sobrinos de Félix Sáenz”.
Tengo la opinión que el nivel de lectura y la aplicación de las “cuatro reglas” no se encuentran en su mejor momento. En los concursos en los que no participan los pseudo-profesionales, sino gente que ronda la treintena, se nota un nivel matemático y gramatical bastante deplorable. Te contestan con facilidad los datos que circulan por los medios transmitidos por los influencers. Pero si les preguntas la tabla del ocho o los afluentes del Duero se quedan pasmados. Para terminar de arreglarlo los encontramos con el “Chatgpt” que te da las respuestas y te hace los ejercicios de clase para un “corta y pega”.
Estimo que hay que leer más y escuchar menos. Disfrutar de la riqueza del idioma español y depender menos de los “memes” y del “spanglish”. Esto nos permitirá afrontar con dignidad los conceptos del “pasapalabra” o las operaciones del “cifras y letras”. Me gusta mucho, por lo variado de sus preguntas, el nuevo programa de Telecinco: “agárrate al sillón”. En el mismo se manifiesta la soltura y el desconocimiento del que presumen muchos concursantes. El mejor de ellos se enfrentan un genial Rafa Castaño, mítico ganador de diversos programas, que sigue manifestando su extensa cultura sin aspavientos y de una forma agradable.
Yo seguiré jugando y perdiendo (por mi cuenta) en todos esos concursos. Ojalá se pusiera de moda el de la prueba del 9. Lo ganaba.

