
«Figura de mirada serena y porte elegante, la Dama de Elche es todo un símbolo de la cultura íbera en España y parte de nuestra historia»
El conocido como Misterio de Elche, la representación de un drama medieval que narra la muerte, ascensión y coronación de la Virgen María es un signo de identidad de la ciudad alicantina de Elche. Se representa desde la Edad Media y en ella el pueblo ilicitano participa y se involucra en el Drama, trabajando como actores, modistos, cantantes o tramoyistas preparándose durante todo el año para presentar la obra en la Basílica de Santa María de Elche los días 14 y 15 de agosto coincidiendo con la festividad de la Asunción.
Este acontecimiento y el deseo que mostró en conocerlo, sirvió de excusa al arqueólogo e hispanista francés Pierre Paris (1859-1931) para acudir a Elche enviado por el Museo del Louvre, con la intención de tramitar la compra del último descubrimiento que se había producido en la zona y que había generado gran expectación.

El hallazgo tuvo lugar en 1897 de manera imprevista cuando un joven agricultor, Manuel Campello Esclapez (1879-1965), al que llamaban Manolico, manejando su azada golpeó una superficie dura quedando sorprendido al comprobar que se trataba de la escultura de un busto femenino. Ante la sorpresa, rápidamente todos los trabajadores de la finca acudieron asombrados y a partir de entonces, este hallazgo fue todo un acontecimiento convirtiéndose en un foco de atención que atraería a numerosos estudiosos del arte antiguo. La escultura se halló en la finca situada en La Loma de la Alcudia en Elche, propiedad del doctor Manuel Campello y Antón, aficionado a la arqueología y coleccionista de piezas antiguas que tan solo compartía nombre y apellido con el joven protagonista del descubrimiento.
El arqueólogo francés Paris se percató al verla de la importancia de la pieza y ante tal descubrimiento y a su vez conocedor de la ausencia de leyes en España que regularan la venta de obras de arte, consiguió comprar la pieza tras algunas negociaciones con el propietario de la finca.
La falta de preparación en las instituciones del Estado en estos asuntos y la lentitud a la hora de tramitar los permisos necesarios no posibilitaron llevarla al Museo Arqueológico Nacional, institución con la que familiares de Campello habían intentado gestionar la compra; sin embargo, la ineficacia administrativa y quizás no conocer realmente la relevancia de la pieza, facilitaron la gestión del estudioso francés que consiguió la escultura para el Louvre donde ocuparía un lugar destacado en la exposición que se organizó sobre arte íbero. Fue entonces cuando se conocería como La Dama de Elche.

En la Segunda Guerra Mundial, en 1941, tras la ocupación de París por parte del ejército alemán, Francia devolvió la escultura a España tras las gestiones iniciadas muchos años antes que culminarían en el gobierno de Francisco Franco (1892-1973). El gobierno español decidió hacer un intercambio con el país vecino para evitar futuras controversias con respecto a la posesión de la obra, así, además de algunas obras que serían entregadas al país galo, se renovaría la concesión de la Academia de Francia en Madrid conocida como La Casa de Velázquez. Se expuso en el Museo del Prado hasta 1971, año en el que se trasladó al Museo Arqueológico Nacional donde se expone como la obra más significativa del arte íbero.

Años más tarde, el nuevo dueño de la finca quiso continuar con las excavaciones y la recopilación de datos sobre el descubrimiento de la escultura. Habló con los pocos testigos que podían entonces aportar información y especialmente con su descubridor que le contó detalles que no aparecían en el relato oficial presentado por Pedro Ibarra, tío de la esposa del doctor Campello. El que fuera conocido como Manolico, le contó cómo ocurrieron los hechos y aportaría datos precisos sobre el acontecimiento aquel día en que la Dama vio de nuevo la luz.
El descubrimiento de la Dama de Elche datada entre los siglos V – IV a. C. originó gran interés en el estudio de la cultura prerromana en España. En la década de los noventa del pasado siglo algunos historiadores afirmaron que se trataba de una falsificación, como había ocurrido con otras esculturas encontradas, atribuidas al mismo periodo. Sin embargo, estudios posteriores han afirmado que no hay evidencias de su falsificación basándose en el análisis de algunos pigmentos encontrados en la escultura que aportan datos sobre la datación y además evidencian que cuando se realizó era una figura policromada.
Todo indica que la escultura fue mutilada ya que la Dama presenta en la parte inferior unos golpes, hecho que hace pensar que la figura era de cuerpo entero como la Gran Dama Oferente o una escultura sedente como la Dama de Baza, también del periodo íbero.

En cuanto a la iconografía, la figura aparece con vestido, toga, manto y adornos vistosos que llaman la atención; sus rasgos faciales están bien perfilados con labios finos y ojos rasgados. Su peinado con dos rodetes a ambos lados unidos por un velo nos muestra a la figura en una posición que indica que fue realizada para ser contemplada de frente. En la parte trasera aparece un hueco quizás para depositar las cenizas de algún fallecido o alguna ofrenda. Hay varias hipótesis acerca de a quién representa y no queda claro aún si sería una diosa, una sacerdotisa o simplemente una figura orante; lo que sí demuestra que era importante es que apareció dentro de una hornacina, por lo que se ha barajado la hipótesis de que la Dama estuviera situada en un santuario, pero no existe certeza al estar aislada; si hubiera aparecido en un templo se podría tener una idea más clara sobre cuál era su función por tanto el misterio continúa en torno a ella.

Manuel Campello Esclapez tuvo la oportunidad de volver a ver la escultura en 1959 en el Museo del Prado y dos meses antes de fallecer en Elche, en 1965 donde fue trasladada y expuesta temporalmente. Se le reconoció finalmente la trascendencia de su hallazgo otorgándole la distinción de Caballero de la Real Orden de Alfonso X el Sabio por el descubrimiento. Toda su familia está orgullosa de que protagonizara este hecho que siempre le hizo sentirse feliz.
Figura de mirada serena y porte elegante, la Dama de Elche es todo un símbolo de la cultura íbera en España y parte de nuestra historia.

