
«Pedro Sánchez ha sobrepasado tantos límites, pisoteado tantas líneas rojas, tantas leyes no escritas, que su actual posición es insostenible»
Diez o doce días sin que Sánchez diera señales de vida, sin activar la petición de medios contra incendios a Europa. Ocho meses sin gastar el dinero que Europa destina anualmente a cada país para luchar contra los incendios, a día de hoy se ha gastado una ínfima parte. ¿Dónde está ese dinero? O lo que es aún peor: ¿a qué otro fin se ha dedicado?
Unidades de la UME paradas esperando órdenes para intervenir, ante la desesperación de los vecinos que luchaban contra las llamas a escasos cien metros de los militares, sin entender qué estaba pasando. No son bulos, son las quejas de muchos compatriotas que por enésima vez han comprobado cómo su gobierno les ha vuelto a dejar solos.
¿Otra vez la táctica de la pandemia? ¿Otra vez la inacción como en la comunidad valenciana? ¿Más tacticismo jugando con las personas que estaban perdiéndolo todo? ¿A qué esperaba? ¿Tal vez a que hubiera más muertos para echárselos en cara a la derecha? ¿A quién cojones representa este sinvergüenza?
Quién aterriza en una carretera a distancia considerable del pueblo que ha sido arrasado. Quién no se digna en dar consuelo y ánimo a los que lo han perdido todo, no es un hombre, ni un presidente normal, es un mierda al que no se le debe respeto alguno. No critiquen mi lenguaje, critiquen el comportamiento criminal de un gobierno al que la ciudadanía le dejó de importar al día siguiente de ocupar el poder.
«Pedro Sánchez está incapacitado para presentar un pacto creíble a nadie, que no sea a ETA, al golpismo catalán, al chavismo comunistoide, o al supremacismo vasco»
No se puede hacer seguidismo de una patraña, ni pactos con quienes practican un ecologismo obtuso y criminal. Cuando Sánchez no sabe qué hacer nos habla de pactos ¿También con las derechas? Se puede ser canalla o inútil, ambas cosas a la vez solo están al alcance de este mamarracho.
Permitir que los sicarios del movimiento “ecologista”, a sueldo siempre de gobiernos de izquierdas, hayan perpetrado barbarie tras barbarie pariendo leyes ridículas para que su jefe ideológico las promulgue, lo estamos pagando muy caro. Miles de hectáreas han sido pasto de las llamas, el denominador común los enormes montones de vegetación seca en grandes extensiones antes productivas, y ahora abandonadas. Innumerables concentraciones de ramas muertas, de arbustos resecados por el tiempo y acumulados a los pies de pinos y encinas. Piñas cuya recogida está prohibida por ley. ¿Alguno de estos payasos ha visto cómo estallan cuando las alcanza el fuego?
Ausencia total de cortafuegos en perímetros e interiores de bosques y montes. Falta del más mínimo cuidado, y ausencia total de un plan estatal que obligue a todos a luchar eficazmente contra el fuego. ¿Cuánto tiempo más necesita este miserable para acometerlo? O es que vascos y catalanes no se lo permiten. En cualquier caso, no hará nada.
Los que mejor cuidaron siempre el campo son los hombres que viven y comen de él, los que mejor lo conocen también, les va su vida y el futuro de los que les sucedan, ellos son la mayor y mejor garantía de su supervivencia y cuidado. Les han prohibido retirar las ramas desgajadas, las piñas caídas, la ganadería intensiva, el pastoreo por el monte bajo que siempre se hizo, arrancar árboles muertos, en definitiva, han logrado lo que parecía imposible, corromper y destruir lo que la naturaleza y el hombre del campo han estado cuidando durante miles de años. ¿A esta mierda lo llaman ecologismo? ¿Abandonar su obligación como gobernante es luchar eficazmente contra el cambio climático?
¿Cómo ha sido posible que un grupo de terroristas ambientales, resguardados bajo su falso ecologismo, hayan influido en los distintos gobiernos a favor del caos, y en contra del sentido común? La derecha por cobardía estupidez e inacción, y la izquierda por los votos de los que han propagado el actual desastre.
Estas sabandijas hablan de la España vaciada, las mismas ratas que con sus nefastas políticas han provocado el éxodo de agricultores y ganaderos, como si conocieran por sí mismos, grandísimos marranos, en qué consiste y qué necesita el campo español.
Cuando arde España, no vemos a uno solo de estos activistas como voluntarios para colaborar en la extinción de los incendios. Son tantas las afrentas que han estado haciendo a las gentes del campo, que su sola mención acapararía centenares de páginas. Mejor así, porque si uno solo de esa basura urbanita apareciera por aquellos lares, saldría rebotado de un guantazo, por decirlo de una forma suave.
Estamos rodeados de idiotas, de vagos conceptuales, de niñatos entrados en años, de mantenidos con nuestros impuestos, de pijos progres que viven como auténticos socialistas del engaño, la propaganda y la subvención. Basura que no ha hecho nada por la naturaleza, sino todo lo contrario.
¡Qué bajos hemos caído! Cuántas garrafas de anestesia moral nos han dado a beber estos mierdas que aparentan salvar la naturaleza, apoyados por las mentiras de sus despreciables manipuladores audiovisuales. No conozco nada coherente en su currículo, ni nada presentable en su razón de ser, solo su infecta e incansable verborrea pagada a precio de oro por este gobierno. ¡Qué asco dais figurines! Ni os imagináis el “cariño” que os tienen las personas decentes.
Pedro Sánchez está incapacitado para presentar un pacto creíble a nadie, que no sea a ETA, al golpismo catalán, al chavismo comunistoide, o al supremacismo vasco. Este infecto personaje se asemeja mucho a una puta barata que sin gracia alguna lleva colgados de su tanga, como minúsculos llaveros, no menos de cinco o seis proxenetas, vulgarmente también llamados chulos o explotadores, exactamente igual que sus aliados preferentes con Otegui y Aitor como avanzadilla.
Vuelvo a repetirlo por enésima vez: el bien más preciado que tiene un hombre, en este caso un político, es su palabra, y la palabra de este despreciable embustero es tan inexistente como su presunta dignidad.
Ni sus falsos gestos de pesadumbre por lo ocurrido, ni empatía hacia los damnificados, expulsados a centenares de metros de su fétida presencia para no oír sus lamentos. ¿A este ser llaman presidente? ¿A este cobardón? ¿Es que no es capaz de aguantar el llanto de los que se han quedado en la puta calle? O tal vez es tanto el asco que tiene a los españoles que su solo contacto le repugna.
Me niego a llamar presidente a este personaje, al que hasta sus asesores le tienen que decir como tiene que ser el color de su camisa, el tono lastimero de su asquerosa verborrea, la talla de pantalón que debe ponerse, su impostada pose, sus falsas promesas, su impresentable comportamiento, y su falta de hombría de bien para portarse como un verdadero presidente de España, y no como un farsante corrompido hasta el tuétano.
Pedro Sánchez ha sobrepasado tantos límites, pisoteado tantas líneas rojas, tantas leyes no escritas, que su actual posición es insostenible. Llegará el día en que se presente delante de los españoles con la chorra fuera, para a renglón seguido jactarse de sus buenos modales. Se admiten apuestas.

