
«A lo largo de la historia se han considerado como totémicos diversos árboles que son dignos de recordar»
Ya en la Biblia se nos habla del árbol del Paraíso, aquél que dio pie a la primera equivocación de los seres humanos. Posteriormente, han pasado al reconocimiento popular los olivos donde rezó Jesucristo, la sequoya gigante denominada “General Sherman” -que parece ser el árbol más grande del mundo-, y en España tenemos el “drago milenario” tinerfeño y el árbol de Guernica, entre otros. De Málaga me encanta el denominado “palo borracho”, conocido por el nombre del “barrilito”, del cual recuerdo un ejemplar que estaba cerca de la bocana del muelle malagueño.
La buena noticia de hoy me la transmite la existencia de un “árbol solidario”, el llamado “árbol del milagro”. Se encuentra en la localidad madrileña de Tres Cantos, un municipio que sufrió el pasado 11 de agosto un tremendo incendio forestal, que arrasó gran parte de su territorio.
En medio del desastre permaneció misteriosamente incólume; un hermoso ejemplar bajo cuya sombra, desde siempre, una docena de vacas soportaban el calor aprovechando la sombra de sus ramas. La poda natural, realizada por el pasto del ganado, sirvió como cortafuegos para evitar el incendio de nuestro famoso árbol.
Un claro ejemplo de trabajo en equipo. Te doy sombra y tú me das un espacio libre de broza y de un posible incendio a mí alrededor. ¡Ay! Si los humanos aprendiéramos más de la naturaleza, otro gallo nos cantaría. No nos damos cuenta de que cuanto hagamos por los demás, después revierte de alguna forma en nosotros mismos.
Desde siempre soy un enamorado de los árboles. No hasta el punto de abrazarme a ellos. Pero les agradezco su sombra y su belleza. Poco testimoniamos cuanto nos dan. Se merecen nuestro amor y respeto. El árbol milagroso ha cumplido su misión y ha sido recompensado por la propia naturaleza. Me pregunto: ¿Qué tipo de árbol soy yo?
