
«No debemos olvidar la frase atribuida a Thomas Jefferson: Cuando la tiranía se convierte en ley, la rebelión se convierte en deber»
Vuelvo a lo habitual y vamos con el resumen semanal, con propina, tras unas largas vacaciones por parte de algunos durante un mes de agosto que vino cargado de incendios, retrasos ferroviarios, avalanchas de emigrantes, algún auto judicial y desbarajustes varios y variopintos.
¿Qué podía salir mal en un país en el que la Liga de Fútbol Profesional se quiere llevar una jornada a Miami y las cuatro primeras etapas de la Vuelta a España se celebran en Italia sin pasar por Andalucía? Casi nada ¿verdad? Y tampoco le salió mal –sobre todo barato– el verano al cabecilla de la cuadrilla, que no debió tener bastante con sus 23 días en La Mareta y alargó 3 días sus vacaciones, esta vez en Andorra, seguramente para compensar los tres días alternos (para él) perdidos en visitar algunas de las zonas afectadas por los incendios en el Noroeste de España, desde donde nos dejó su ocurrencia del momento: firmar un pacto de Estado sobre el cambio climático contra la emergencia climática, ¡casi ná! Lo que no se atrevió es a decir cómo iba a luchar contra la Naturaleza, que debió dejar para cuando se firme y a ver qué prepara Producciones Moncloa.
Lo que sería muy interesante es que nos enterásemos del coste vacacional de nuestro presimiente, familia, allegados y amigos varios. Para empezar, sus tres tardías –diez días tardó en la primera– y encapsuladas visitas a las zonas devastadas por los incendios, habrán supuesto no menos de doce viajes de Falcon –dieciocho decía OKdiario incluyendo los de origen y final de estancia–, la mitad en vacío, para recoger al distinguido personaje en “su” palacete y volver a la base de Torrejón.

Otro despilfarro que da idea del valor que esta banda da al dinero público que “no es de nadie”, entre otras cosas porque el señorito de La Mareta podría haber comprimido las tres tardías visitas en dos días seguidos y ahorrar ocho viajes, pero qué más da si paga el sufrido españolito y, además, cómo iba a pasar una noche sin su amada pentaimputada. Decía al respecto La Razón que Pedro Sánchez hizo montar todo un dispositivo en torno a las aguas de La Mareta para aislarse de la gente y poder bucear tranquilo con su mujer, tras haber presidido, telemáticamente, el Comité Estatal de Coordinación contra los incendios. El presimiente sabe que no puede salir a la calle y encontrarse con los españoles sin recibir toda una sarta de “piropos”, por eso viajó encapsulado al Noroeste y ni por esas se libró: “ya podías haber venido antes”, entre otros, de los que tampoco parece que se libró su “santa” madre, por cierto, una de las elegidas para disfrutar del Patrimonio Nacional en Lanzarote. Y tras el paréntesis del consejo de ministros del martes 26, corrió al día siguiente a refugiarse en el hotel de superlujo Sport Hotel Hermitage en el que se dice que clausuró, por su seguridad, claro, una planta completa, cuyo coste también pagaremos todos, porque para los socialistas su dinero es suyo y el nuestro… también.

Decía lo de “descubrir la pólvora” porque nuestro indeseable protagonista parece que no se acordaba de algo que promulgó él el 28 de diciembre –seguro que la fecha pudo tener algo que ver en su olvido– de 2021 y que se llamaba Ley de Seguridad Nacional, desarrollada a través de un Real Decreto que fijaba los riesgos y cómo se tiene que organizar la estrategia de respuesta coordinada con todas las administraciones. Los grandes incendios forestales aparecen como una de las prioridades de acción en las que se debe desplegar el Estado, coordinando a las comunidades autónomas para que la respuesta preventiva –que brilló por su ausencia durante estos años– y reactiva sea la mejor posible. La pregunta de por qué no se puso en marcha lo que estaba previsto tal vez tenga por respuesta que al veraneante volador le interesaba la bronca política o, tampoco sería descartable, que los presidentes autonómicos sean tan incompetentes como él y tampoco se acordaban del decreto o no supieron aplicarlo. El resultado fueron cinco víctimas mortales y más de 300.000 hectáreas calcinadas.
Y otro que descubrió la pólvora fue el presidente asturiano, Adrián Barbón, uno de los tres socialistas que le quedan al sanchismo: “Sabiendo que ahora ya hay ese efecto de que un incendio que nace en una comunidad se puede trasladar a otra, el Gobierno de Asturias quiere abordar con las comunidades autónomas limítrofes a nuestra Comunidad Autónoma, ver (sic) cómo garantizar una respuesta mucho más rápida y eficaz a la hora de cortocircuitar esa situación”. ¡Pero hombre! ¿Cómo no se te ocurrió antes poner puertas cortafuegos al campo, en los límites de tu comunidad? Me cachis… Por cierto, Madrid y Castilla La Mancha sí tienen protocolos de colaboración para poder interactuar en su caso, o sea, que estaba inventado, pero no nos fijamos. Evidentemente, no todos los políticos son igual de “suspicaces” e ineficaces, gracias a Dios.

Y visto lo visto. me viene de nuevo al primer plano la ineficacia del funcionamiento de este sistema autonómico elefantiásico, producto de aquel inocente “café para todos” del desaparecido profesor Manuel Clavero Arévalo (q.e.p.d.). Nunca me gustó el sistema y nunca entendí que el objetivo de descentralizar la gestión, algo en principio plausible, se concretara creando diecisiete estadillos y dos aspirantes con capacidad legislativa y de creación de un infinito número de políticos, asesores y funcionarios, que los hacen insostenibles, en lugar de dejar ambas tareas al Estado, que cedió competencias a mi juicio irrenunciables, entre ellas la Seguridad Nacional, junto a Educación, Sanidad, Justicia o Hacienda, que ahora se quiere dar al socio mantenedor. Y todo –como repito siempre, y no me cansaré de hacerlo– por contentar a “una docena de catalanes, media de vascos y un gallego”, no eran muchos más, que la historia nos había demostrado, la última vez en los todavía no lejanos años 30’s, que eran insaciables.
Tampoco entendí que en 1977-78, tan sólo 38 años después de acabada la guerra civil, nuestros –algunos reputados– padres constitucionales hubieran olvidado sus consecuencias y los duros años de esfuerzo posteriores para llevar a España a ser la 8ª o 9ª potencia industrial, hoy prácticamente desindustrializada. ¿O es que aquellos “padres” pecaron de inocentes y pensaron que la historia no se repetiría, porque los nacionalistas y las izquierdas se habían vuelto buenos? Y como me gusta ser coherente, con esos antecedentes y algunas otras cosas en las que no me voy a extender, yo no vote sí a la Constitución, como el 41% de los españoles con derecho a voto, por cierto, que no votaron, dijeron no o se abstuvieron.
Y ante los acontecimientos que nos desbordaban este verano, de nuevo el PSOE recurre al relato y al manejo de la imagen –en el arte de la agitación y la propaganda, la izquierda ha sido siempre muy superior a la derecha–; el PP trata de ir al dato y de reivindicar el valor del programa, así ofreció cincuenta medidas hace unos días, y VOX se abona, otra vez, a la estrategia del cabreo, lo de elaborar propuestas viables no va con ellos. Abascal y los suyos prefieren castigar, aunque sea de boquilla, y acaban de interponer una denuncia penal a la Junta de Castilla y León, cuyo gobierno, como otros, abandonaron en su día. En teoría, porque no querían acoger a menores extranjeros, aunque la realidad, como buenos populistas que son, creo que es porque le tienen miedo a la responsabilidad de gobierno y prefieren proponer soluciones sencillas a problemas importantes, en la seguridad de que nunca van a tener que verse ante la exigencia de su cumplimiento, porque en la oposición las va mucho mejor. De esa forma mantiene el escaño, que para él representa su objetivo de supervivencia, casi como para Sánchez el de mantenerse en la Moncloa. ¡Se parecen tanto! Decía Jorge Bustos en uno de sus editoriales de COPE que “Es probable que esta denuncia tenga el recorrido que tiene la mayoría de las suyas, el archivo, pero es que eso da igual, porque, en realidad, el objetivo no es sentar a nadie en el banquillo sino hacer un cortafuegos contra el voto útil al PP, que es el verdadero enemigo de VOX, no el sanchismo”.

Y no lo digo yo. Algunos me dicen que tengo inquina con VOX y nada más lejos, los que me conocen bien saben que, en lo fundamental, pienso como la mayoría de sus votantes, aunque mi poca confianza en que el PP satisfaga todo lo que me gustaría no me llevó al extremo de resentimiento que las políticas de Mariano Rajoy llevaron a muchos de ellos, cosa que entiendo. Lo que pasa es que el 98% de los que votan a VOX por ese motivo, el cabreo con el PP, no conocen como yo a su “ejemplar” líder: “Haz lo que yo diga, pero no veas lo que yo haga”. El resto, los que nunca votaron ni siquiera a la Alianza Popular de don Manuel Fraga y los advenedizos de la disuelta en 2019 Plataforma per Cataluña de Josep Anglada, que colonizaron VOX, encontraron ahí su renacer y supervivencia política y mantienen a Abascal porque, sin él como estandarte, se habrían caído en poco tiempo.
Y frente a la batalla del relato, Núñez Feijoo parece tener claro que el gobierno llegó tarde y con menos medios de los necesarios: “No ha puesto todos los medios disponibles, ha habido menos medios aéreos operativos, se tardó cinco días en movilizar la ayuda europea y se han movilizado a cuentagotas las capacidades logísticas del Ejército, excepto la UME, que ha estado desde el primer día y lo agradezco, pero sí otras capacidades logísticas del Ejército”.
El diario El Mundo decía que el gobierno y las comunidades autónomas necesitaron un fin de semana entero y catorce correos para coordinar los envíos de medios y que el grueso de los medios, estatales, autonómicos y europeos, no empezó a llegar al terreno de forma fluida hasta el domingo 17. No obstante, creo que fue un error del PP llevar a cuatro ministros a la comisión en el Senado, que, como era previsible, no sirvió nada más que para comprobar la unidad de réplica del sanchismo, esta vez mejor trabajada por los equipos ministeriales.
La primera en comparecer fue la ministra de defensa Margarita Robles, que ya había adelantado su tarjeta de visita: “Yo he oído muy pocas palabras de agradecimiento a los dirigentes del Partido Popular –probablemente quería decir “por parte de”, porque ese “a” se presta a malentendidos– y por tanto la comparecencia va a poner de manifiesto lo que el Gobierno de España, lo que las Fuerzas Armadas han hecho y también a decir lo que no se ha hecho, porque las comunidades autónomas no han asumido sus obligaciones en muchísimos casos”. Y no se salió del guion, aunque con algún desatino: “No pidieron ayuda hasta el 15 de agosto y reclamaron medios abstractos bastante increíbles. Se pedía más maquinaria pesada, como si no la hubiera, máquinas desbrozadoras, vehículos nodrizas, un número de medios aéreos que en toda la Unión Europea no existía, efectivos para vigilancia activa de los incendios, drones con visión térmica –parece bastante concreto lo que pide ¿no?–…”.

Para colmo pidió que “desde los despachos, no digan a los técnicos lo que tienen que hacer”, precisamente una las 50 propuestas de Feijoo, que Sánchez no quiso ni escuchar. Después lo hicieron la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, el ministro del Interior, Fernando grande –lo puse en minúscula adrede– Marlasca y el casi desaparecido ministro de Agricultura, Luis Planas, otro, como los tres anteriores y alguno más, que ha antepuesto el mantenimiento del cargo al prestigio profesional con el que llegaba. No merece la pena recoger nada de lo que dijeron.
En definitiva, hemos vuelto a ver desde el desgobierno que la polarización y descalificación del contrario se impone a la gestión y que en la España de la división que inició Zapatero, no supo cortar Rajoy y está rematando el resiliente Sánchez muchos españoles tenemos la sensación de vivir en una especie de Estado ausente o intermitente y asimétrico, que parece, pero que no está.
Lo cierto es que salvo que la Justicia, española y europea, no fuercen lo contrario, el doctor Plagio cum Fraude del “si necesitan ayuda, que la pidan”, que ahora parece que completa con “pero no tanta”, no se irá motu proprio de su sillón pese a lo que respondía Felipe González en Onda Cero a la pregunta, ¿Cuánto tiempo de vida política le queda a Pedro Sánchez?: “Ya no tiene vida política. ¿Cuánto le queda? ¿Cuánto tiempo va a estar encerrado en La Moncloa el presidente del Gobierno?…, ¿Cuánto tiempo le queda de poder? Ninguno, no tiene ningún poder, todo el poder lo tienen los Bilduetarras, lo tiene Puigdemont… Es la leche”. O como decía un portavoz de la Moncloa: “Mira, si creen que Pedro se va a rendir tan fácilmente, que van a lograr demoler el sanchismo, están muy equivocados”. ‘Cederá lo que tenga que ceder, le faltó decir, pero antes muerto que dimisionario’. Lo dicho, los jueces tienen la última palabra y ojalá no tarden mucho porque Sánchez está completando con creces aquello que dijo Alfonso Guerra: “Cuando nos vayamos, no va a conocer España ni la madre que la parió”.
Esperemos que se vaya pronto y que el PP, a la tercera, haga con Núñez Feijoo lo que no hicieron sus antecesores, fuera de lo económico y las relaciones exteriores, y, como dijo lo cumpla: “Me comprometo a limpiar el buen nombre de la política que ha manchado el Gobierno de Pedro Sánchez en nuestro país. No es verdad que todos los políticos son iguales, no es verdad que todos los políticos sean corruptos, no es verdad que todos los políticos sean Sánchez. España no es este gobierno y le volveremos a entregar España a los españoles, insisto. Lo haremos con valores y con reformas”, que completaba hoy con una propuesta contundente que está estudiando los servicios jurídicos: “Que dos prórrogas de los presupuestos obliguen a la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones”.
Y aunque no he visto la entrevista que se había preparado en su RTVE, Radio Televisión Espantosa, para autohomenajearse en este comienzo de curso, de la que he oído algunas cosas en otros medios pero no he analizado , no me resisto a dejar un pequeño comentario sobre algunas imágenes que sí pude ver. Me sorprendió la imagen de un Fray Perico demacrado y envejecido, con una corbata que me pareció un guiño a su socio en la sombra, VOX, que luego me confirmaba la portada de La Razón de este martes, que destacaba como primer titular: “Moncloa trabaja en un plan para ganar tiempo y beneficiar a VOX frente al PP”. Blanco y en botella. Lo completa un segundo titular que dice que “Feijoo ve recuperable el voto de VOX y endurece su discurso migratorio”.
De la flotilla de ultraizquierdistas Global Sumud, que partió el domingo de Barcelona hacia Gaza como protesta al asedio israelí, con 22 barcos y más de 300 personas a bordo, entre ellas Susan Sarandon, Greta Thunberg y Ada Colau, y que tuvo que volver a puerto a las pocas horas por el mal tiempo, hablaremos cuando llegue, si llega, o algún dron despistado lo impide. Mientras tanto, me quedo con esta frase atribuida a Thomas Jefferson: «Cuando la tiranía se convierte en ley, la rebelión se convierte en deber».

