“El segmento de plata”: El día del mayor. Por Manuel Montes Cleries

El día del mayor

Esta celebración pretende reconocer la aportación de los mayores al desarrollo humano y económico local y mundial

El 14 de diciembre de 1990 la asamblea general de las Naciones Unidas determinó la celebración del “día del Mayor” el 1 de octubre de cada año.

El concepto “mayores” se pretende disimular con diversos nombres a fin de soslayar lo inevitable. La presencia en tu carnet de identidad de una fecha de nacimiento lo suficientemente lejana, para que cualquier conocido, al veros, os diga aquello de “qué bien estás” y mentalmente añade, “para el taco de años que tienes”.

Otros te denominan como una “persona de edad”. ¿Pero de qué edad? Con 18 años también se es una persona “de edad… de 18 años”.

Más del 20% de la población -cerca de 10 millones de personas- es mayor de 65 años. Lo cual nos da una fuerza y una capacidad de decisión desconocidas y, consiguientemente, desaprovechadas por los mayores. Ignorada e infravalorada por los gobernantes.

Nos encontramos ante una proliferación del edadismo, que nos invita a los mayores a disimular y arrepentirnos de los años. Trasplantes de pelo, operaciones estéticas, recurso a alimentos y medicinas inverosímiles y una constante búsqueda de la “fuente de la eterna juventud”, escondida detrás de una falta de aceptación de lo evidente. Creo que se impone envejecer con dignidad.

Lo cual no quiere decir que el ser mayor signifique que debemos ser tontos y no hacer uso de nuestra fuerza mental y nuestros conocimientos. El mayor, cada vez más, se siente motivado para hacer valer sus derechos y recibir las prestaciones que le corresponden por su edad, sexo y condición.

Por eso me da rabia el observar como desde algunos medios que se autoproclaman “graciosos” se nos califica como borregos de los viajes del Imserso, vigilantes de obras, carne de ambulatorios y practicantes de “pilates” y otras actividades deportivas menores.

Manifiesto sin vergüenza que soy mayor, muy mayor, que estoy físicamente en consonancia con los años vividos y el desgaste natural. Pero me niego a ser clasificado como perteneciente a un segmento de población que no incide en el devenir de los acontecimientos mundiales.

Un 20% de los españoles es mucho. Una cifra capaz de volcar o poner gobiernos y de ser auténticos influyentes en el devenir de la sociedad. Lo malo es que nos quedamos solo en las protestas y en añorar “nuestros tiempos” que no volverán.

Nuestros tiempos son los actuales. Aquellos en los que los “mandamases” nos hacen comulgar con ruedas de molino. Aunque, a veces, la indignación nos hace reclamar fuertemente nuestros derechos.

Para ver la necesidad de mejorar la situación de los mayores, lo podemos observar tan solo con acercarnos a los centros de salud, a las consultas externas de los hospitales o a las esperas en urgencias. Nos encontramos con masas de mayores hacinados durante horas en espera de una atención necesaria en lugares inhóspitos y convertidos únicamente en un número de un tablero digital.

Sigo viendo mayores sentados en los bancos callejeros -en invierno o verano- sin poder acceder a centros de mayores cercanos y acogedores. Sigo viendo autobuses y metros con los asientos reservados ocupados por jóvenes que te miran indolentemente.

Creo que nos hacen falta menos conmemoraciones, más decisiones y respeto. Ahora ni siquiera podemos soñar con el cambio consecuente con la elección de nuevos políticos. Los que hay, se aferran y eternizan en el poder. Este es su único “leit motiv”. Así que “agua y ajo”. Pero manifiesto mi firme protesta. Aunque sirva de poco.

Manuel Montes Cleries

Soy un apasionado del periodismo y de la comunicación en general. Al estar jubilado tengo todo el tiempo del mundo para ponerme a redactar mis experiencias y mis opiniones sobre un mundo del que me considero un espectador interesado. Me siento más cómodo entre las buenas noticias y en las que se refieren al mundo de los mayores que vivo en plenitud. Me gusta hacer hincapié en el campo de los valores, especialmente el de la familia como escuela de aprendizaje. Mi formación académica pasa por el Peritaje y el Profesorado Mercantil, Licenciatura en Comunicación Audiovisial y doctorado en Periodismo. Llevo muchos años en la radio y la televisión locales haciendo programas sobre la solidaridad. Si quieren saber algo más sobre mi persona lo pueden ver en mi página de face-book y en mi blog “Periodista a los sesenta”.

Artículos recomendados

Deja un comentario